Venezuela es el país suramericano con mayor tasa de embarazos adolescentes. En los últimos cinco años, uno de cada cuatro partos ha sido de jóvenes entre 15 y 19 años por Giuliana Chiappe
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Uno de cada cuatro bebés nacidos en Venezuela tiene
una madre que es casi una niña. Uno de cada cuatro embarazos
es de adolescentes.
Lo dice la Organización Mundial de la Salud, en las
últimas cifras publicadas sobre el desarrollo y la salud
de niños y adolescentes. Y dice más: Venezuela -que
el 29 de octubre celebrará el Día Nacional de Prevención
del Embarazo Adolescente- es, desde hace seis años, el
país de Suramérica con mayor tasa de adolescentes
embarazadas, 98 por cada mil, entre 15 y 19 años. En
el resto del continente, sólo nos superan Guatemala y
Nicaragua.
El cambio de muñecas por niños, de verdad se debe
a una conjunción de factores perversos. Para el médico
de adolescentes, Manuel Lorenzo Fernández, influye el
empeoramiento de las condiciones socioeconómicas y culturales
que provocan, en los jóvenes de estos medios, una idea
equivocada de cómo alcanzar el éxito: las vías
que buscan suelen ser el temprano inicio de la actividad sexual,
el consumo de sustancias tóxicas y la deserción
escolar.
Mercedes Muñoz, coordinadora general de la Asociación
Venezolana para una Educación Sexual Alternativa, Avesa,
coincide al afirmar que los embarazos adolescentes están
vinculados a la pobreza, pues la mayor incidencia se registra
en las jóvenes que carecen de acceso al estudio, pues
70% de ellas no había completado la educación básica.
Pero advierte que esas barrigas tempranas no son exclusivas
de barriadas y zonas rurales. Ocurren en todos los estratos
económicos.
Fernández es categórico al hablar de tan abultado
tema: "En los últimos cinco años, en forma reiterada,
se aprecia que uno de cada cuatro partos atendidos corresponde,
en nuestro país, a una mujer menor de 19 años. Esto
es consecuencia directa de la importancia numérica de
la población adolescente en la variante demográfica,
casi 24% de la población total, y de que estos jóvenes
son protagonistas de una realidad social, cultural y económica
que caracteriza al país y que hace proclives este tipo
de embarazos".
En este escenario de precocidad, aunque el término ya
no se utiliza científicamente al hablar de embarazos
adolescentes, la contradicción se asoma cuando se revisan
las condiciones que favorecen que Venezuela tenga tantas niñas
madres. Todas las adolescentes entre 15 y 19 años sexualmente
activas, cualquiera sea su origen social, sienten temor a
embarazarse pero por la razón equivocada: lo que las
asusta es la represalia social y no las consecuencias. Pese
a ese miedo, una escandalosa mayoría, 80% de ellas (y
esta cifra de Avesa también los incluye a ellos), no
utiliza métodos de prevención ni protección.
Y la mayor parte de 20% que dice prevenir embarazos, se inclina
por la fórmula menos eficiente, tanto que algunos especialistas
ni siquiera lo consideran método, el coito interrumpido.
Las consecuencias se reflejan en dramas personales, el de
la niña que se convierte en madre, y en grandes cifras,
que ubican a Venezuela en el lamentable top de los países
americanos con mayor proporción de embarazos adolescentes.
Cadena de tropiezos
El primero que se queja es el cuerpo. Todo adolescente experimenta
un acelerado crecimiento de aproximadamente diez centímetros
por año y una radical transformación económica
que le exige mayores requerimientos alimentarios. Pero, si,
además de este proceso, le siembra al cuerpo otra vida,
las exigencias nutricionales se disparan entre 35 y 40% más,
según calcula Manuel Lorenzo Fernández. Este superávit
necesario no se cumple, por razones económicas, en los
estratos de menores ingresos.
El desarrollo personal de la joven madre es otro de los aspectos
más vulnerables ante un embarazo adolescente. El impacto
suele afectar la vida entera.
Los liceos venezolanos están capacitados, e incluso
estimulan a la alumna embarazada para que continúe estudiando.
Pero la realidad económica golpea sin guantes y la deserción
es el mal común entre esas madres.
