París. Los cocineros europeos que tienen "tres
estrellas", la máxima distinción de la guía Michelin,
se reunieron ayer en París para dar la bienvenida a los
que han entrado en el selecto grupo en la última edición
de la obra, dice Efe.
Aunque no estuvieron todos, buena parte de los mejores cocineros
del Viejo Continente participaron en un encuentro gastronómico
en el que, entre plato y plato, repasaron los secretos que
les han llevado hasta la élite de la cocina mundial.
Por parte española acudieron a la cita Martín
Berasategui, Santi Santamaría y Juli Soler, propietario
del restaurante El Bulli, junto a Ferrán Adriá.
Faltaron Juan Mari Arzak y Carme Ruscadella, que acaba
de conseguir la tercera estrella Michelin, lo que le convierte
en la cuarta mujer en lograrlo, junto a las italianas
Anita Feole, Luisa Valazza y Nadia Santini.
Berasategui, que entró en el restringido club
de los "tres estrellas" hace un lustro, destacó
la importancia de este reconocimiento, que comparó
con "tocar el cielo con las yemas de los dedos vestido
de cocinero".
"Es como estar entre los mejores y poder hacer lo
que más te gusta. Que nadie me venga hablando
de presión. Presión tenía mi madre,
que tenía el restaurante más barato de San
Sebastián", aseguró el cocinero donostiarra.
En esa opinión coincidió con Santamaría,
dueño del barcelonés Can Fabes, que aseguró
que la tercera estrella Michelin "te otorga libertad
a la hora de hacer cosas y te trae la clientela
más selecta y exigente, los que aman la gastronomía
y tienen curiosidad por conocer otras cocinas".
"Te refuerza en tus criterios, pero al tiempo
sabes que tienes que seguir luchando para mantenerlas,
que tienes que evolucionar, porque te las pueden
quitar", dijo el catalán.
Para Soler, "las estrellas Michelin no son
como los Oscar del cine, que los ganas y ya
no te los quita nadie", sino que "te obligan
a ir cada día al restaurante pensando que
tienes que trabajar para mantenerlas. No tengo
miedo a perderlas, porque sé que cada día
pongo lo mejor de mí mismo en mi trabajo
y eso ya me basta", dijo Berasategui.
Menos miedo a perderlas tiene el francés
Alain Ducasse, una de las "vacas sagradas"
de la cocina mundial y de los que más
tiempo llevan con las tres estrellas.
El francés confesó que "España
tiene un gran potencial gastronómico,
tanto por su talento como por su tradición",
aunque puntualizó que "otros países
también están progresando mucho".
"Lo que pasa es que en España no
había muchas estrellas y ahora han
entrado en otra dimensión. Es positivo
para todos", afirmó Ducasse.
El cocinero dio la bienvenida a su
compatriota Olivier Roellinger, el único
del país que ha sumado una tercera
estrella en la última edición
de la guía, y que se muestra orgulloso
de ser "el primero en lograrlo en la
Bretaña francesa", señaló.