CARACAS, miércoles 17 de mayo, 2006 | Actualizado hace
Ante el próximo estreno de la película "El Código
Da Vinci", la Comisión de Doctrina de la Conferencia
Episcopal Venezolana considera conveniente, para la orientación
de los fieles católicos, expresar lo siguiente:
Una película y una novela
1. La película está basada en la novela de
ficción del mismo nombre del escritor inglés Dan
Brown, publicada en 2003, la cual desarrolla una complicada
trama de suspenso ambientada en la presente época, que
pretende demostrar cómo la Iglesia católica habría
conspirado durante dos mil años para evitar que se conozca
la "verdad" sobre Jesús y su relación con María
Magdalena, de quien habría tenido descendencia y a quien
el Señor habría confiado su Iglesia y su mensaje;
los apóstoles se habrían confabulado contra ella,
debiendo escapar a Francia, donde sus descendientes habrían
dado origen a la dinastía de los reyes merovingios, siendo
éstos portadores de la sangre de Jesús en sus venas.
Desde entonces, primero los Caballeros Templarios y después
la sociedad secreta conocida como el Priorato de Sión
habrían protegido a esta descendencia de Cristo de los
ataques de la Iglesia Católica y transmitido sus secretos
en códigos ocultos. Por ejemplo, en "La Última Cena"
de Leonardo Da Vinci, artista del renacimiento y Gran Maestro
de esta organización secreta, la figura junto a Jesús
no sería el apóstol Juan sino María Magdalena,
que representaría el culto a lo sagrado femenino, en
contraste con el catolicismo de marcada tendencia machista,
según sostiene el autor.
2. En la novela Brown revive la vieja tesis de los racionalistas
modernos que niegan la divinidad de Cristo: Jesús no
habría tenido nunca la intención de presentarse
como Dios y su divinización habría sido el resultado
del tipo de cristianismo impuesto por el emperador Constantino
en el siglo IV, a partir del año 313 con su reconocimiento
oficial como religión del imperio por el edicto de Milán,
y de la presión de este emperador a los obispos para
que en el Concilio de Nicea, año 325, condenaran todas
las otras tendencias cristianas que subsistían hasta
el momento, prevaleciendo la organización y la doctrina
de la ortodoxia católica.
3. Esto explicaría, según el relato de la novela,
la actitud de la Iglesia Católica de destruir y ocultar
los llamados evangelios gnósticos y de aceptar únicamente
los cuatro conocidos, Mateo, Marcos, Lucas y Juan; lo mismo
que la persecución de las llamadas herejías y la
quema de brujas en la Edad Media; y en nuestros tiempos la
implacable persecución, con miras a su destrucción,
de la descendencia de Jesús y María Magdalena. Desarrolla
así la novela una trama que resalta la "malvada" conspiración
de cardenales y organizaciones de la Iglesia para impedir
que los secretos celosamente custodiados por el Priorato de
Sión puedan ser conocidos por el mundo, llegando incluso
al asesinato de personas por obra de un sicario, miembro del
Opus Dei.
4. En la argumentación del autor de El Código Da
Vinci juega un papel importante la referencia a los
evangelios gnósticos, los cuales expresarían la
verdadera concepción cristiana de los primeros siglos,
derrotada y execrada por la tendencia impuesta por el emperador
Constantino desde comienzos del siglo IV; estos textos habrían
sido supuestamente ocultados y hasta destruidos por la Iglesia.
Mientras que la herencia de los gnósticos, expresada
en estos escritos, habría sido preservada por sociedades
secretas, especialmente por los Caballeros Templarios en la
Edad Media y -después de perseguidos y aniquilados estos
últimos por la Iglesia Católica- por el Priorato
de Sión, desde el siglo XI hasta nuestros
días, y del cual habría sido Gran Maestro Leonardo
Da Vinci.
