"La palabra no es inocente, se ha dividido al país entre buenos y malos, y eso no se resuelve de un día para otro"
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ELVIA GÓMEZ
EL UNIVERSAL
Ana Teresa Torres se disculpa repetidamente por ofrecer una
visión tan poco optimista del país. Premiada y reconocida
en el mundo de la literatura de ficción, no encuentra
en la realidad espacios para la lucha. Cree que lo mejor para
quienes no comparten el régimen político dominante
es refugiarse en sus valores familiares y esperar a que pase
el chaparrón. "Esos son los reductos que las sociedades
utilizan para la construcción de la democracia". Como
psicóloga advierte que el discurso oficial genera dependencia
y hasta infantiliza a la sociedad.
-Usted ocupa un sillón en la Academia Venezolana
de la Lengua ¿Qué puede decir del uso que desde
el poder se hace de la palabra?
-La retórica en la política venezolana siempre
ha abusado de la palabra y de la emocionalidad, pero el extremo
que estamos viviendo ahora es un fenómeno nuevo, lo que
interesa es el discurso y no los logros de las políticas
públicas. La comunicación del líder con el
pueblo es fundamentalmente pasional, de amor-odio. El líder
ama al pueblo y del otro lado están los enemigos. Los
enemigos han variado, pero en general son difusos: el imperialismo,
las elites históricas, económicas, políticas
y profesionales, porque ese concepto de elite incluye la capacitación.
Es una retórica vengativa, reivindicativa que hace ver
a ese "pueblo" como una entidad abstracta. El líder habla
por el pueblo y así los ciudadanos pierden su individualidad.
-¿Qué consecuencias tiene ese discurso?
-La palabra no es inocente, puede ser tan efectiva y tan
violenta como un hecho, porque daña la subjetividad.
Ese discurso está produciendo una emigración de
jóvenes profesionales que no tiene precedentes históricos.
Se repite "bienaventurados los pobres" como si fuese una condición
deseable y todo ese sentimiento de odio, de desconfianza se
dirige hacia los valores de clase media que tienen que ver
con la excelencia, el desarrollo individual, el esfuerzo personal,
el logro a través de la educación.
-Esa es la tesis del ministro Adán Chávez,
la de privilegiar la igualdad de condiciones en lugar de la
igualdad de oportunidades y cuestionar a la educación
como mecanismo de ascenso social.
-En Venezuela surge en los años 60 y 70 una poderosa
clase media gracias a la educación. Hubo una movilidad
social que creo que en pocos países del mundo tuvo lugar.
Es cierto que esos valores mermaron pero fue la educación
la que logró homogeneidad social. Toda esa teoría
sobre el "hombre nuevo" es muy antigua y ya fracasó.
-¿Ese discurso maniqueo nos desmoviliza?,
¿nos impide desarrollarnos?
-Ese discurso de la víctima y el enemigo nos ha fracturado.
Nos divide en dos bandos irreconciliables, así no se
puede construir una sociedad homogénea. Esa tampoco es
una técnica tan extraña, la usó el Nacionalsocialismo
contra los judíos. Es posible que ese discurso produzca
una gran dependencia y pasividad y en cierta forma es un discurso
que infantiliza a las personas en la medida en que la idea
de bienestar no va en función de su esfuerzo y desarrollo
personal sino en función de su fidelidad política.
La parálisis viene dada por una retórica que está
más sostenida en el discurso que en los logros efectivos.
--¿Cómo impacta en la sociedad la exacerbación
del odio en conmemoraciones como la del 27F?
-Es la idea de estimular, de impulsar todo lo que sea la
ruptura del orden. Eso no impacta positivamente, hacerle ver
a las personas que su reivindicación política es
salir a la calle a saquear. Ese no es un discurso democrático,
la posibilidad de rebeldía es la posibilidad de pensar
críticamente, de cambiar un gobierno por una vía
electoral democrática; esto es exaltar el bochinche,
incluso la violencia.
-¿Y qué beneficio obtiene el Gobierno?
-El odio a la democracia. Eso se vincula con la solicitud
de extradición de Carlos Andrés Pérez, hacer
ver que los enemigos del pueblo son los partidos políticos.
-¿Alimentar ese monstruo del odio y el resentimiento
coloca al Gobierno en la posición de un día ser
víctima de lo que ha creado?
-Sí, sí, eso no está descartado. Yo tengo
la impresión de que ese líder amado es también
un líder muy temido en la medida en que lo puede todo.
La gente también piensa: ¿Qué ocurre si
se voltea contra mí ese padre tan poderoso?Ese
líder poderoso me quitará todo lo que me había
dado o no me dará todo lo que me había ofrecido.
