Richard Lugar, presidente del comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, prepara un proyecto de ley sobre biocombustibles cuya meta es propiciar préstamos y aportes de los bancos de desarrollo regional para "determinar la conveniencia de la bioenergía" en América Latina.
La puerta de entrada para este proyecto es la alianza que están en proceso de constituir los gobiernos de EEUU y Brasil para cooperar en la producción y distribución de etanol, un alcohol combustible que reemplaza volúmenes de gasolina y del cual el país carioca es el primer productor mundial.
Aunque no se ha hecho público el borrador de este proyecto de ley, se pudo conocer que entre sus objetivos se encuentra lanzar un programa conjunto de inversiones EEUU-Brasil en entrenamiento e investigación para generar capacidad de producción de biocombustibles en la región y el mundo. También prevén jugar un rol determinante las inversiones y el financiamiento de bancos, gobiernos y sector privado para perfeccionar las tecnologías, entrenar a agricultores y construir instalaciones de producción.
A largo plazo se espera crear un mercado dinámico de biocombustibles en el hemisferio occidental que además contribuiría a atenuar la pobreza y a crear empleo y renta en Latinoamérica. Al mismo tiempo, significaría un cambio en la política de EEUU hacia la región y promovería una mayor "seguridad energética" para la nación del Norte, que hoy depende de importaciones de petróleo de Canadá, México, Venezuela y Arabia Saudí, principalmente.
Latinoamérica tiene un amplio potencial para producir biocombustibles a partir de caña de azúcar, maíz o yuca, pues tiene experiencia en su desarrollo. No obstante, se plantean enormes retos para elevar sustancialmente la siembra de estos alimentos -se requieren ingentes cantidades para producir volúmenes apreciables de combustibles- sin afectar su precio final ni convertir a los países en monoproductores. MP