A finales de los años 60 la serie televisiva Los Invasores
se pasó bastante tiempo mostrando cómo un ser humano,
David Vincent, se batía en cada capítulo con unos
extraterrestres que habían decidido tomar por asalto
la Tierra, pero en medio del mayor disimulo.
Estos señores andaban, comían, hablaban y se vestían
como personas. La angustia del protagonista era doble. Tenía
que destruir a los marcianos y, contra toda posibilidad, convencer
a los demás que efectivamente estábamos rodeados
de asaltantes intergalácticos disfrazados. Pero, había
unas claves para identificarlos. No les latía el corazón,
no mostraban emociones y, la más visible, tenían
un delator dedo de la mano medio doblado y tieso.
Nadie podía imaginar que ese programa del siglo pasado
serviría de modelo de desarrollo unos 30 años después.
La invasión, según se ve, es el fundamento, la columna
vertebral del Socialismo del Siglo XXI.
En 1992, dos veces trataron de invadir a tiros la sede de
Gobierno. Eso fue para coger impulso. Una vez montados en
el poder comenzaron a ejecutar el plan maestro de invasión
general.
El arrase se llevó por delante todo lo que encontraron
levantado y construido por otros. Poder Legislativo, Poder
Judicial, Poder Ciudadano, Poder Electoral, gobernaciones,
alcaldías, sindicatos, policías, ejércitos,
empresas. Nada quedó a salvo.
El secreto de los invasores es asaltar, tomar y dominar.
Después viene lo fácil. A todo le cambian el nombre
por uno más largo, que haga más bulla. Pero, por
mandato cósmico no construyen nada. Sólo se apoderan
de las cosas por la fuerza a juro, con el respaldo de cualquier
papelito legal o, la mayoría de las veces, con el inapelable
recurso del tumulto y la artillería pesada del dominio
absoluto.
Así, sin pegar un ladrillo ni mover una pala, son dueños
de fincas, parcelas, edificios, plazas, montañas.
Invadieron Pdvsa, objetivo principal para pagar amores .
Han tomado cuanta empresa les ha venido en gana, se han metido
en cuanta hacienda le ha provocado. Siempre con la engañosa
consigna de trasladar el poder al pueblo y eliminar cualquier
vestigio de capitalismo salvaje. Estos invasores del Siglo
XXI, además del excesivo poder, cuentan con una enorme
capacidad para darle forma de obra social a cualquier desmán
realizado en nombre y representación de un pueblo que
no ve nada ni de cerca.
La última invasión es toda una obra maestra de
la engañifa y el cinismo. Invadieron RCTV, se apoderaron
hasta del último cable y, con esa cara de circunstancia
que los caracteriza, exigen felicitaciones y reconocimientos
por tan justiciera acción.
Este rincón del mundo, ya invadido y dominado, se está
convirtiendo, como si faltara algo, en campo de tiro. Es una
vitrina de destrucción.
erojas@eluniversal.com