5. En la novela las verdades fundamentales de la fe cristiana
son puestas seriamente en cuestión. Jesús no sería
Dios, no habría encomendado la Iglesia a los Apóstoles
sino a una mujer, María Magdalena, con quien habría
engendrado hijos; la Santísima Trinidad no sería
una genuina enseñanza cristiana sino una referencia a
mitos egipcios e hinduistas y la Eucaristía sería
una derivación de ritos paganos en los que un dios era
simbólicamente comido por sus seguidores. De modo que
el catolicismo no sería el verdadero cristianismo y más
bien habría tergiversado las acciones e intenciones de
Jesús y, lo que es peor, habría conspirado para
impedir que la verdad saliera a la luz con destrucción
de documentos, persecuciones y asesinatos desde hace dos mil
años.
Algunas orientaciones
6. Si bien estamos ante un ataque a las creencias y valores
fundamentales del cristianismo y de la Iglesia Católica,
no es asunto de emprender una cruzada en contra de la novela
y la película de Brown; no parece lo apropiado. Ni tampoco
conviene ponerse a la defensiva, porque sería muestra
de una gran inseguridad ante nuestra propia fe. Pero si es
necesario ofrecer criterios que aporten bases sólidas
para una crítica al contenido y una respuesta a las afirmaciones
que arrojan grandes dudas sobre nuestra fe cristiana y sobre
la Iglesia, dada la gran cantidad de personas que han leído
el libro y la que suponemos verá la película. Además,
estamos compelidos a dar cuenta de nuestra fe cristiana que
se apoya en Jesús de Nazaret, Hijo eterno del Padre,
encarnado en la Virgen María, muerto y resucitado para
nuestra salvación y Redentor de la humanidad pecadora,
que fundó una Iglesia que guiada por el Espíritu
Santo es signo e instrumento de salvación para todos.
7. Lo primero debe ser preguntarnos qué clase de obra
es El Código Da Vinci. Se trata de una novela de ficción,
con un hilo argumental de suspenso policíaco, mezclado
con simbología religiosa, antiguos ritos paganos y sociedades
secretas, con el añadido de la teoría de la conspiración,
recurso literario muy popular en la literatura y el cine de
nuestros días (véase caso Kennedy o muerte del Papa
Juan Pablo I). El autor mezcla datos y lugares reales con
personajes y hechos ficticios, presentados como auténticos.
El mismo Dan Brown ha afirmado que su intención es sólo
entretener, aunque ha reivindicado la veracidad histórica
de los acontecimientos y de sus investigaciones. La crítica
literaria e histórica especializadas afirman que obras
como El Código Da Vinci son oportunistas, pueriles, cargadas
de errores y con una base documental poco sólida y no
confiable; su fin primordial es comercial.
8. No es cierto que el reconocimiento de los cuatro evangelios,
Mateo, Marcos, Lucas y Juan, por parte de la Iglesia, como
textos sagrados inspirados por Dios, haya sido fruto de una
decisión tomada tardíamente en el siglo IV con el
expreso interés de eliminar los muchos evangelios existentes
en los primeros siglos. Fue el llamado "sentido de la fe"
del pueblo cristiano (sensus fidei fidelium), con el impulso
divino (acción del Espíritu Santo), que fue seleccionando
aquellos textos que expresaban de modo coherente su fe, despojada
de elementos fantásticos y contradictorios, y que luego
fue confirmada por los pastores de la Iglesia en varios concilios.
Los cuatro evangelios son, pues, el resultado de un proceso
en el que intervienen la revelación de Dios y la fe y
la praxis de la comunidad cristiana, y que parte de un núcleo
histórico fundamental a partir de los acontecimientos
de la vida de Jesús. En cambio los escritos gnósticos
introducen lo fantástico y lo mítico, sin referencia
a la acción reveladora de Dios en la historia y con un
contenido completamente ajeno a lo que era el conjunto de
creencias de los cristianos de los primeros siglos acerca
de Dios, de Jesucristo, de los sacramentos, de la Iglesia
y del modo como ellos practicaban el culto y expresaban su
fe. En El Código Da Vinci se alude a los escritos gnósticos,
especialmente a los evangelios llamados apócrifos (escondidos,
secretos), como expresión de una forma de cristianismo
perseguida y derrotada por el catolicismo impuesto por el
emperador Constantino (siglo IV) tal como ha sido hasta hoy.
