Corrían los primeros meses del año 1998. Samuel
Winter, empresario peruano de origen judío, se encontraba
en Venezuela buscando posibles socios o compradores para el
Canal 2 del Perú, Frecuencia Latina. Los detalles operativos
y financieros de rigor vinieron en aquella ocasión antecedidos
por una curiosa historia. Los hermanos Winter, Samuel y Mendel,
habían sido accionistas minoritarios del canal hasta
que, a finales del año 1997, el Gobierno había anulado
la propiedad del accionista mayoritario, Baruch Ivcher Bronstein.
Ivcher era un ciudadano israelí, nacionalizado peruano
en 1984. Durante los primeros meses de 1997 Frecuencia Latina,
a través de su programa "Contrapunto", había televisado
diversos reportajes sobre denuncias de situaciones irregulares
en el gobierno de Fujimori. En particular se destacaron los
programas en los cuales se presentó el caso de dos agentes
del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), Mariela
Barreto Riojano y Leonor La Rosa (la primera de ellas torturada
y asesinada); el reportaje que reveló las declaraciones
de impuestos con los ingresos privados de Vladimiro Montesinos,
y el que puso al descubierto los casos de espionaje telefónico
a diversas personalidades, políticos y empresarios por
parte de los servicios de inteligencia.
A partir de la difusión de estas noticias se iniciaron
las medidas de presión por parte del gobierno de Fujimori.
Vinieron primero las investigaciones irregulares por parte
de funcionarios de la Superintendencia Nacional de Administración
Tributaria contra Frecuencia Latina. Siguieron los vuelos
de helicópteros militares sobre las instalaciones de
algunas de sus compañías.
En mayo de 1997 el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas
acusó a Ivcher de utilizar su medio de comunicación
para realizar una campaña con el objetivo de dañar
el prestigio de las Fuerzas Armadas, "desnaturalizando situaciones,
tergiversando hechos y difundiendo comentarios mal-intencionados".
Después de algunas escaramuzas legales, el gobierno de
Fujimori declaró nula la propiedad accionaria de Ivcher
en Frecuencia Latina, sobre las bases de que su naturalización
había sido fraudulenta (ningún extranjero puede
ser dueño de canal de radio o televisión en ese
país).
Cuando viajé al Perú, a principios de 1998, representando
a algunos empresarios venezolanos interesados en el canal,
Ivcher se había refugiado en Israel. Los hermanos Winter
dirigían el canal, que se había tornado menos crítico
y más neutro, por decir lo menos.
Hace tres años volví a Lima. Después de la
caída del gobierno de Fujimori, la nacionalidad peruana
de Ivcher fue reestablecida, así como también las
propiedades de sus activos. Estaba otra vez al frente del
canal. Los hermanos Winter se encontraban en prisión,
habían participado en un lamentable episodio registrado
por los videos de Vladimiro Montesinos. Fueron de los pocos
implicados que se quedaron en Perú para hacerle frente
a la justicia. Todas estas cosas ocurrieron en un período
de apenas cuatro años. Un resultado imposible de predecir
en 1998, cuando Fujimori mantenía el control y el monopolio
de todos los canales, instituciones e instancias de manifestación
pública.
miguel.santos@iesa.edu.ve