Fuga en si mayor
La fuga de Carlos Ortega y de varios oficiales es un regalo
envenenado a Fidel Castro; también es la confirmación
del viejo aserto de los veteranos combatientes, según
el cual el primer deber de todo preso político es fugarse.
En Venezuela ha habido fugas memorables, tal vez la de mayor
recordación fue la de Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff
y Guillermo García Ponce, del cuartel San Carlos.
Por su propia naturaleza, la condena a un político es
siempre y por definición injusta; se trata de sentencias
que obedecen a las necesidades del aparato político-judicial
represivo y que nada tienen que ver con la justicia. En la
medida en que las sanciones son más fuertes, la presión
para procurar la fuga es mayor. Carlos Ortega, seguramente
tuvo que decidir entre más de 15 años en prisión
o la evasión; la decisión no era difícil, aunque
los riesgos son enormes. Antes de la fuga, los evadidos tenían
condenas diversas; hoy, son condenados a muerte; si el Gobierno
los encuentra, lo más probable es que haya un "enfrentamiento"
mortal, a pesar de la oferta del engañado Isaías.
La evasión de una cárcel militar es, además,
signo de que la procesión anda por dentro. Tal vez,
Carlos Ortega y los militares evadidos volvieron a comer
ayer dulce de lechosa. Ojalá logren la libertad que
se les niega; de lo contrario, la ofensa encajada al orgullo
chavista les puede costar la vida. Es un buen momento para
volver a exigir la libertad de los presos políticos.
Carlos Blanco