9. En realidad el gnosticismo es una corriente místico-religiosa
que surge en ambientes más bien cultos o eruditos del
mundo helénico (griego oriental) y que llegaron a formar
sectas que florecieron especialmente en Egipto en el siglo
II d.C., de donde proceden la mayor parte de los escritos
gnósticos conocidos. Los gnósticos mezclan elementos
cristianos con algunos contenidos míticos-religiosos
provenientes del paganismo griego, de las religiones egipcias
y babilónico-persas, aderezados con elementos del misticismo
filosófico griego; el gnosticismo es, por tanto, un sincretismo
filosófico-religioso para quien la salvación viene
por el conocimiento (gnosis) y no por la fe, como en el auténtico
cristianismo. Por eso restan importancia a la revelación
que viene de Dios y privilegian el esfuerzo de la mente humana
para conocer la realidad del cosmos y del hombre. Desprecian
el cuerpo como realidad aparente y destacan lo espiritual
como lo esencial, el alma debe liberarse del cuerpo (dualismo
antagónico cuerpo-alma). Diferencian entre el Jesús
hombre y el Cristo como entidad espiritual, éste habría
tomado un cuerpo aparente como simple instrumento para estar
sobre la tierra (recordemos que en el Evangelio de Judas,
tan publicitado en la última Semana Santa por un canal
de TV, la misión de aquel era liberar a Jesús de
su cuerpo propiciando su muerte); de allí que para los
gnósticos la encarnación del Hijo de Dios no tiene
el sentido que le da la fe cristiana; Jesucristo no es Dios
igual al Padre y al Espíritu Santo, la resurrección
no es la glorificación del cuerpo. Podemos ver, pues,
que al contrario de lo que afirma la novela los gnósticos
no son los heraldos y depositarios de la verdadera fe, cuya
herencia habría sido resguardada por los templarios (de
los cuales se da una visión completamente divorciada
de la realidad histórica) y algunas sociedades secretas,
entre ellas el mencionado Priorato de Sión (el cual,
por cierto, fue fundado por Pierre Plantard en 1956 y no en
el 1099 como dice la novela, y sus famosos pergaminos fueron
fabricados y escritos en el mismo siglo XX, tal como lo confesó
el mismo Plantard; son, pues, un verdadero fraude). De modo
que el llamado gnosticismo cristiano sería más bien
una expresión heterodoxa del cristianismo. De hecho,
los antiguos Padres de la Iglesia lo consideraban, mucho antes
de Constantino, una herejía.
10. En cuanto a la figura de María Magdalena, referencia
fundamental en la trama del Código Da Vinci, es cierto
que aparece en los relatos evangélicos como parte del
grupo de mujeres, que incluía a la madre de Jesús,
que le seguían y le servían y ayudaban con sus bienes.
Lc 8, 2 cuenta que el Señor la había librado de
siete demonios, estuvo en la crucifixión (Mt 27, 56),
junto al sepulcro (Mt 27, 61), visitó el sepulcro la
mañana de pascua (Mt 28, 1 ss) y fue distinguida con
una aparición del mismo Cristo resucitado antes de que
la experimentaran los mismos apóstoles. Ciertamente,
un lugar destacado, pero nada puede deducirse, ni de los evangelios
mismos, ni de la investigación histórica, que haya
sido mujer de Jesús, que con Él haya tenido hijos
y que, mucho menos, se le haya confiado la conducción
de la Iglesia, hubiese sido perseguida y llegado a Francia
con su descendencia y dado origen a una dinastía real.
