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| ENTREVISTA / Raiza Ruiz, 25 años después
"Cumplo con mis obligaciones tanto de viva como de muerta"

Cómo médica ayuda a personas con enfermedades de difícil diagnóstico en la UCV

Raiza Ruiz hoy disfruta del anonimato que se ganó a pulso, luego de que políticos y medios intentaron seducirla
(Foto Gustavo Bandres)
ALFREDO YANEZ MONDRAGON |  DIARIO
viernes 1 de septiembre de 2006  12:00 AM

ALFREDO YANEZ MONDRAGON

EL UNIVERSAL

Parece un contrasentido, pero al cumplir un cuarto de siglo de su muerte, Raiza Ruiz está hoy más viva que nunca. Para quienes no la recuerdan, ella fue enterrada tras un accidente aéreo; posteriormente apareció en el Amazonas, intacta, apenas con lesiones menores. En su féretro había huesos de animales. El caso conmovió al país, no sólo por la irresponsabilidad de quienes levantaron el siniestro, anatomopatólogos y autoridades en general, sino porque su regreso a la vida "legal" fue una batalla de años. Una durísima resurrección en tribunales. Hoy, 25 años después, Raiza prefiere el bajo perfil, no porque no sienta orgullo de ser quien es, ni porque le dé pena su apariencia; prefiere, eso sí, pasar inadvertida, cuando sobre ella, más que su talento y profesionalismo, lo que quiere verse es la sombra de un suceso que sacudió al país. Médico, especialista en enfermedades tropicales. Investigadora, docente y mujer de arraigo familiar; caraqueña que un buen día debió luchar para inscribirse en la UCV, pues sus estudios de Ingeniería Química en la Simón Bolívar no satisfacían sus necesidades intelectuales y humanas, como sí lo hacen sus pacientes, y los deseos de regresar a las aulas, pero esta vez en la escuela de Letras. De quién se trata: De una luchadora incansable, que supo labrarse un camino académico en medio de una realidad familiar en la que, aunque fuera la mayor de los hermanos, era la más consentida y protegida. "Quizá por mi tamaño, era fácil que siempre me ayudaran, me protegieran"; sin embargo, pese a ese aspecto de consentida, siempre fue "terca, porque me viene de familia", y es por ello que, _tras un análisis lo concluye_ logró, si no renacer de sus cenizas, sí evitar que éstas existieran a destiempo. Tras el suceso que marcó su vida cuando apenas culminaba su año de rural, bien pudo asumir el papel inagotable de la víctima hecha milagro y, a partir de ese momento, convertirse en celebridad por lo mediático, que desde el inicio de esa historia, _que hoy recuerda como "horrible y escalofriante_ envolvió ese capítulo de su vida, contado por su memoria y transcrito de puño y letra, aun cuando Clara, su madre hoy fallecida, lo haya guardado con tanto celo, que aún está en un armario. Pero no. Ella se sentó a ver un especial televisivo de su momento cumbre y lo desechó de inmediato por el tono comercial, y no acudió a entregas de reconocimientos que no iban más allá de premiar a un espécimen raro que logró salvar su vida; y tampoco se retrató en grupos políticos que quisieron aprovecharse de su imagen de mujer valiente. "Si me voy a morir, no va ser aquí", se decía. Y, ¿por qué no fue a ninguno de esos eventos, por qué prefirió la ausencia a la notoriedad? Pues porque en ella estaba sembrado, desde siempre, desde los tiempos de sus maestros, el valor por el estudio, por el logro bien habido, y en su caso, aun cuando pudiera tener valor lo acontecido y sus decisiones frente a ello, el logro viene dado por el esfuerzo con los libros y el microscopio. Médico a los 26 años de edad, pediatra como requisito académico, aunque ama a los niños, para cursar luego la especialización en Medicina Tropical; con una maestría y un doctorado en Brasil, esta venezolana aún quiere más. En consulta es atenta con sus pacientes, referidos muchas veces de lugares recónditos del país, con diagnósticos equivocados, que en buena dosis son corregidos por su conocimiento científico, aunque en más de una oportunidad, el mito a su alrededor le haga pensar a los enfermos que se trata de una intervención milagrosa, _quizá tenga que ver el hecho de que su figura diminuta recuerde a la Madre María de San José. "Nada de eso", admite la doctora quien, como siempre, como cada día, en las escaleras de la Unidad de Medicina Tropical de la UCV, o en la avenida, o en el camino a su casa, debe asentir cuando se le pregunta si es Raiza Ruiz, la médico que dieron por muerta el 1 de septiembre de 1981. "Hoy cumplo 25 años de difunta", dice, como para dejar claro que hace mucho que se toma una realidad jurídica con humor, pues no le queda más remedio que reconocer que, luego de tener hasta las fotos de su entierro, es completamente normal tener que cumplir con sus deberes y derechos, "de viva y de muerta". Allí, como una ciudadana más, como quiere verse, está Raiza. La mujer, la amiga, la de familia. La que lucha, la que demuestra cada día que merece la pena vivir. Y esa demostración, que no quiere ponerse en la vitrina para que otros la copien como modelo, se la da a sí misma, como en aquellos días de incertidumbre, en los que sólo su fuerza interna, la misma que hoy pregona como impulso, le indicó que la vida aún le deparaba otras emociones, otras situaciones, que debía asumir y que de hecho asumió.

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