La propuesta se junta con los planes de reelección indefinida, y concentración del poder presidencial
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(Foto cortesía Comando Miranda)
ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
El ritmo con que le crece el abdomen y la velocidad con
la que cambia el número del cuello de su camisa de 300
dólares, impulsada por el progreso irresistible de una
papada arzobispal, corren paralelos con su avance hacia la suma
total del poder.
Mientras más grueso más ambicioso porque, al final,
todas las ansias se confunden en una sola y ni siquiera los
tiempos de campaña electoral pueden refrenar un impulso
condensado en tres anuncios clave del discurso de una semana
atrás en la avenida Bolívar: la ratificación
de la enmienda constitucional para aprobar la reelección
indefinida, las expropiaciones (que son confiscaciones) de
un central azucarero y del puerto de La Ceiba y la unificación
de las fuerzas políticas del régimen en un partido
único, tema del cual nos ocupamos a continuación.
Los patriotas se matan
Las razones aparentes sobre la necesidad de crear
una sola organización política lucen como
exigencias del momento y responden a la pugna que sacude
al chavismo. Las corrientes internas enfrentadas en
el MVR, las diferencias con las facciones aliadas, las
encarnizadas luchas por las posiciones entre los de
adentro y quienes no pueden entrar a los cenáculos
donde se manejan el poder y los presupuestos, antes
que una diatriba de tipo ideológico, generan un
clima adverso, tanto para las ejecutorias del Gobierno
como para el desarrollo de la campaña.
Chávez intenta restablecer el orden, someter
a los revoltosos y poner los bandos en pugna en la
competencia por los votos, de forma que al pasar la
criba los más fieles y eficaces sean los llamados
a ocupar los puestos de dirección al frente del
nuevo partido único. Pero el hecho de que el
llamado haya sido hecho en un acto proselitista, da
cuenta de la profundidad y extensión de unos
enfrentamientos que perjudican el desempeño del
candidato y el desarrollo de una campaña más
bien gris.
El anuncio pretende, por otra parte, transmitir
la sensación de que la victoria es inevitable
y por tanto "el conductor de la república",
como él mismo se autodenomina, se está
preparando para el desarrollo de la siguiente fase
del proceso revolucionario, lo cual, vista la confianza
desmedida en su presunta invencibilidad, no deja
de ser cierto.
Gallinas en apuros
Llegados a este punto corresponde detenerse
en las reacciones de partidos amigos que,
como PPT, no obstante su sujeción absoluta
a la suerte del caudillo, intentan patalear
señalando que el partido único "no
se decreta". Pues, claro que se decreta, si
quien lo decreta es Chávez, el único
dirigente capaz, hasta ahora, de arrastrar
votos no sólo para él sino para
todos los gobernadores, alcaldes y diputados
que medran a su sombra.
Hay excepciones, como la de Lina Ron, dueña
de un espacio político propio, quien
también ha expresado su malestar por
la orden presidencial y no tanto porque
no quiera dejar de ser cabeza de ratón
para convertirse en cola de león (tiene
los atributos para convertirse en dirigente
de primera línea del nuevo partido)
sino porque en sus declaraciones disimula
muy mal su repugnancia por los arribistas,
los oportunistas y los corruptos con quienes
tendría que compartir casa y baño.
De manera que un gallinero en donde manda
un solo gallo no hay gallina que se resista
y de ganar las elecciones Chávez
tendrá, como ha tenido hasta ahora,
todo lo que quiere, en este caso un partido
único, plataforma desde la cual provocará,
de acuerdo con sus intenciones, todos
los movimientos, incluida una reforma
de la Constitución, para afianzar
su plan de dominación total.
El partido soy yo
Y allí radica la verdadera
naturaleza de su diseño. El
partido único no consiste,
como pudiera pensarse en primer
término, en la reunificación
de todas las fuerzas del chavismo
dentro de un sistema multipartidista
o bipartidista si la oposición
logra fundirse en un movimiento
de movimientos más allá
de las elecciones de diciembre.
El objetivo, en último término,
no es otro sino cerrar todos los
espacios políticos, incluso
los afines al Gobierno, en la
aplicación, con variantes
nacionales, de un sistema totalitario
semejante a los implantados durante
la segunda y tercera décadas
del siglo pasado en Rusia, Italia
y Alemania y más recientemente
en la Cuba soviética de Fidel
Castro.
Obviamente los voceros del
régimen se han apresurado
a desmentir la corazonada con
argumentos tranquilizadores,
lo cual no hace sino incrementar
la certeza de temores fundados
en datos muy precisos de la
realidad por parte de una población
que ya resiente los amagos totalitarios.
Resultaría un fastidio
hacer la contabilidad de todas
las señales que nos indican
hacia dónde marchamos
a 200 kilómetros por
hora con "el conductor de
la república" al volante.
Basta sólo mencionar,
como complementos del partido
único, la reelección
presidencial indefinida, el
copamiento de los poderes
supuestamente autónomos,
la vulneración permanente
de la propiedad privada, el
cambio de paradigma en la
Fuerza Armada y la intromisión
persistente del régimen
en aspectos de la vida social,
como el tipo de educación,
que en democracia suelen ser
de estricta incumbencia de
las familias y de los padres.
Históricamente la
existencia del partido único,
en este caso el Partido
Comunista, nunca fue consagrada
constitucionalmente, no
por lo menos en las cuatro
constituciones soviéticas
(1918, 1924, 1936 y 1977),
ni en la cubana (1977),
aunque sí se destaca
en casi todas su papel de
"vanguardia de la sociedad",
su condición de núcleo
del sistema político"
y su naturaleza de "fuerza
dirigente superior".
Es de suponer que algo
similar se haría
en Venezuela y así
el Gobierno se cubriría
las espaldas mientras
apela, como ya lo hace,
a la "amenaza imperialista",
para justificar la concentración
de poder en un presidente
vitalicio y en un partido
único. Esa ha sido
la estrategia del régimen
cubano, una de cuyas teóricas,
que también lo es
del venezolano, Marta
Harnecker, señalaba
en el año 2002, que
"permitir la creación
en Cuba de otros partidos
políticos en estos
momentos en que la correlación
de fuerzas mundial es
desfavorable al socialismo,
significaría aceptar
en territorio nacional
una cabeza de playa política
que serviría para
que por ese canal penetrase
toda la propaganda política
y los recursos de la contrarrevolución
instalada en Miami y del
propio Gobierno de EEUU".
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