"La producción cultural en Venezuela está en su momento. Pero me preocupa que no sabemos cuánto va a durar eso"
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MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
Desde el cielo, la imagen de Parque Central -captada por Andreína Mujica para la portada- revela lo que sigue en las páginas de la última novela de Gisela Kozak, Latidos de Caracas: la mirada de Sarracena y Andrés de una ciudad que en los años noventa comenzó a deteriorarse, a perderse, a olvidarse.
"Lo importante ahí es la visión de los personajes, en particular Sarracena y Andrés, con respecto a la ciudad", explica la autora. "Los juicios de la ciudad son a través de la mirada de ella que es arquitecta. La relación de ellos con la ciudad es muy estrecha, atraviesan la ciudad permanentemente, en eso no se parece a un caraqueño promedio. Caracas es una ciudad a la que ama pero por la que no puede hacer nada, lo que es el colmo de una arquitecta que hace una maestría en planificación urbana. La ciudad es protagónica pero en el sentido de que es la gran casa, en un sentido ciudadano que los caraqueños, en general, hemos perdido".
Su verbo -el que escribe, el que dice- no tiene miedo. Gisela Kozak Rovero tiene la profundidad de quien conoce las entrañas del lenguaje y usa la ironía sutil y sagaz de los inteligentes. No le tiembla el pulso para narrar desde la ficción y menos para analizar la realidad con frialdad pero con vehemencia. La reciente publicación por Alfaguara de la novela es buena excusa para buscar sus palabras.
Para ella, la creciente oferta editorial demuestra que la gente se mantuvo escribiendo aunque no le publicaran. "La gente tuvo paciencia, hablo por los narradores. Si me hubiera puesto a esperar a que me publicaran los libros, hubiera dejado de escribir hace 10 años". Lo dice porque engavetó sus textos hasta que llegó la hora de ver su esfuerzo en tinta sobre papel.
-¿Qué explica este "boom" editorial?
-Hay varias cosas: la coyuntura política (las editoriales internacionales se interesan en Venezuela); los precios del petróleo, aunque suene muy chocante decirlo. Venezuela siempre ha dependido de la renta petrolera, y eso no sólo no ha cambiado sino que es peor. Y hay algo muy importante: un conjunto de personas que decidimos escribir contra viento y marea y no esperar nada de eso.
-¿Hay más gente interesada en leer?
-Los lectores están tratando de buscar en los libros de literatura venezolana muchas explicaciones que no satisfacen otras fuentes de información. La gente necesita otros terrenos de discusión de la realidad venezolana. Hablo de la gente de un bando y del otro.
-Dentro de esa oferta editorial se notan las diferencias políticas...
-Hay una enorme producción editorial y una cosa muy interesante: se está produciendo algo que sólo pasó al principio de algunas revoluciones, pero esas revoluciones tomaron rápidamente un corte totalitario y censurador, ésta no. Aquí hay un campo cultural en el ámbito de la empresa privada y un campo cultural que funciona alrededor del Estado. Y los intelectuales de un bando no están en el otro. Es una diferenciación que nunca se había producido en Venezuela. Dos ámbitos de producción, circulación, creación y recepción totalmente diferenciados; lo cual no quiere decir que no haya intercambios. Por ejemplo, en estos días me entrevistaron en Radio Nacional. Pero evidentemente sí hay distinciones: una publicación como Todos Adentro sólo reseña los libros de los escritores chavistas. Y hay diarios que no están con el gobierno y no publican a los escritores de Monte Avila.
-¿Se trata de un proceso irreversible?
-Solamente el esfuerzo de críticos, profesores, lectores es el que impide que esa separación sea digna de dos países distintos. Hay gente que lo celebra. Yo no. Me parece un pésimo síntoma de lo que está pasando en Venezuela. Sigo leyendo lo que salga, porque me interesa estar al día en narrativa venezolana. Me importa un bledo si es o no chavista.
-¿Hay exclusión?
-La gente apela por el circuito por el que se siente más inclinada. Pero, ¿cuánto tiempo puede durar el circuito? Tanto como se sostenga la actividad privada en Venezuela. Mientras haya actividad cultural privada, no va a haber exclusión. Si hubiese un endurecimiento de las posiciones en Venezuela, sería distinto. No me han botado de la universidad por mi posición asumida públicamente ni me han dejado de publicar libros.
-Más allá de la cantidad de libros que se editan, ¿Cómo evalúa la producción narrativa?
-La variedad de propuestas de la narrativa venezolana me tiene sorprendida. Hay propuestas de alta complejidad formal, de una búsqueda lingüística sumamente audaz como la de Victoria Di Stefano, y otras como la de Federico Vegas, en Falke, una novela densa pero de más fácil lectura y no por ello de menor calidad. Hay propuestas muy sencillas que están en muy buen momento. Alberto Barrera Tyszka con La Enfermedad. Las propuestas sencillas están ganando terreno dentro de la narrativa. Aquí se está escribiendo en calidad y variedad de una manera impresionante.
Esto es lo que hay -¿Cómo ve inicativas como la de El Perro y la Rana que lanza 300 títulos al año?
