CARACAS, lunes 16 de octubre, 2006 | Actualizado hace
El receptor, uno de los pilares de los Leones en la última década, se prepara para ser nuevamente la guía de los melenudos. El trabajo comienza en el Universitario contra los eternos rivales
(Paulo Pérez Zambrano)
EFRAÍN RUIZ PANTIN
EL UNIVERSAL
-¿Qué sentirá hoy Henry Blanco,
el capitán de los Leones, al debutar ante Magallanes
en el Universitario?
-El primer inning, o el primer turno, siempre vas a sentir
nerviosismo. Los debuts son así. Eso es lo más difícil.
Sé que la gente va a estar muy emocionada, son unos fanáticos
que me han respetado muchísimo. El año pasado le
dimos el triunfo al equipo, a toda Venezuela, y sé que
ellos lo saben agradecer.
-¿No es extraño que sea tan rápido
el primer juego contra Magallanes este año?
-Sí me parece, incluso cuando me lo dijeron pensé
que me estaban echando broma. ¿Un Caracas-Magallanes
los primeros días de octubre? Después vi que era
en serio y me dije que ésa era la fecha para debutar.
-¿Y el público del Universitario cómo
estará? ¿Lo esperas igual de animado?
-La fanaticada es tremenda, siempre, y lo han demostrado
en años anteriores en los que nosotros no teníamos
buen equipo, Magallanes tampoco, y los estadios se llenaban
igual. Opino que mientras más temprano mejor, así
la gente se calienta más rápidamente en la temporada.
-¿Siempre caraquista?
-Desde chamito. Mi papá, Carlos Blanco, que en paz descanse,
era de Leones, y yo le fui siguiendo los pasos. Él me
fue inculcando lo que es ser caraquista, me decía que
era un equipo aguerrido, desde siempre. Soy un león de
corazón.
-¿Cuál es el primer juego entre Caracas
y Magallanes del que tienes memoria?
-No lo recuerdo exactamente, aunque siempre los seguía
por televisión. Era superemocionante, aunque nunca lo
pude ver en el estadio. Las cosas en la casa estaban difíciles
y no teníamos el transporte para irnos hasta Caracas.
Volver a Guarenas de noche era difícil.
-¿El primer clásico que viviste como pelotero?
-Fue en la temporada 1990-91 ó 1991-92, no me acuerdo
bien. Recuerdo que tuve la oportunidad de compartir mucho
con Arturo Sánchez (ex jugador). Nos hablaba mucho de
la adrenalina de esos juegos, de que todo empezaba días
antes.
-¿El primero que jugaste?
-Fue en la temporada 91-92, aquí en Caracas. Me parece
que entré en el sexto inning a jugar a la defensiva.
Pero creo que no hice ninguna jugada. No sentí miedo,
porque ya había jugado en la liga, pero sí un poco
de nervios al ver tanta gente gritando. Impresiona ver ese
estadio lleno, alborotado, gritando tu nombre. Hay que vivirlo.
Eso de que es un juego igual que cualquier otro, es mentira.
-¿Qué tan distinto es?
-Es como una Serie Mundial, porque, aparte de que ya viene
desde hace años, una tradición, los peloteros lo
sentimos como lo máximo. Le quieres poner un extra, quieres
hacer todo para ser el héroe de ese partido. Y siempre
ha sido así. En estos días vi a unos americanos
del equipo hablando del juego de hoy. Ya están emocionados.
-¿Qué se siente dar el batazo, o hacer
la gran jugada, para ganarle a Magallanes?
-Es algo increíble. Los fanáticos, por lo menos
aquí en Guarenas, te ven como un Dios. Y los magallaneros
te odian. Eres el mejor, sin importar si eres novato o un
experimentado.
-¿Y fallar?
-¡Uffff, es duro, muy duro! Porque si te recuerdan las cosas
buenas, con las malas es igual. Tuve la experiencia cuando
perdimos la final 93-94, el momento más duro de mi carrera.
No es nada fácil hacer un error para perder un campeonato.
A lo mejor en un juego se recupera uno más fácil.
Es una cosa que no le deseo a nadie. Yo no salí de mi
casa por tres o cuatro días. Gracias a Dios me pude recuperar.
Con el tiempo te das cuenta que son cosas que pasan.
-¿El más inolvidable de los juegos Caracas-Magallanes
que has disputado?
-El último del round robin del año pasado. Todos
son emocionantes, pero ése tenía un sabor diferente.
Si perdíamos estábamos casi fuera de la final. Y
ellos también. Creo que fue un triunfo que la gente disfrutó
hasta más que la propia Serie del Caribe. Sacarlos de
la final y clasificar nosotros, imagínense. Fue una celebración
doble.
-¿Has visto gente asustada en estos encuentros?
-No asustados, pero sí hay anécdotas buenas. Me
acuerdo de Tomás Pérez. Cuando jugó el primero,
después que llegó desde Caribes, me decía:
"compadre, explíqueme cómo es esto"; y yo le decía
que se quedase tranquilo, que saliese al terreno y se diese
cuenta. Después que fue a calentar, se quedó paralizado.
Ni hablaba. Lo único que me decía era: "ayúdeme,
compadre".
-¿Qué te falta ante ellos?
-Ganarles una final. Queremos la revancha por esos dos títulos
que nos ganaron.
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