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Balas que paralizan de por vida

Armas de fuego producen 80% de las lesiones medulares en la población joven

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MIRELIS MORALES TOVAR |  DIARIO
sábado 7 de abril de 2007  12:00 AM

MIRELIS MORALES TOVAR

EL UNIVERSAL

Basta una sola bala para quedar parapléjico de por vida. Ni siquiera se requiere que el proyectil atraviese la médula espinal para causar un daño perenne en el herido. Tan sólo la onda expansiva de ese disparo es suficiente para provocar una lesión medular y dejar en silla de ruedas a cualquier persona, independientemente de su edad.

Marco Antonio Zapate lo constató en carne en propia. A la edad de 26 años recibió un disparo en la espalda de manos de un joven que le robo su moto. Aunque la bala no afectó su médula, la onda expansiva del impacto fue suficiente para producirle una parálisis de los miembros inferiores, que afectó motricidad y sensibilidad.

Estos casos se repiten a diario en la capital, como consecuencia del incremento de los hechos de violencia. Basta saber que en el Hospital Domingo Luciani todos los días se reciben un promedio de 16 heridos por armas de fuego. Ello sin contar que durante las temporadas de asueto o después de un fin de semana el número de personas que ingresan al centro hospitalario por arma de fuego puede llegar a 40, según el registro de historias médicas de emergencia.

Los especialistas del Hospital Domingo Luciani no pudieron precisar cuántos de estos heridos por arma de fuego quedan parapléjicos. Sin embargo, se calcula que 8 de cada 10 pacientes que ingresan a los servicios de traumatología de los centros hospitalarios traen impactos de balas, según un estudio del traumatólogo Luis Yavorsky, quien trabajó durante tres años en el hospital de Lídice.

En los centros de rehabilitación también se pueden constatar los efectos de la violencia. David Castro, fisioterapeuta del Centro de Rehabilitación Bolívar y Martí, asegura que 80% de las lesiones medulares actualmente se producen por efecto de armas de fuego. Mientras que el resto de los daños en la médula espinal ocurren como consecuencia de un accidente de tránsito o por una hernia discal.

Los registros de la Fundación Procura también evidencian esa tendencia. Desde 1996, esa organización ha otorgado 332 sillas de ruedas a personas que presentan lesión medular por herida de arma de fuego, frente a 117 por accidentes de tránsito.

Lo cierto de esta realidad es que cada vez son más jóvenes quienes resultan con una lesión medular por herida de arma de fuego. Los especialistas que laboran en el Centro de Rehabilitación Bolívar y Martí aseguran que 90% de los pacientes que atienden con ese diagnóstico son hombres, con edades comprendidas entre 22 a 30 años.

Allí acude el joven Douglas Reyes desde hace unos meses, por una lesión que sufrió en la vértebra 12 y en las ramificaciones de la columna como consecuencia de un disparo que le dieron unos delincuentes en la espalda la noche del 20 de agosto de 2004 con el propósito de robarle. Los médicos que lo atendieron en el Hospital Los Magallanes de Catia le aseguraron que nunca volvería a caminar, que no podría tener hijos y que jamás podría controlar sus esfínteres. En aquel entonces, Douglas sólo tenía 26 años.

En el servicio de rehabilitación del Domingo Luciani la situación no es distinta. Así lo asegura Mileva Escalona, trabajadora social, quien comenta que la mayoría de los pacientes que acuden a tratamiento son hombres con entre 15 y 24 años.

Difícil recuperación A pesar de la frecuencia con que se observan estos casos en los centros de rehabilitación, sus cifras no reflejan la gravedad del problema. Y es que los especialistas comentan que a esos servicios sólo acude la cuarta parte de las personas que le diagnostican lesión medular.

"Actualmente, tenemos nueve pacientes entre lesionados medulares y amputados por heridas de armas de fuego. Ello no representa la totalidad de casos que llegan al Hospital Domingo Luciani (¿) Y el problema es que sólo 70% termina los seis meses de tratamiento", afirmó Marta Rodríguez, terapeuta.

A causa del duelo, pocos pacientes toman conciencia de que la rehabilitación los ayudará a controlar el tronco, a respirar, a mejorar la circulación, a evitar las escaras y a fortalecer sus extremidades superiores.

Otros simplemente no asisten por razones económicas o por las dificultades que supone la movilización. Y cuando lo hacen, muchas veces el daño es irreversible, pues, según lo explicó el fisioterapeuta Jesús Villalba, las contracturas musculares logran deformar sus miembros inferiores.

En cambio, quienes persisten en su tratamiento logran avances significativos para continuar su vida. Y si no que lo diga Douglas, quien a pesar del diagnóstico de los médicos hoy es padre de dos niños. O Fray Delgado, quien desafió los malos pronósticos de los especialistas y en la actualidad ya camina a paso lento.

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