Tampoco existen elementos objetivos de juicio sobre el papel
de Leonardo Da Vinci (1452-1519) como miembro de alguna sociedad
secreta para resguardar este supuesto legado, aparte de que
no pudo ser Gran Maestro de algo (el Priorato de Sión)
que para entonces no existía. Ni qué decir del famoso
código secreto en su cuadro de La última cena, no
es más que una fantasía con pretensiones esotéricas;
no hay nada que lo sustente y compruebe. Mientras que respecto
del Santo Grial (cáliz con el que celebró Jesús
en el Cenáculo), identificado con la sangre de rey como
referido a la hipotética descendencia de María Magdalena
y de Jesús, no pasa de ser un simple juego de palabras,
no significa nada.
¿Qué es la Verdad?
11. Al principio hemos dicho que El Código Da Vinci
es una obra de ficción, y la película también;
como son de ficción El Caballo de Troya de J.J. Benítez,
Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, al igual que El Exorcista,
La Profecía, Superman, El Fantasma, El Conde Drácula,
El Rey de León. Nadie que sea sensato se le ocurriría
extrapolar a la realidad lo que lee en estos libros o ve en
estas películas, aun cuando sus contenidos sean presentados
como reales o basados en investigaciones y hallazgos, pero
no cabe duda que hacen daño y dan lugar a matrices de
opinión que van debilitando las convicciones religiosas
y el apego a la fe cristiana. En los últimos decenios
han proliferado películas sobre temas religiosos, como
El Cuerpo -para mencionar sólo una- cuyo argumento central
es el descubrimiento en Jerusalén de una tumba que contendría
los restos de Jesús, lo que contradiría la afirmación
sobre su resurrección, desatándose enseguida una
conspiración del Vaticano, con asesinatos incluidos,
para hacer desaparecer la evidencia. Y así por el estilo
otras novelas y películas que arrojan dudas sobre la
Iglesia y las verdades fundamentales del cristianismo. Por
eso es muy importante que fácilmente no aceptemos la
ficción como verdad.
12. Hay que sacar bienes de los males. Ante esta avalancha
de negaciones, calumnias, difamaciones y hasta blasfemias
disfrazadas de historia, expresadas en El Código Da Vinci
y otras novelas y películas, los cristianos debemos esforzarnos
por conocer mejor las verdades de nuestra fe, particularmente
en lo que se refiere a la persona de Jesús, su encarnación,
su divinidad, el sentido salvífico de su muerte, su resurrección,
la Iglesia, los apóstoles, la Eucaristía y los otros
sacramentos, las sagradas escrituras. Verdades que no provienen
tardíamente del siglo IV d.C. ni del concilio de Nicea
(325 d.C), por presiones del emperador Constantino,
ni son prestadas a los mitos de las religiones paganas, sino
de las enseñanzas del mismo Jesús y de la transmisión
que de ellas hicieron los apóstoles y los primeros cristianos
y que han llegado hasta nosotros por la tradición de
la Iglesia.
13. El espacio no nos permite ahondar aquí en estos
temas, pero exhortamos a los pastores y fieles de la Iglesia
Católica a asumir con seriedad la formación de la
fe en las parroquias y movimientos cristianos, y particularmente
en la catequesis, la educación religiosa en las escuelas
y en las mismas homilías de los sacerdotes. Debemos declararle
la guerra a la ignorancia religiosa. La verdad nos hará
libres y esa verdad es Jesucristo, tal como nos la ha transmitido
la Iglesia desde los apóstoles, testigos privilegiados
de esa verdad.
Comisión de Doctrina de la Conferencia Episcopal de
Venezuela:
† Freddy J. Fuenmayor S.
Obispo de Los Teques
Presidente
† José T. Valera A.
Obispo de La Guaira
† Georges Kahhale Z.
Exarca Apostólico Greco-melkita en Venezuela
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