Per Kurowski // Piscina, lago, océano o bañera
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EN MATERIA del comercio internacional, un país debe decidir
en qué aguas debe nadar. Décadas atrás, los venezolanos
nos encontrábamos en una piscina, no muy grande, pero aceptable
mientras nuestros ingresos petroleros nos permitían cambiar
con frecuencia el agua y pagar el cloro. No obstante, al bajar
los ingresos, el agua en la piscina, por razones naturales sobre
las cuales prefiero no extenderme, comenzó a calentarse
desagradablemente, por lo que autorizamos a unos negociadores
a salir a buscarnos un lago fresco. Encontraron uno bello, el
Lago del Pacto Andino, pero en lugar de dejarnos durante un
buen tiempo en él, aprendiendo a nadar en aguas naturales,
nuestros gobernantes, por echárselas de modernos, fueron
y nos lanzaron al océano. Tragamos agua, nos asustamos,
solicitamos regresar al lago, o quizás hasta a nuestra
vieja piscina, pero esta vez nuestros yo-no-se-qué, echándoselas
de primitivos y originarios, decidieron meternos en una bañera.
Pues bien, ahí en la bañera no podemos quedarnos,
ya se notan las rayas de mugre y tampoco es segura, por cuanto
se te monta un bruto encima y capaz te ahoga. Ahora bien,
lo peor de estar en la bañera es que ello conduce a Venezuela
a un proceso involutivo, donde hay que asegurarse de que cada
generación sea más bruta y más mente de pollo
que la anterior, ya que ésa es la única manera como
evitar que los jóvenes capaces y con iniciativa nos abandonen
para buscar su océano.
Y no es que esto nos esté ocurriendo en una época
donde una bañera de repente pudiera haberse visto hasta
como un exótico jacuzzi. ¡No! Ocurre justamente cuando
todo el resto del mundo anda corriendo para aprender a nadar
en el océano, para no tener que acabar limpiando bañeras
en otros países. No encontraremos en nuestra historia
un período de tanto empequeñecimiento. ¡Ah!...
pero nos dicen que buscamos crear una bella piscina con
Mercosur... ¿Quién va a tragarse que ellos abandonarían
el océano, sólo por bañarse con nosotros?
De seguir por la ruta de esta inconsulta ocurrencia vuelta
imposición, sólo terminaremos bañándonos,
hasta el alba, en unas aguas turbias, ensuciadas por quienes
ni siquiera son familia. Yo sí estuve entre los que
en su momento alertaba que estábamos apurando demasiado
nuestro paso de piscina a océano, pero igual sigo
convencido de que Venezuela, con inteligencia, debe y
puede aspirar a competir con éxito surfeando las
olas de la globalización.
Kurowski@telcel.net.ve
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