El enamoramiento de Chávez con el Islam radical comienza
con su primer encuentro con Norberto Ceresole, embajador itinerante
de Hezbollah, en Buenos Aires a los pocos meses de salir de
la cárcel. Son más de doce años de estrecha
relación con los clérigos de la ultraderecha islámica,
los ayatollas de Irán.
Chávez admira el régimen totalitario que estos
han implantado en la antigua Persia, cuna de la civilización
convertida hoy en día en el paria de la comunidad internacional.
Recordemos que esta es la misma gente que asesinó a más
de cien mil de sus niños, algunos de solo 12 años,
al enviarlos a la guerra fratricida con Irak que cobró
más de un millón de vidas.
Esta es la gente que entrena y financia la más tenebrosa
red terrorista mundial. Esta es la gente que fabrica la bomba
atómica para sembrar el terror sobre sus vecinos árabes.
Son los mismos que quieren reescribir la historia a su manera
convocando para ello a los seres más despreciables por
su intolerancia racial y religiosa como David Duke, gran dragón
del Ku Klux Klan. Al mismo tiempo son una potencia petrolera
que dedica buena parte de esa riqueza al desarrollo de armamento
ofensivo de todo tipo. En fin, unos verdaderos angelitos con
turbante. Estoy seguro que el profeta Mohamed se revolvería
en su tumba si pudiese presenciar lo que estos "iluminados"
hacen en nombre de Allah y el Islam.
Chávez en su insensata carrera por acabar con el imperio,
sigue los pasos marcados por su maestro Ceresole y pretende
unir al comunismo castrista con el islam o fascismo representado
por su "hermano del alma" Ahmadinejad y cubrirlos a ambos
con el manto de Bolívar. El resultado de semejante insensatez
es ese indigestible caso de sida ideológico mejor conocido
como socialismo del siglo XXI. ¡Será!
seppel@cantv.net