La conversión del MVR en el Partido Socialista Unido
de Venezuela habla del menosprecio que Chávez siente
por cualquier tipo de institución, incluidas aquellas
que le han sido afectas. No por nada, al histórico PCV
-que es toda una tradición en la política nacional-
le cuesta trabajo bajar la santamaría, para incorporarse
al esquema impuesto por el Presidente. El cambio que se ha
planteado el jefe constituye una prueba más de que, dentro
del marco de la revolución, todo es prescindible, salvo
su líder único. La orden de disolver a los partidos
que le han acompañado en este largo trayecto, habla del
desprecio a las intermediaciones y, también, del modo
como se dispondrán las cosas una vez ocurrido el alumbramiento
del PSUV.
Algunos voceros del "proceso" han señalado que la iniciativa
de crear un partido único -sugerida por Fidel Castro,
según se ha dicho- busca "despersonalizar" el proyecto,
con el propósito de hacerlo trascender de la figura y
del rostro de su inspirador. Sin embargo, las pobres explicaciones
ofrecidas -suerte de balbuceos teóricos- apenas han servido
para reforzar la certeza contraria. Ni hablar del procedimiento
empleado por el jefe, que en sí mismo es un ampuloso
tratado sobre el culto a la personalidad. Cada aparición
suya, cada anuncio sobre el tema, suena como un recordatorio
de su acción dorada sobre el "proceso": "que nadie se
equivoque... éstos son mis votos... ésta es mi lucha".
Chávez no sólo desea que se le acepte como el líder
indiscutible. Ese trámite es insuficiente: lo que el
mandatario procura es que tal liderazgo fluya como una conformidad
religiosa, tan irrefutable como lo es la palabra de Dios expresada
en las sagradas escrituras... Los marxistas suelen decir que
la religión es el opio del pueblo. La actual, por tanto,
no es una circunstancia sencilla para los comunistas venezolanos,
quienes están a un paso de desechar su evangelio ideológico,
para acogerse a los efectos narcóticos del culto a la
personalidad... Si ganara el pragmatismo, el cambalache pasará
a los anales de una historia que, por lo visto -y en virtud
del encumbramiento del componente militarista del proceso-,
aún no está clara ni en Cantaclaro.
Cuando el PCV anuncia que se tomará unos días para
debatir el planteamiento, revela que su dirección política
guarda un respeto decoroso por su historia y una insinuante
prudencia ante el futuro. Las organizaciones de maletín
nada tienen que preservar. Sus gestas se reducen en realidad
a la conquista de unos cuantos colores en la paleta electoral
venezolana. Por eso, el viejo coro de sus varoniles dirigentes
suena ahora como una coral de eunucos que en el afino abultan
las razones por las que ya no califican... El problema entonces
no es sólo que Chávez rechace el debate. Más
grave es que no haya quién se lo dé, por causa del
miedo... el otro opio.
rmarcano@movistar.net.ve