MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
Ella, Isabel Cisneros, usaba series de objetos hechos en
cerámica que luego amarraba pacientemente. Él, Vicente
Antonorsi, se valía de la madera para sus creaciones
y también usaba mecates o pabilos.
En apariencia, se trataba de dos trabajos plásticos
distantes pero unidos -cosidos, cabría decir- por la
pasión que sienten ambos por el tejido.
De ese punto de encuentro se dieron cuenta hace ya unos cuantos
años, mientras cosían unas banderas en la Plaza
de los Museos para una manifestación durante el Paro.
Una primera señal les anunció que compartían
un interés particular por el tejido, por el engranage
y por las acumulaciones.
Aunque desde puntos de vista antagónicos: Antonorsi
no puede pensar en algo más estructurado y reticulado
que una tela. Ella, en cambio, ama la flexibilidad que tienen
sus estructuras y prefiere la irregularidad, lo que se mueve.
Ambas visiones se encuentran en esta exposición que
inaugura hoy en la Sala TAC, bajo la curaduría y montaje
de Miguel Miguel: Acumulaciones, diálogos visuales.
La idea, que surgió espontáneamente, dio resultados
que maravillaron a ambos. No sólo porque el diálogo
y el intercambio -de ideas y materiales- fue fluido e interesante
sino porque con la muestra están sentando un precedente
en los modos de producción del arte contemporáneo.
Ambos artistas están satisfechos con la experiencia
que se concretó hace año y medio. Antonorsi ofreció
sus maderas a Cisneros y ella, a su vez, hizo series de objetos
en cerámica que usó Antonorsi. "Equilibrada amalgama",
las califica acertadamente Miguel Miguel.
Ambos sienten que el trabajo del otro los retroalimentó,
al punto de abrir caminos por los que no habían transitado
antes. El uso de materiales diferentes a los habituales fue
un reto al que se enfrentaron juntos. Cisneros usó, además
de su característico gres, madera, semillas de tagua,
conchas de coco, cintas, botones, escamas, cuero y caracoles.
Antonorsi, sin desprenderse de la madera, tuvo su primer contacto
con piezas de gres hechas por Cisneros.
Las tuyas, las mías, las nuestras
En ese intercambio en el que a veces parece no identificarse
la autoría de cada uno hay una exploración individual:
"Ninguno solo en su taller hubiera hecho ninguna de estas
piezas", asegura Cisneros. "Me encantó hacer cosas mías
con materiales de ella", dice Antonorsi.
Hay, además, un homenaje entre ellos. Pero también
imitación y parodia. Antonorsi cuenta que su influencia
más fuerte la tuvo con la ruptura de sus estructuras
geométricas perfectas, de la que Cisneros es devota.
Sin embargo, en esas composiciones aparentemente desordenadas
hay una cuadrícula perfecta que organiza todo.
64 piezas inteligentemente dispuestas evidencian no sólo
las texturas, sino el diálogo visual entre ambos trabajos.