Al buscar trabajo se tropiezan con otra consecuencia: en
el mercado laboral, las madres adolescentes están en
desventaja frente a los hombres y a las mujeres de su misma
edad sin hijos, pues sus salarios son menores, al igual que
las oportunidades de ascenso. En la población activa
adolescente, son las madres las que registran el mayor índice
de desocupación.
También existen consecuencias demográficas. Según
los estudios realizados por Avesa y revelados por Muñoz:
"Una madre adolescente tiene el doble de probabilidades de
salir embarazada nuevamente antes de cumplir los 19 años,
que una joven de la misma edad que no es madre". Y, al haber
iniciado su ciclo reproductivo antes, lo finaliza con un mayor
número de hijos que quien fue madre en edad adulta.
A los dieciséis
En Venezuela, como en el resto de Suramérica, la menarquia
o primera menstruación se presenta a la edad promedio de
doce años y tres meses. Pero el común de las adolescentes
venezolanas inician relaciones sexuales un poco antes que sus
congéneres del continente.
Según cifras internacionales que maneja Manuel Fernández,
el promedio de iniciación sexual entre suramericanas
es de 17,5 años. La primera vez de las venezolanas es
a los 16,5. Fernández apunta que, según estudios
de cohorte de los hospitales Vargas, Lídice, Materno
Infantil Caricuao y Santa Ana, "se observa un discreto desplazamiento
que ha disminuido la edad promedio en casi un año, desde
hace cuatro años".
En Avesa han medido, por edades, estas primeras veces. En
Venezuela, 33% de las mujeres que hoy cuentan entre 20 y 24
años se iniciaron antes de los 18 años y más
de 50% antes de los 19. Una décima parte lo hizo antes
de los quince.
Las cifras varían al estudiarlas según su nivel
socioeconómico. En las zonas menos urbanizadas, el 30%
de las jóvenes se inició antes de los 15 años
y 70% antes de los 19.
En los varones, venezolanos y del resto de la región,
el promedio de edad para la primera relación sexual es
de 15,5 años. Al decir de Mercedes Muñoz, la presión
social sobre los varones para que se inicien tempranamente
afecta directamente a las niñas, pues éstas son
influenciadas, a su vez, por los jóvenes.
Y aunque hacen falta dos para que ocurra un embarazo, cuando
se trata de los adolescentes, sólo se estudia, afecta
y responsabiliza a las niñas. "En Venezuela no existe
un solo estudio que analice la situación de los padres
adolescentes. Siempre se habla de madres adolescentes. En
este tema está presente un eterno sesgo, pues sólo
se centran en el embarazo de la mujer joven y no consideran
que una vida sexual activa y sin protección implica muchos
otros riesgos que afecta a todos por igual", alerta Muñoz.
Por ejemplo, el temido VIH. El 11,65% de los enfermos cuenta
entre 10 y 24 años.
Muralla informativa
Tan alto índice de embarazos adolescentes y los riesgos
colaterales que genera no se deben a falta de información
porque sí existe, pero de una manera tan inadecuada que,
en vez de tender puentes, erige enormes murallas.
"Desde pequeños, los jóvenes venezolanos están
expuestos a una información llena de tabúes y, a
la vez, a un bombardeo de consumo que es erotizante. En Venezuela,
cuando se habla de información sexual, no todo el mundo
se refiere a lo mismo. La tendencia que prevalece en el país
es la del abstencionismo como única alternativa y su
índice de éxito es muy bajo", alega Muñoz.
A su juicio, "prevalece la falta de información, la
educación preventiva es ineficaz y existen limitaciones
en el acceso a servicios específicos", además de
escasa coordinación entre los tres programas gubernamentales
para evitar embarazos adolescentes. En las conclusiones que
Avesa ha obtenido de la ejecución de sus proyectos, una
de cada cuatro adolescentes conoce su período fértil
y aunque la mayoría conoce de métodos anticonceptivos,
no los utiliza. Así, ese 96% de jóvenes que ha escuchado
de pastillas anticonceptivas, ese 90% que conoce los preservativos,
decae a apenas un 8% que los ha utilizado alguna vez y 5%
que los usa actualmente.
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