Hazañas del boca floja
La esposa de Ollanta Humala llamó a Chávez "el
boca floja", porque el hablachento personaje le ha aguado
la fiesta al pupilo peruano. Se ha convertido en un agente
infeccioso que todo lo contamina. Sin embargo, esa infección
que se desplegaba a sus anchas por América Latina ha
activado los dispositivos inmunológicos. El morbo no
ha sido derrotado, y no hay garantías a priori de que
vaya a ser fácil hacerlo; sin embargo, la propia naturaleza
de la infección autocrática ha activado la emergencia.
Las alarmas están encendidas y las sirenas ululan en
el vecindario regional.
LA INFECCION. Chávez representó una respuesta
a la fatiga democrática en Venezuela. El no es sólo
un atarantado escandaloso, sino la representación de
una frustración. El grave error de muchos demócratas
dentro y fuera del país ha sido tratarlo como a un
loco furioso, sin percibir las fuerzas que lo promovieron
y que él ha expresado.
Sin embargo, Chávez no se resignó a expresar
un descontento nacional, que fue el que lo empujó
a la Presidencia, sino que se propuso una revolución
que, bien pronto, se mostró imposible. Este personaje
no ha percibido que tal designio requiere unas fuerzas
nacionales e internacionales de las cuales no dispone.
La época no es propicia a tales desatinos.
En Venezuela no se ha hecho una revolución, ni
se podía hacer y ya no pueden intentarla. Este
régimen es un militarismo socialista posmoderno,
gritón, represivo y desproporcionadamente inútil.
Sobre la base de las tesis guevaristas y de un primitivo
trostkismo, estos próceres se empeñaron en
hacer la revolución latinoamericana.
Con esa apetencia, se dieron a la tarea de apoyar
a todos los movimientos similares, con el auxilio
atrevido del botín del Estado; herramienta que
bien administrada da muchos frutos políticos;
pero que, mal administrada, se puede convertir en
un agobio.
Dentro del país, esa billetera pródiga
ha producido tres resultados deslumbrantes. Primero,
ha dominado a la élite militar sin disparar
un solo tiro, como no sean los cartuchos que en
vez de guáimaros tienen dólares; segundo,
ha producido una burguesía bolivariana desconsideradamente
ladrona y, sin embargo, desleal a la mano que la
ceba; y, finalmente, ha mareado a un sector muy
pobre de la sociedad, estructurado para ver cómo
todos sus integrantes se conectan al gastoducto
estatal. Como se observa, ha comprado apoyo, mas
no compromiso; ha logrado que muchos se pongan franelas
rojas, pero odien tener que hacerlo.
En el ámbito internacional, bichos y bichitos
de toda ralea han pasado por taquilla. Desde pedigüeños
de hombrillo, hasta prospectos de líderes
nacionales como los "hermanos" Evo y Daniel, sin
contar con el pesado bacalao de esa marca comercial
tan onerosa que es Fidel Castro.
Sin embargo, Chávez cometió un error
irreversible: subestimó a los demócratas
de Venezuela y de América Latina. No se
dio cuenta de que el reparto de dinero no satisface
necesidades, sino que las crea; el que recibe
una dádiva (o unos milloncejos, en el caso
de la burguesía ladrona) pasa del agradecimiento
a la exigencia; de reconocer un favor a reclamar
un derecho adquirido.
Estos revolucionarios no han percibido todavía
el impacto social que significa que las familias
más depauperadas, en vez de organizarse
para el trabajo, distribuyan a todos sus miembros
para que se conecten a las mangueras de las
diversas "misiones". No tienen idea del duende
que se escapó de la botella y que anda
suelto, reilón y desnudo por las calles.
De la misma manera, pretendió dominar
un proyecto político con base en la
chequera saudí.
En varios países les dio impulso
a sus seguidores, así como a movimientos
indígenas y sociales, grupos guerrilleros
y asociaciones de revolucionarios nostálgicos;
no dejó de arrimarle la canoa a discretos
profesores universitarios ávidos
de viajar con el pretexto de explicar
la odisea chavista; junto a propagandistas
de pluma recargada y espléndidas
tarifas.
Encima de su retórica y del uso
ilegal de los fondos públicos venezolanos,
el caudillo venezolano se desplegó
en el continente. La revolución
aparecía como una mancha roja que
avanzaba, trasponiendo los límites
que este paisito suramericano le imprimía
a la ambición bienhechora del militar
barinés.
LOS ANTICUERPOS. Los voceros de
la disidencia democrática se
quedaron afónicos explicándole
al mundo la naturaleza de la autocracia
boli variana; pero, los gobiernos
_aunque advertidos de la zozobra
venezolana_ consideraban que había
que torear al colérico teniente
coronel, como si de un orate se
tratara.
Debe recordarse que fue la oposición
la que comenzó a decirle
a Estados Unidos, a los países
latinoamericanos y al mundo, lo
que pasaba en Venezuela. Una sonrisa
de conmiseración era, para
ese entonces, la respuesta más
común.
El desenfreno del autoritarismo
chavista, tal parecía,
entraba como río en conuco
en una América Latina descontenta
y desigual, ávida de un
delirio aunque fuera sobre El
Chimborazo. Al cabo del tiempo,
ya se ha visto, Chávez
en realidad no resuelve problemas
sino que pisa callos, ofende
dignidades, interviene en asuntos
foráneos; y, más que
eso, ha comenzado a crear conflictos
políticos de alta monta
en el escenario internacional.
Pretendía el insolente
barinés, llevado por la
diosa Fortuna y por un atrevido
manejo de lo que no le pertenece,
montarle el tinglado a Lula
y a Uribe, a Bachelet y a Tabaré,
a Toledo y a Evo; no advertía
el osado redentor que cada país
es un delicado sistema de pesos
y contrapesos, y que cuando
un paquidermo entra en el recibo
de la casa, altera el equilibrio
y se convierte, aun para sus
simpatizantes, en un problema.
A la ola del trasnochado
socialismo bolivariano, se
le comienza a levantar una
contraola que ya asoma en
los descontentos que se levantan
frente a Humala, a López
Obrador en México, a
Ortega en Nicaragua y a otros
personajes a los cuales Chávez
ha pretendido alinear en sus
posiciones. No todos representan
lo mismo que éste, pero
el solo hecho de haber tratado
de colocarlos en su mismo
cepo los ha perjudicado ante
sus compatriotas.
El hecho clave, que ahora
se tratará de disimular,
es el directo y, al mismo
tiempo, implacable deslinde
que ha hecho Lula. Este
le puso un "parao" al Presidente
venezolano que, de hecho,
lo rebaja y coloca en su
sitio; más aun, lo
saca del club de la izquierda
moderna latinoamericana
en la que se había
colado sin títulos;
apenas ayudado por la manganzonería
senil de Fidel Castro.
LA VACUNA. Chávez
ahora no es un problema
sólo de los que
acá viven. Toda
la red mafiosa internacional
que se ha construido
en torno a su proyecto
es actora de la depredación
de los derechos y recursos
de los habitantes de
Venezuela; por tanto,
este solo hecho autoriza
_y más aun, exige_
a los demócratas
del mundo el colocarse
al lado de la disidencia
venezolana. Chávez
internacionalizó
la lucha por su proyecto
político; ahora
a los demócratas
venezolanos no les queda
más remedio que
hacer lo mismo.
carlosblancog@cantv.net
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