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| Entrevista // Adriano González León
"El venezolano lo único que lee es la Gaceta Hípica"

"Ese socialismo del siglo XXI yo no sé ni nadie sabe qué es, ni aún los que lo propician" "Una de las grandes dificultades es el pésimo estado en que está la lectura, incluso ahora que se edita más y se lee menos"

Para el autor de la novela "País portátil", "es muy evidente la degeneración del socialismo" (Nicola Rocco)
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ANA MARÍA HERNÁNDEZ |  DIARIO
lunes 29 de enero de 2007  12:00 AM

ANA MARÍA HERNÁNDEZ
EL UNIVERSAL

El escritor venezolano Adriano González León (Valera, 1931), autor de la novela País portátil, con la que ganó el Premio Seix Barral de Biblioteca Breve en 1968, entre otros libros de cuentos, novela y poesía, regresa al tapete por su vehemencia y su verbo. A disgusto con los epítetos de "notable" o "personaje", accede sin embargo a aclarar aspectos relativos al acontecer cultural en la actualidad, de cara al socialismo del siglo XXI, tan pregonado por estos tiempos.

-¿Se ha preguntado dónde cabría la literatura en el socialismo del siglo XXI?

-Ese socialismo del siglo XXI yo no sé ni nadie sabe qué es, ni aún los que lo propician, porque ni tienen la menor idea de quién es Roberto Owen ni Fourier. No saben lo que es un falansterio (suerte de comuna donde Fourier alojaría a sus seguidores), y ellos creen que es un lugar donde se crían perros. Lo que es muy evidente es la degeneración del socialismo. El socialismo era una extraordinaria promesa con Marx y Engels. En lo que se materializó y se hizo verdad, y en esa trampa caímos muchos, se destruyó completamente la idea de la participación social, de la unificación de las clases, del cese de la miseria, del cese de los trabajos. Ese socialismo triunfante lo que hizo fue asesinar, fusilar a sus compañeros de trabajo en la revolución de 1917. O el de Cuba, que dan ganas de llorar. Un país que tiene más de cuarenta años con una revolución, y no hay qué comer. Aquí traen con mucho alborozo a los médicos cubanos, y en Cuba no hay ni aspirinas. Yo no me explico cómo se pueden dejar meter semejante mentira.

-Usted fue de izquierda.

-Nosotros, los verdaderos tipos que formamos la izquierda venezolana estamos de duelo porque la gente no sabe en absoluto qué es lo que se propone. Ojalá los que propician el socialismo supieran lo que es la dialéctica, se hayan leído a Hegel, para que podamos entendernos frente a esta realidad, que es muy distinta a la realidad cubana que encontró la revolución, y muy distinta a la realidad argentina o mexicana de hoy. La gente que propugna este socialismo del siglo XXI debería ser un poco más modesta y sobre todo aprender las primeras letras. La gente no puede llegar de la noche a la mañana a dirigir un país sin tener conocimiento de nada. Ni siquiera de Bolívar tienen conocimiento. Todo lo que se utiliza de Bolívar son falsas proclamas inventadas por los bolivarianos de oficio, desde Guzmán Blanco para acá. Hay que ver lo que se inventó en Venezuela Heroica, de Eduardo Blanco o lo que inventó Vicente Lecuna de Bolívar, tanto que no es un ser de carne y hueso, sino un ser mítico e inexistente.

-Retomando el tema, ahora en el país se edita mucho.

-Y se lee poco. Una de las grandes dificultades es el pésimo estado en que está la lectura, incluso ahora que se edita más se lee menos, porque la competencia con los medios radioeléctricos es grande. La desidia es ejemplar, si es que se puede ser ejemplar con una mala conducta. Incluso los alumnos de Artes, Letras, Comunicación Social no leen. Hay interés por descubrir cosas, pero no se utilizan lo medios apropiados. El gran problema de las generaciones es el espectáculo, y yo estoy bastante preocupado porque es una lástima. En mis tiempos de bachillerato, en la provincia, había una biblioteca pública, ahora lo que hay son librerías de ayuda o bestseller. No sé qué vamos a hacer para llegar al público.

-Hay una gestión cultural del Estado con El Perro y la Rana.

-Eso no es masivo. Lo que me complace de El Perro y La Rana es la eficiente organización, pero no la manera de cautivar, capturar, agarrar al público por algún lado. Nos toca inventar una programación que no se quede en la charla, la mesa redonda, la radio y la televisión, sino que llegue a potenciar a los lectores. Antes había lecturas colectivas por la poca existencia de libros, la poca circulación, pero sobre todo había entusiasmo. Hay que volver a eso.

-Sobre todo por la imaginación.

-Exactamente. Cuando la imaginación entra en juego, el lector compite con el escritor. Agrandar lo que Julio Verne decía, cualquiera de nosotros quería ser mosquetero, hacer los viajes de Joseph Conrad. También escuchábamos leer en la escuela LaIlíada y La Odisea, aprendimos quién era Héctor, Ulises,y escuchábamos también parte de la literatura venezolana, qué ocurría en Doña Bárbara, Canaima, Cantaclaro, y nos daba cierta costumbre.