-Escuché decir a Germán Carrera Damas
que la monarquía moldeó a la sociedad venezolana
en la obediencia y los gobiernos autoritarios nos disciplinaron
en el temor. ¿Cuál será el daño que con
esos antecedentes tiene el discurso permanente de exacerbación
del rencor?
-Me es difícil ser optimista, se ha producido mucho
daño. La palabra no es inocente, se ha fracturado, se
ha dividido el país entre buenos y malos y ése no
es un problema que se pueda solucionar de un día para
otro. Estamos hablando de un discurso de años, es toda
una generación, niños y adolescentes que han crecido
en este régimen.
-¿Es posible construir ciudadanía en
este marco?
-Es imposible. Jamás el discurso político habla
de ciudadano sino de "pueblo", lo que es usual en las dictaduras
fascistas. El que puede ser democrático es el individuo
y es así como nace en Europa en el siglo XVI esa fuerza
del individuo contra el poder del Estado. Aquí tenemos
un discurso opuesto: borrar la ciudadanía. Lo que hay
son cosas muy aisladas como la familia, ni me atrevo a decir
las instituciones educativas.
-¿No hay rendijas para enfrentar esa tesis?
-Una rendija puede ser la familia. Pero esta idea de eliminar
la excelencia, el mérito, ya se está aplicando en
los colegios, ya no se puede raspar a los niños¿
tal vez ocurra luego en las universidades.
-¿Y las academias? No se ha visto una reacción
pública a pesar de las múltiples materias que abordan.
-Las academias no tienen una función política en
el sentido de vincularse a esta lucha. No creo que eso vaya
a ocurrir.
-¿Qué resortes emocionales pueden tocarse
para que la población reaccione ante las imposiciones
del régimen?
-Eso es muy difícil, eso es como la fe religiosa. Cuando
una persona tiene fe religiosa no se le puede convencer de
lo contrario. Por ejemplo, ese dinero que se le regala a otros
países, la lógica racional diría que las personas
deben estar muy molestas, pero no. Si ellos creen en su líder,
que es bueno y los ama, esos regalos son una muestra de su
generosidad y ellos son parte de esa bondad, eso en la dimensión
subjetiva.
-¿Entonces Hugo Chávez es el Presidente
que se merece Venezuela de acuerdo a su grado de madurez emocional?
-Bueno, los hechos dirían que sí, pero ese discurso
genera cada vez mayor dependencia, mayor temor, mayor necesidad
de culto a la personalidad. Sobre una base anterior el discurso
exalta la fidelidad política y el no tener criterio propio.
El discurso ha empeorado y va a seguir deteriorando ese nivel
de una subjetividad que se entrega en manos de un líder.
--Puede Venezuela llegar a los niveles de Haití,
no de pobreza material, sino de resignación social?
-Yo creo que hacia allá vamos, por eso la emigración
de la clase media, esos son los que no quieren aceptarlo,
gente joven que prefiere pagar ese precio.
-¿Lo que nos queda es atravesar el desierto?
-Claro, pero los tiempos históricos tienen fin, lo que
pasa es que los tiempos de vida también son largos.
-En su discurso de incorporación a la Academia
de la Lengua usted hablaba de que los países felices
no son los que se dedican a pensarse sino a construirse ¿Cómo
hacer cuando a un sector de la sociedad venezolana la única
opción que se le deja es soñar con el país
que quiere?
-Lo que yo veo como factible más allá de ese discurso
político que nos arrastra y que no podemos controlar
y que invade la privacidad -porque estás viendo la TV
y ponen cadena- es lo que ocurrió en países de Europa
del Este, que las personas tienden a replegarse y proteger
esos valores en la intimidad en la medida en que no lo pueden
hacer públicamente. Esos son los reductos que las sociedades
utilizan para la construcción de la democracia.
-Según su opinión lo que nos queda es
aguantar el chaparrón
-Yo no veo en este momento otra posibilidad. No hay ningún
espacio político en el cual la oposición democrática
tenga algún atisbo.
-¿Y en ese contexto cuál es el futuro
del sector cultural?
- También se ha dividido siguiendo esta lógica:
un sector público oficial que mantiene sus proyectos
y tiene muchísimos recursos y el sector privado donde
mantenemos nuestra vida muy intensa. Hay un divorcio casi
perfecto y creo que los intelectuales que no nos hemos identificado
con el Gobierno hemos logrado sostener la vida cultural, buscando
otro tipo de apoyos y alianzas.
egomez@eluniversal.com
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