-Una política cultural tiene que mantenerse en el tiempo (10, 15 ó 20 años), no puede ser espasmódica. Por lo tanto un número de títulos tan grande, si no tiene pertinencia en el sentido de tener lectores y contexto para ser ubicado, puede ser un gasto muy oneroso que puede no tener continuidad en el tiempo. La mejor iniciativa literaria de este gobierno es la Biblioteca de Autores Venezolanos de Monte Ávila. Tiene sentido y puede tener continuidad. No sé si El Perro y la Rana se esté solapando con la función de Monte Ávila. Pero con la cantidad de títulos se está aplicando el criterio de la II Megaexposición, pues la función de guía que debió tener la institución museística ahí se pierde por el "esto es lo que hay". La política cultural no es para que todos seamos escritores o músicos. Su función es también formar público que aprecie ese talento.
-¿No ha habido formación de esos posibles lectores?
-Me parece que muchos títulos pueden terminar debajo del puente de las Fuerzas Armadas. No es solamente que le des el libro a la gente, eso está bien. Pero la gente tiene que tener la formación para leerlo, el libro tiene que formar parte de su vida. No puedes aplicar al campo cultural, académico o de la ciencia, el mismo criterio que aplicas para la educación preescolar: todo niño debe ir a educación preescolar aunque tenga dificultades de aprendizaje, problemas de retraso, etcétera. Pero la inclusión, en el caso de la literatura, las artes, la universidad, no es simplemente que todos vamos a ser escritores, artistas, músicos o científicos, sino también que todos vamos a disfrutar de los beneficios del arte o la ciencia. Son dos tipos de inclusión distintas. Son criterios socialistoides de inclusión que no tienen nada que ver con la naturaleza de lo literario.
-¿Cómo deben ser los criterios para la literatura?
-Los criterios de inclusión y exclusión en literatura no los puede decidir el Estado, como no los puede decidir la empresa privada. Las grandes transnacionales de la literatura cada vez están apostando más a las propuestas sencillas, y hay algunas buenas y otras malas. Si no equilibras el funcionamiento del campo literario privado, llegará un momento en que todo el mundo tendrá que escribir como Dan Brown, el de El código Da Vinci. Si le dejas el campo literario al mercado o al Estado, y no dejas que sean los propios escritores, lectores, críticos los que manejen ese campo con mayor flexibilidad, vas a tener una literatura muy mala. El problema de las sociedades donde funciona un súper Estado es que éste quiere regular todas las instancias de la vida. Se vive hablando en contra del neoliberalismo y no se habla de lo terrible que puede ser el Estado que le quita poder a los ciudadanos. Parece un eslogan de los años 50: "Déjenos pensar por usted".
-¿Cómo evalúa la gestión cultural?
-Venezuela, desde el punto de vista de la producción y discusión cultural, está viviendo un buen momento. Me preocupa que no sé cuánto puede durar. Una de las cosas más terribles de la sociedad venezolana es lo espasmódica. ¿Cuánto va a durar la oferta cultural que existe en este momento? Pero aparte de eso, me parece increíble que dentro de la gestión cultural no se discuta sobre socialismo del siglo XXI, qué significa eso en el campo cultural. Hay una enorme experiencia de cómo funcionó el socialismo en el campo cultural que no se quiere discutir. Yo, que soy una socialdemócrata radical, veo con preocupación que es un socialismo que poco quiere discutir lo que implicaron los socialismos reales del siglo XX. ¿Por qué no se habla de las experiencias culturales de la Unión Soviética? ¿O de la revolución cultural de China?
-El Gobierno asegura que el poder reside en el pueblo...
-Eso es falso. ¿Dónde está ese poder? Si salgo de la estación Agua Salud, en Catia, y no sé si voy a llegar vivo a mi casa, ¿eso es poder? No se puede andar tranquilo por la ciudad. No me hables de poder popular cuando tengo que hacer una cola inmensa para comprar un paquete de azúcar. Eso no es poder popular. Poder popular es que yo tuviera trabajo y un buen sueldo para comprar azúcar en la esquina. Lo que hay es un estado ultrapaternalista que está intentando llenar lo que supone que son las necesidades del pueblo. Que la gente participa más, eso sí es verdad, pero no me digas que la gente está más empoderada que antes. A menos que empoderamiento sea vestirse con una franela roja.
-Ha dicho: "La V República es a la IV lo que la metástasis al cáncer", ¿sigue pensando así?
-Lo sostengo porque la IV significó la intervención del Estado. En los 90, Carlos Andrés Pérez quiso cambiar esa realidad, entonces el Estado abandonó, en el sentido de salir corriendo, los ámbitos donde antes intervenía. El súper Estado no es un invento de la V República, es un fracaso de la IV que se está volviendo a repetir. Es mentira que el poder está yendo a las manos de la gente: está yendo a las manos del Estado. ¿Por qué las acciones de la Cantv no están en manos de los trabajadores? Por qué dicen que el socialismo es estatismo si eso fue lo que hizo que fracasara el socialismo del siglo XX.
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