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Carlos blanco // Tiempo de palabra
  DIARIO
domingo 14 de mayo de 2006  12:00 AM

Hazañas del boca floja

La esposa de Ollanta Humala llamó a Chávez "el boca floja", porque el hablachento personaje le ha aguado la fiesta al pupilo peruano. Se ha convertido en un agente infeccioso que todo lo contamina. Sin embargo, esa infección que se desplegaba a sus anchas por América Latina ha activado los dispositivos inmunológicos. El morbo no ha sido derrotado, y no hay garantías a priori de que vaya a ser fácil hacerlo; sin embargo, la propia naturaleza de la infección autocrática ha activado la emergencia. Las alarmas están encendidas y las sirenas ululan en el vecindario regional.

LA INFECCION. Chávez representó una respuesta a la fatiga democrática en Venezuela. El no es sólo un atarantado escandaloso, sino la representación de una frustración. El grave error de muchos demócratas dentro y fuera del país ha sido tratarlo como a un loco furioso, sin percibir las fuerzas que lo promovieron y que él ha expresado. Sin embargo, Chávez no se resignó a expresar un descontento nacional, que fue el que lo empujó a la Presidencia, sino que se propuso una revolución que, bien pronto, se mostró imposible. Este personaje no ha percibido que tal designio requiere unas fuerzas nacionales e internacionales de las cuales no dispone. La época no es propicia a tales desatinos. En Venezuela no se ha hecho una revolución, ni se podía hacer y ya no pueden intentarla. Este régimen es un militarismo socialista posmoderno, gritón, represivo y desproporcionadamente inútil. Sobre la base de las tesis guevaristas y de un primitivo trostkismo, estos próceres se empeñaron en hacer la revolución latinoamericana. Con esa apetencia, se dieron a la tarea de apoyar a todos los movimientos similares, con el auxilio atrevido del botín del Estado; herramienta que bien administrada da muchos frutos políticos; pero que, mal administrada, se puede convertir en un agobio. Dentro del país, esa billetera pródiga ha producido tres resultados deslumbrantes. Primero, ha dominado a la élite militar sin disparar un solo tiro, como no sean los cartuchos que en vez de guáimaros tienen dólares; segundo, ha producido una burguesía bolivariana desconsideradamente ladrona y, sin embargo, desleal a la mano que la ceba; y, finalmente, ha mareado a un sector muy pobre de la sociedad, estructurado para ver cómo todos sus integrantes se conectan al gastoducto estatal. Como se observa, ha comprado apoyo, mas no compromiso; ha logrado que muchos se pongan franelas rojas, pero odien tener que hacerlo. En el ámbito internacional, bichos y bichitos de toda ralea han pasado por taquilla. Desde pedigüeños de hombrillo, hasta prospectos de líderes nacionales como los "hermanos" Evo y Daniel, sin contar con el pesado bacalao de esa marca comercial tan onerosa que es Fidel Castro. Sin embargo, Chávez cometió un error irreversible: subestimó a los demócratas de Venezuela y de América Latina. No se dio cuenta de que el reparto de dinero no satisface necesidades, sino que las crea; el que recibe una dádiva (o unos milloncejos, en el caso de la burguesía ladrona) pasa del agradecimiento a la exigencia; de reconocer un favor a reclamar un derecho adquirido. Estos revolucionarios no han percibido todavía el impacto social que significa que las familias más depauperadas, en vez de organizarse para el trabajo, distribuyan a todos sus miembros para que se conecten a las mangueras de las diversas "misiones". No tienen idea del duende que se escapó de la botella y que anda suelto, reilón y desnudo por las calles. De la misma manera, pretendió dominar un proyecto político con base en la chequera saudí. En varios países les dio impulso a sus seguidores, así como a movimientos indígenas y sociales, grupos guerrilleros y asociaciones de revolucionarios nostálgicos; no dejó de arrimarle la canoa a discretos profesores universitarios ávidos de viajar con el pretexto de explicar la odisea chavista; junto a propagandistas de pluma recargada y espléndidas tarifas. Encima de su retórica y del uso ilegal de los fondos públicos venezolanos, el caudillo venezolano se desplegó en el continente. La revolución aparecía como una mancha roja que avanzaba, trasponiendo los límites que este paisito suramericano le imprimía a la ambición bienhechora del militar barinés. LOS ANTICUERPOS. Los voceros de la disidencia democrática se quedaron afónicos explicándole al mundo la naturaleza de la autocracia boli variana; pero, los gobiernos _aunque advertidos de la zozobra venezolana_ consideraban que había que torear al colérico teniente coronel, como si de un orate se tratara. Debe recordarse que fue la oposición la que comenzó a decirle a Estados Unidos, a los países latinoamericanos y al mundo, lo que pasaba en Venezuela. Una sonrisa de conmiseración era, para ese entonces, la respuesta más común. El desenfreno del autoritarismo chavista, tal parecía, entraba como río en conuco en una América Latina descontenta y desigual, ávida de un delirio aunque fuera sobre El Chimborazo. Al cabo del tiempo, ya se ha visto, Chávez en realidad no resuelve problemas sino que pisa callos, ofende dignidades, interviene en asuntos foráneos; y, más que eso, ha comenzado a crear conflictos políticos de alta monta en el escenario internacional. Pretendía el insolente barinés, llevado por la diosa Fortuna y por un atrevido manejo de lo que no le pertenece, montarle el tinglado a Lula y a Uribe, a Bachelet y a Tabaré, a Toledo y a Evo; no advertía el osado redentor que cada país es un delicado sistema de pesos y contrapesos, y que cuando un paquidermo entra en el recibo de la casa, altera el equilibrio y se convierte, aun para sus simpatizantes, en un problema. A la ola del trasnochado socialismo bolivariano, se le comienza a levantar una contraola que ya asoma en los descontentos que se levantan frente a Humala, a López Obrador en México, a Ortega en Nicaragua y a otros personajes a los cuales Chávez ha pretendido alinear en sus posiciones. No todos representan lo mismo que éste, pero el solo hecho de haber tratado de colocarlos en su mismo cepo los ha perjudicado ante sus compatriotas. El hecho clave, que ahora se tratará de disimular, es el directo y, al mismo tiempo, implacable deslinde que ha hecho Lula. Este le puso un "parao" al Presidente venezolano que, de hecho, lo rebaja y coloca en su sitio; más aun, lo saca del club de la izquierda moderna latinoamericana en la que se había colado sin títulos; apenas ayudado por la manganzonería senil de Fidel Castro. LA VACUNA. Chávez ahora no es un problema sólo de los que acá viven. Toda la red mafiosa internacional que se ha construido en torno a su proyecto es actora de la depredación de los derechos y recursos de los habitantes de Venezuela; por tanto, este solo hecho autoriza _y más aun, exige_ a los demócratas del mundo el colocarse al lado de la disidencia venezolana. Chávez internacionalizó la lucha por su proyecto político; ahora a los demócratas venezolanos no les queda más remedio que hacer lo mismo. carlosblancog@cantv.net

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