El Desastre" fue un popular libro elaborado por Pérez
Alfonzo y Rangel en los años de la Gran Venezuela cuando,
como ahora, intoxicado con los petrodólares, el gobierno
cometió toda clase de dislates. Otros gobiernos, con
tan poca visión de largo plazo como el actual, decidieron
resolver los problemas de la agricultura y la alimentación
a través de subsidios y la funesta tripleta de los controles:
de cambio, de precios al productor y al consumidor; las licencias
de importación, la reserva para el Estado de importar
y comercializar ciertos productos. Crearon el desabastecimiento,
alimentaron la inflación, devaluaron la moneda y como
el actual, culparon a productores, comerciantes y agroindustriales.
No funcionó, no podía hacerlo, pero resultó
buen negocio para quienes, desde el gobierno, con el poder,
a un cierto precio, mal hacían las funciones de intermediación.
Tiempos de Corpomercadeo, Mersifrica, Foncafé, Foncacao
y Recadi, ancestros de CASA, Mercal y Cadivi. Tiempo de subsidios
a fertilizantes, agua de riego, crédito y compra de maquinaria.
Tiempos de la IV y bastante socialista República, cuando
el gobierno se apropió o construyó centrales azucareros
y silos, desarrolló centros de recría y manejó
a discreción los permisos de importación, de paso
prohibiendo la importación de frutas, maíz y otros
productos. Al final, en vísperas del "caracazo", anaqueles
vacíos y gente indignada.
El primer fracaso evidente del Socialismo del Siglo XXI ocurre
por repetir lo que mal hizo la IV República y sumarle
lo peor de los fracasos soviéticos, chinos y mexicanos
(que inventaron el Mercal a mediados del siglo pasado). Tras
ocho años y el desfile de un buen número de ministros,
el gobierno culpa a los almacenadores, distribuidores y comerciantes
finales. Dirán, como en el pasado, que son saboteadores
(la palabra preferida de Stalin), acaparadores y cualquier
otra cosa, para tapar los graves errores de la política
económica y agroalimentaria.
Los jerarcas soviéticos, después de cada crisis
y hambruna, iban con la mano tendida hacia los graneros de
EEUU y Canadá a negociar la comida. Los de aquí
acuden a Brasil, Bolivia, China y Argentina. ¿Soberanía
alimentaria y autoabastecimiento a la cubana?
Ocho años y el Presidente comete los mismos errores.
Unos, generales, que alimentan fatalmente la inflación
como lanzar a la calle billones, acompañados de una agresión
perniciosa contra el sector privado, reduciendo los derechos
de propiedad y con ellos impidiendo las inversiones. Sumados
a los de política agroalimentaria, determinan desabastecimiento
y mayor inflación en alimentos que en otras áreas
de la economía. Miles de cooperativas y fundos subsidiados,
que junto a los centrales estatizados no producen. Mientras
que la productividad, la inversión y el tamaño del
rebaño disminuye y el crédito aumenta. Para el Libro
de Guinness.
Aumentar la cartera agrícola al 21%, subsidios, ajustar
algunos precios regulados y mejorar la eficiencia importadora
de Mercal, son pañitos calientes, las crisis se repetirán,
la inflación seguirá creciendo y con ella el hambre
de los desposeídos. Socialismo del Siglo XXI, más
de lo mismo, pero peor.
machadoallison@yahoo.es