La carrera militar y el periodismo son dos disciplinas profesionales
que requieren de un elevado sentido patriótico y a tal
efecto existe un juramento donde el militar se compromete
ante su bandera a defender la patria aun a costa de su vida
y el periodista también jura buscar y defender algo aun
más preciado, la verdad.
Para llevar a cabo semejante misión no es suficiente
hacer un juramento que son solo palabras, se debe tener muy
claro los principios éticos, morales, familiares y religiosos.
La patria de Bolívar se pierde cuando algunos militares
y periodistas dejan de ser venezolanos y se convierten en
chavistas, botan por la poceta sus principios y abrazan un
sistema de antivalores que solo les puede dar poder y dinero.
Renuncian al ejercicio de su conciencia y se convierten en
eunucos intelectuales al servicio de un lord feudal tropical.
Los periodistas que sufren de este mal, solo sirven para cantar
y festejar las maravillas que salen de la boca del infalible
centauro de Sabaneta.
Lo mismo ocurre con los militares rojitos, que mientras el
régimen les compra juguetes para matar en masa y les
da puestos burocráticos desde donde ejercen el control
social, se hacen los locos con los terroristas de la narcoguerrilla,
la vacuna, los secuestros y el colador en que se han convertido
las fronteras de Venezuela.
Qué vergüenza deben sentir los ciudadanos honorables
miembros de grupos familiares y de amigos de estos nuevos
próceres, verdaderos ejemplos de ese nuevo hombre que
Chávez ha decretado.
Yo solo veo nuevos esbirros que torturan desde el ejercicio
de sus profesiones a una ciudadanía indefensa que tiene
que conformarse con las migajas que sobran del festín
de la corrupción. ¡Será!
seppel@cantv.net