Siempre sentimos curiosidad por llegar a esta encantadora
ciudad, enclavada en la Amazonía de Brasil y de la cual
es orgullosa capital. Cinco miembros del Caribbean Eagle Moto
Club de Venezuela, nos dispusimos a realizar ésta aventura
en nuestras motos Harley-Davidson y, gracias a Dios, alcanzamos
la meta.
Un viaje fascinante porque hicimos algo que nos gusta: recorrer
a nuestras anchas muchos kilómetros en los briosos Caballos
de Acero. Los caminos, paisajes, ciudades, pueblos, parajes
y, en fin, todo lo que vimos y sentimos en esos cinco mil
kilómetros de recorrido, fue tan sorprendente que haría
extasiarse a quien se atreva –como nosotros– a hurgar en esa
especial fantasía.
Desde Caracas a Santa Elena de Uairén, nos tropezamos
con el embrujo de la Gran Sabana, que nunca deja de sorprender
(ya recorrido en otras oportunidades). Una vez cruzada la
frontera entramos a la bien planificada ciudad de Boa Vista,
para seguir hacia Caracaraí y posarnos sobre el río
Branco. Cruzamos la línea ecuatorial y entramos a la
exuberante selva tropical, asiento de una de las más
extensas reservas indígenas, perteneciente a la comunidad
de los indios waimirí atroari. Corredor de más de
ciento treinta kilómetros, celosamente cuidado y donde
no permiten pararse, tomar fotos, por respeto a los pobladores
de la zona.
Muchas horas de lluvia inclemente, algunos contratiempos
propios de conducir una moto por más de ochocientos kilómetros
diarios. Sin embargo, ahí estaba el premio al esfuerzo:
Manaus. Lo habíamos logrado. Mauricio Ceron, Beltrán
Velásquez, Carlos Llorens, Javier Maltese y quien suscribe,
conquistamos El Gran Reto.
Nos recibía una ciudad húmeda y calurosa, pero
con la alegría de todas las ciudades portuarias.
Allí mismo, donde reina fastuoso su famoso Teatro de
la Opera, donde se muestra orgulloso e impresionante su Puerto
Fluvial sobre “pontones”, y al cual llegan con regular periodicidad
grandes barcos de cruceros y cabotaje, también se produce
un mágico fenómeno natural. Se trata de la unión
de las aguas de los ríos Negro y Solimoes para formar
el río Amazonas.
Realmente es algo mítico y maravilloso, que solo quienes
lo ven pueden dar fe de dicha impresión.
El resto de la ciudad es atractiva. Sus garotas, con la gracia
de su belleza, le dan un brillo especial. Sus restaurantes,
en especial el Toro Loco, son sensacionales. Manaus, o Manaos,
fue una experiencia única e irrepetible. ¿Se atreve
usted?
Vicente Ortiz Lozada