Caracas, domingo 10 de diciembre, 2006
Opinión


Victoria en la derrota

Hace 30 años, escribimos El mundo no se acaba en diciembre. Hoy lo repito

Las derrotas han de salir a la luz, y no ocultarse, pues son las derrotas las que nos hacen personas. Aquel que no llega a entender sus derrotas no aprenderá nada para el futuro.

Aksel Sandemomse

Al azar de una lectura, encuentro esta idea de un novelista escandinavo (la noticia biográfica lo llama "dano-noruego") que parece adaptarse como un guante a la situación venezolana, y en particular de su oposición, al día siguiente de las elecciones que dieron la victoria a ese continuismo contra el cual había advertido con tanto énfasis el Libertador en Angostura.

Mucho antes del tres de diciembre, en estas mismas páginas escribí un artículo que titulé "Chávez ya perdió", que no se refería a unos resultados electorales que desconocía, sino a una derrota política. Sigo diciéndolo.

Un horrendo neologismo

La aparición de Manuel Rosales sobre la escena electoral y sobre todo política, "descuadró", séame permitido el horrendo neologismo, los cálculos del teniente-coronel. No le llegó ni cerca a los diez millones que su fanfarronería pensaba meterle "por el buche" a la oposición : se quedaron atorados "en el buche" del gobierno.

Lo que le había prometido su inmediato secuaz [¿ci?] vil, José Vicente Rangel, no se dio ni por aproximación : la oposición logró unirse en torno a un solo candidato, no se retiró del proceso y entre tanto, a vuelta de poquísimas semanas, logró "calentar la calle" con manifestaciones que no se veían desde aquel abril del 2002, mucho más de lo que habían logrado algunos melancólicos fierabrás que convocaban sin el menor éxito a ese calentamiento.

Por último, last but not least, se dio a la oposición la oportunidad de mostrar su propio músculo: cuatro millones bien redondos de electores. La política seria comienza cuando se habla en millones, decía Vladimir Ulianov, el mismísimo Lenin.

Pero perdimos

Sí, se nos dirá, pero perdimos. Y algunos que se niegan a aceptar la realidad por ser incómoda a sus propias elucubraciones, dicen que no perdimos el tres de diciembre, sino que desvió la intención y la voluntad popular un escandaloso fraude cometido por el oficialismo.

Aceptaré el anterior argumento y le daré una forma más clara: ni la oposición perdió el tres de diciembre del 2006, ni el gobierno ganó ese mismo día. Eso es muy cierto, pero cambiando las fechas: la oposición a Chávez perdió pero no en 2006, sino en 1998. Chávez no ganó en esa misma fecha, sino en los años que van de entonces a ahora.

En el primer caso, no debemos ocultarnos el hecho de que estamos atravesando el desierto y abril del 2002 y diciembre de 2006 son apenas oasis, pero no la llegada a Canaán, esa tierra de leche y miel. Porque ya lo dijo en el momento acaso más dramático de su vida León Blum, la política es un juego severo donde no todos los aciertos se cobran pero todos los errores se pagan doble.

Un fraude escandaloso

En el segundo caso, tampoco Chávez ganó su reelección el 3 de diciembre de 2006, y menos limpiamente. Lo hizo gracias a uno de los más escandalosos fraudes perpetrados en una América Latina que no los está, que se diga, estrenando. Pero el error de la parte más alborotada de la oposición está en confundir fraude con manipulación de los resultados.

Chávez no necesitó falsear las cifras del tres de diciembre, pues ya el mandado estaba hecho, por la acción delincuencial de Francisco Carrasquero y Jorge Rodríguez, junto con otros cómplices también premiados con munificencia. Fueron ellos quienes manipularon el registro electoral, prohijaron las listas Tascón y Maisanta, las cedulaciones express, las nacionalizaciones del mismo tipo y celeridad, los cambios injustificados de domicilio. Pero eso no fue obra de un día, sino de ocho años de delitos que en una democracia decente, les hubiera costado cárcel, devolución de sus sueldos malhabidos y una capitis deminutio moral.

Lo que vio la Unión Europea

Lo que no han querido comprender quienes (por fortuna ya pocos) juran y perjuran que "Rosales los traicionó" y que ha debido llamar a la calle a dejarse masacrar, lo captaron en poco tiempo los observadores de la Unión Europea. Ellos sí se dieron cuenta (y lo han dicho) de que el fraude no estaba contenido en la manipulación de los resultados, sino en el obsceno ventajismo oficial.

Con todo, insistimos, Chávez perdió. En primer lugar, a él le interesaba mucho menos la victoria en las urnas que hacerle perder a los venezolanos la confianza en el voto como arma de combate democrático: no lo pudo, ni tampoco los abstencionistas que tanto lo ayudaban en eso.

No logró como hubiese querido, transformar la venezolana en una democracia plebiscitaria ("diez millones" Chávez, cero la oposición) como paso previo a la dictadura totalitaria. No logró hacerle perder legitimidad a la oposición, pues no hay en este país ni en ninguno cuatro millones de "oligarcas" ni cuatro millones de golpistas.

Pero sobre todo, que debe contar que esos cuatro millones que apoyaron a Rosales, han encontrado en éste el líder por el que clamaban para conducirlos por un camino sembrado de obstáculos hacia la victoria.

Un líder sensato y corajudo, y una masa consciente y con ganas de seguir peleando. Hace más de treinta años titulé una colección de artículos El mundo no se acaba en diciembre. Hoy puedo decir otro tanto.

hemeze@cantv.net