El primero fue un dictador que reprimió con mano de
hierro a los que él consideró que trataban de imponer
en Chile un modelo ideológico totalitario y fracasado.
Para lograrlo tuvo que mancharse las manos con sangre de
miles de seres humanos, incluyendo muchos inocentes. Le devolvió
a los chilenos las libertades básicas para desarrollarse
como país moderno y vaya que si lo hicieron y luego de
17 años permitió que los ciudadanos decidieran democráticamente
su destino y respetó la voluntad popular.
Sin embargo los chilenos han sido sabios al no enseñar
a sus hijos a odiar y con toda seguridad muy pocos estarían
hoy dispuestos a regresar a un gobierno como el de Allende.
Fidel en cambio logró el sueño del totalitarismo,
en Cuba no existen instituciones, solo la voluntad de un ser
supremo. Fusiló a más de diez mil seres humanos
en los primeros tres años, encarceló a cientos de
miles, obligó a millones al exilio y convirtió la
otrora perla del Caribe en el mayor campo de concentración
de la historia. Sembró el terror en docenas de países,
siendo el mejor ejemplo Chile, donde toma el control del gobierno
de Allende y trata de emular los "éxitos" de la Revolución
Cubana. Cuando el experimento fracasa y ante la perspectiva
de que Allende se constituyese en el preso más famoso
del mundo, Fidel ordena su ejecución de manos de los
guardaespaldas cubanos. Esto no es un cuento, ya se han escrito
varios libros de investigadores impecables donde se menciona
hasta los nombres de los verdugos. Hace años yo escuché
la misma historia de boca de un venezolano, testigo de lo
ocurrido aquel día en el Palacio de la Moneda.
En Venezuela, los chavistas admiran a Allende e idolatran
a Fidel, parece cosa de locos. ¡Será!