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| OPINION / El país entre la partidocracia y la monocracia
Del partido único al único partido

La propuesta se junta con los planes de reelección indefinida, y concentración del poder presidencial

Chávez estremeció internamente a sus familiares con su anuncio de unificación partidista
(Foto cortesía Comando Miranda)
ROBERTO GIUSTI3 |  DIARIO
domingo 17 de septiembre de 2006  12:00 AM

ROBERTO GIUSTI

EL UNIVERSAL

El ritmo con que le crece el abdomen y la velocidad con la que cambia el número del cuello de su camisa de 300 dólares, impulsada por el progreso irresistible de una papada arzobispal, corren paralelos con su avance hacia la suma total del poder. Mientras más grueso más ambicioso porque, al final, todas las ansias se confunden en una sola y ni siquiera los tiempos de campaña electoral pueden refrenar un impulso condensado en tres anuncios clave del discurso de una semana atrás en la avenida Bolívar: la ratificación de la enmienda constitucional para aprobar la reelección indefinida, las expropiaciones (que son confiscaciones) de un central azucarero y del puerto de La Ceiba y la unificación de las fuerzas políticas del régimen en un partido único, tema del cual nos ocupamos a continuación. Los patriotas se matan Las razones aparentes sobre la necesidad de crear una sola organización política lucen como exigencias del momento y responden a la pugna que sacude al chavismo. Las corrientes internas enfrentadas en el MVR, las diferencias con las facciones aliadas, las encarnizadas luchas por las posiciones entre los de adentro y quienes no pueden entrar a los cenáculos donde se manejan el poder y los presupuestos, antes que una diatriba de tipo ideológico, generan un clima adverso, tanto para las ejecutorias del Gobierno como para el desarrollo de la campaña. Chávez intenta restablecer el orden, someter a los revoltosos y poner los bandos en pugna en la competencia por los votos, de forma que al pasar la criba los más fieles y eficaces sean los llamados a ocupar los puestos de dirección al frente del nuevo partido único. Pero el hecho de que el llamado haya sido hecho en un acto proselitista, da cuenta de la profundidad y extensión de unos enfrentamientos que perjudican el desempeño del candidato y el desarrollo de una campaña más bien gris. El anuncio pretende, por otra parte, transmitir la sensación de que la victoria es inevitable y por tanto "el conductor de la república", como él mismo se autodenomina, se está preparando para el desarrollo de la siguiente fase del proceso revolucionario, lo cual, vista la confianza desmedida en su presunta invencibilidad, no deja de ser cierto. Gallinas en apuros Llegados a este punto corresponde detenerse en las reacciones de partidos amigos que, como PPT, no obstante su sujeción absoluta a la suerte del caudillo, intentan patalear señalando que el partido único "no se decreta". Pues, claro que se decreta, si quien lo decreta es Chávez, el único dirigente capaz, hasta ahora, de arrastrar votos no sólo para él sino para todos los gobernadores, alcaldes y diputados que medran a su sombra. Hay excepciones, como la de Lina Ron, dueña de un espacio político propio, quien también ha expresado su malestar por la orden presidencial y no tanto porque no quiera dejar de ser cabeza de ratón para convertirse en cola de león (tiene los atributos para convertirse en dirigente de primera línea del nuevo partido) sino porque en sus declaraciones disimula muy mal su repugnancia por los arribistas, los oportunistas y los corruptos con quienes tendría que compartir casa y baño. De manera que un gallinero en donde manda un solo gallo no hay gallina que se resista y de ganar las elecciones Chávez tendrá, como ha tenido hasta ahora, todo lo que quiere, en este caso un partido único, plataforma desde la cual provocará, de acuerdo con sus intenciones, todos los movimientos, incluida una reforma de la Constitución, para afianzar su plan de dominación total. El partido soy yo Y allí radica la verdadera naturaleza de su diseño. El partido único no consiste, como pudiera pensarse en primer término, en la reunificación de todas las fuerzas del chavismo dentro de un sistema multipartidista o bipartidista si la oposición logra fundirse en un movimiento de movimientos más allá de las elecciones de diciembre. El objetivo, en último término, no es otro sino cerrar todos los espacios políticos, incluso los afines al Gobierno, en la aplicación, con variantes nacionales, de un sistema totalitario semejante a los implantados durante la segunda y tercera décadas del siglo pasado en Rusia, Italia y Alemania y más recientemente en la Cuba soviética de Fidel Castro. Obviamente los voceros del régimen se han apresurado a desmentir la corazonada con argumentos tranquilizadores, lo cual no hace sino incrementar la certeza de temores fundados en datos muy precisos de la realidad por parte de una población que ya resiente los amagos totalitarios. Resultaría un fastidio hacer la contabilidad de todas las señales que nos indican hacia dónde marchamos a 200 kilómetros por hora con "el conductor de la república" al volante. Basta sólo mencionar, como complementos del partido único, la reelección presidencial indefinida, el copamiento de los poderes supuestamente autónomos, la vulneración permanente de la propiedad privada, el cambio de paradigma en la Fuerza Armada y la intromisión persistente del régimen en aspectos de la vida social, como el tipo de educación, que en democracia suelen ser de estricta incumbencia de las familias y de los padres. Históricamente la existencia del partido único, en este caso el Partido Comunista, nunca fue consagrada constitucionalmente, no por lo menos en las cuatro constituciones soviéticas (1918, 1924, 1936 y 1977), ni en la cubana (1977), aunque sí se destaca en casi todas su papel de "vanguardia de la sociedad", su condición de núcleo del sistema político" y su naturaleza de "fuerza dirigente superior". Es de suponer que algo similar se haría en Venezuela y así el Gobierno se cubriría las espaldas mientras apela, como ya lo hace, a la "amenaza imperialista", para justificar la concentración de poder en un presidente vitalicio y en un partido único. Esa ha sido la estrategia del régimen cubano, una de cuyas teóricas, que también lo es del venezolano, Marta Harnecker, señalaba en el año 2002, que "permitir la creación en Cuba de otros partidos políticos en estos momentos en que la correlación de fuerzas mundial es desfavorable al socialismo, significaría aceptar en territorio nacional una cabeza de playa política que serviría para que por ese canal penetrase toda la propaganda política y los recursos de la contrarrevolución instalada en Miami y del propio Gobierno de EEUU".

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