-No está Ud. de acuerdo con las ediciones masivas.

-Porque esas son tonterías. Puedes editar la cantidad de libros que te dé la gana, y si la gente no tiene el hábito de leer, esos libros se quedan dormidos.

-¿Dónde quedaron los notables de la Cuarta República, dónde están en la Quinta?

-No sé qué llamas tú "notables" ni qué es Cuarta República o Quinta. Esa es una estupidez que han inventado los teóricos políticos de ahora, que no se saben la Historia Nacional. Si ellos empiezan a contar desde el 5 de julio de 1811, ha habido 6 repúblicas, no ha habido una Cuarta República anterior a nosotros. Y esta se va a echar a perder porque se va a convertir en un totalitarismo. Eso de que le otorguen poderes especiales al Presidente para legislar es propio de las dictaduras, y viene de mucho antes, de los dictadores romanos, cuando el famoso senado legaba, en caso de emergencia, al emperador, facultades legislativas. Pero era excepcional. No como ahora, que parece un juego de pelota.

-Entonces ¿dónde están esos escritores de antes?

-Los escritores de mi generación están activos, y creo que son incluso una extraordinaria presencia venezolana en la literatura latinoamericana y española. Está Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, Alejandro Oliveros en la poesía. Está Barrera Tyszka, quien acaba de ganar un premio muy importante y cuya novela es excelente. Está (Oscar) Marcano que obtuvo un premio importante en Argentina, está José Balza, Carlos Noguera. Y lamentablemente han desaparecido entre nosotros, pero que tienen una vigencia literaria fundamental, como Salvador Garmendia o Aníbal Nazoa, o poetas estupendos como Eli Galindo o Pepe Barroeta, gente que no sé por qué de pronto faltan; porque a mí me parecen que están vivos, que están al lado nuestro.

-¿Por qué no se les ve en las manos de los lectores?

-Los libros no llegan a la competencia. Uno observa tres de las mejores librerías de Caracas, y ves en la primera plana algunos libros importantes, pero a la gente le gusta mucho más leer teoría política que leer literatura.

-¿Qué habría que hacer?

-No hay una coordinación dentro de un programa de lectura novedoso. Tú me dirás cuál, yo te diré: no sé. Lo que haría es convocar a un grupo de gente interesada para discutir sobre eso, porque creo que la falta de lectura en Venezuela es un caso clínico. Lo único que leen es la Gaceta Hípica. Aquí hay mucha superficialidad de parte del venezolano medio. Eso no es ofensivo, es más bien reconocer una deficiencia para que podamos mejorarla.

-Si tuviera a su cargo una editorial estatal, ¿qué haría?

-Reponer los escritores tradicionales de Venezuela. Por el principio comenzaría: uno de los libros más bellos es La descripción de la provincia de Venezuela de Oviedo y Baños, como también la de cronistas menos conocidos, como fray Pedro Simón y fray Pedro Aguado. Son extraordinarios, prácticamente. Nadie los tiene porque han sido ediciones muy estrechas para el lector y no se han publicitado. Una vez que se editen los clásicos del tiempo colonial, hay que volver al siglo XIX. Luego ir al XX, reeditar y no en libros de lujo.

-¿Por ejemplo?

-Una de las grandes tonterías es el deseo y entusiasmo por ediciones lujosas en papel fino. No es malo, pero se imponen ediciones de fácil manejo, de precios asequibles, un poco como fue la Biblioteca Popular Venezolana, fundada por Mariano Picón Salas, o Eldorado de Monte Ávila. Se hacen ediciones masivas y ayudan a llegar a un público mal acostumbrado, que no vacila en gastar dinero en una lotería que jamás va a ganar, o en aguardiente, que invertirla en un libro. Generalmente la gente quiere que le regalen los libros. Eso no puede ser.

-¿Qué escribe Ud. ahora?

-Uno escribe siempre. Los escritores escribimos siempre, pero también rompemos mucho. Ojalá muchos escritores hicieran esto de verdad, porque nos hubiéramos ahorrado muchos bodrios. O la idea de que un montón de volúmenes hacen a un escritor es mentira. Hay escritores que tienen más de 150 libros y ninguno sirve para nada. En cambio hay escritores como Arthur Rimbaud, que sólo tiene dos, Las iluminaciones y Temporada en el infierno que cubren toda la poesía del mundo. De modo que la abundancia en la escritura no es verdad. Hay que desconfiar del libro del cual todo el mundo habla y de los libros que se venden mucho. El más grande poeta de la generación del 18 en Venezuela se llama José Antonio Ramos Sucre y nadie lo conoce.

-El problema no es gasto ni cantidad de ediciones...

-El gran problema es la apatía, la desidia, y dejar de hablar académicamente. Hay mucho profesor que juega al divino papel de intelectual y la literatura no puede ser un fastidio. La literatura es un entusiasmo grandioso del espíritu, algo que debe conmovernos, nos debe hacer reír o llevar a las lágrimas. Además, la gente está ávida, quiere conocer las cosas, necesita una guía, eso es factible.

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