Una mujer y "El problema del infierno"
La académica estadounidense Samantha Power ha pasado toda su vida estudiando la dinámica del genocidio
Andrés Mata Osorio
 
El erudito contemporáneo de mayor renombre mundial sobre el tema del genocidio en el siglo XX es una mujer, la doctora Samantha Power, quien es profesora en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. Power vivió su infancia en Irlanda, una isla que, sin lugar a dudas, le sirvió como laboratorio empírico inicial para estudiar la dinámica durante siglos de polarización e intolerancia religiosa. Su obra The Problem from Hell (El problema del infierno), que consta de 600 páginas y fue galardonada con el Premio Pulitzer en 2002, revisa la dinámica social de lo que cataloga como el genocidio en la Edad Moderna.

Explica la doctora Power que el término "genocidio" lo acuñó un retraído abogado, Raphael Lemkin, en un intento por describir y comprender la magnitud de los controles sociopolíticos que aplicaron las potencias del Eje durante la ocupación de Europa Central a principios de los años cuarenta. La palabra "genocidio" proviene de la raíz griega "genos", que significa "gente, o un gran grupo de individuos" y "cidio", que significa "asesinar". Así, genocidio tiene mayores connotaciones que "etnocidio", que es el exterminio o intento de aniquilar a toda

una raza. Hasta aquel entonces, la práctica histórica de ejecutar a grandes grupos de personas a causa de su religión, ocupación, estatus social, origen geográfico, idioma o raza era un crimen sin nombre.

La fuente histórica indica que el genocidio, el delito de tratar de eliminar a grupos enteros de personas, ha sido una costumbre a través de los siglos. El Libro de Josué expone la destrucción por parte de los israelitas de comunidades enteras en Canaán. En su narración de la Guerra del Peloponeso, Tucídides describe la práctica de devastar una ciudad-Estado o toda una isla matando a todos los hombres adultos sanos, además de vender a las mujeres y niños como esclavos. Los griegos no se quedaron atrás con el hábito genocida de acabar con una ciudad completa  y gracias a la riqueza verbal del griego antiguo ellos sí le tenían nombre a ese crimen.

Tras su conquista en las Guerras Púnicas, Roma aniquiló a Cartago de la misma manera, y fue tan lejos como para emprender una forma temprana de ecocidio al esparcir sal marina en las adyacencias de la ciudad derrotada. Por supuesto, la colonización del nuevo mundo es otro ejemplo. Fray Bernardino de Sahagun y Bartolomé de las Casas lamentan y condenan la carnicería con espada y plaga de las tribus indígenas. Tampoco el genocidio se limita al Occidente. En la Edad Media, los ainu caucásicos de la isla de Hokkaido fueron prácticamente exterminados por sus coterráneos japoneses.

Claro está, el ejemplo más titánico del genocidio moderno como táctica alevosa de política es el Holocausto (Shoah). Cometeríamos una gran injusticia si negáramos que alguna vez tuvo lugar. La amnesia colectiva no es una forma legítima de revisión de la Historia. Precisamente, el pasado 18 de abril, el Gobierno alemán tomó la decisión de abrir los archivos nazis que contienen información sobre unos 17 millones de judíos y trabajadores esclavizados que hace seis décadas fueron perseguidos y asesinados durante el Holocausto, material que permaneció vetado al público en virtud de un derecho ejercido en su carácter de miembro del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

 La disposición anunciada por la ministra de Justicia alemana, Brigitte Zypries, permitirá a familiares e historiadores acceder a los archivos masivos contenidos en unos 25 kilómetros de anaqueles correspondientes al año 1945, del Comité Internacional de Rastreo, creado por el Tratado de Bonn del 6 de julio de 1955. (1)

"Power vivió su infancia en Irlanda, una isla que, sin lugar a dudas, le sirvió como laboratorio empírico inicial para estudiar la dinámica durante siglos de polarización e intolerancia religiosa "

Estos archivos, con unos 17 millones de nombres, fueron depositados por ciudadanos de 11 países en Bad Arolsen, Alemania, en 1955. Tal como lo certifican sus creadores, los archivos contienen documentación íntegra de Dachau y Buchenwald, así como listas de prisioneros y registros de campos de trabajo forzado, de desplazados y guetos.

Sobre la decisión de Alemania, según Sara Bloomfield, directora del Museo en Memoria del Holocausto, en Washington, principal impulsor de la desclasificación de documentos, "la medida no podía ser más oportuna. Estamos perdiendo a los sobrevivientes y el antisemitismo va en aumento. Este paso histórico, sin duda, ayudará a evitar que se repitan atrocidades de esta naturaleza".

La doctora Power relata la manera como Raphael Lemkin persuadió a Naciones Unidas para que aceptara el término "genocidio" y lo reconociera como un delito. El 12 de enero de 1951 entró en vigencia como ley internacional la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Allí se establece que las naciones que fungen de partes contratantes de la nueva ley lo hicieron en el entendido de que "en todos los períodos de la Historia, el genocidio ha infligido grandes pérdidas a la humanidad".

Power ahonda en detalle sobre los genocidios perpetrados en el siglo XX. Echa a andar con el caso armenio en la I Guerra Mundial. Prosigue para elucidar la práctica del genocidio en la Europa ocupada durante la II Guerra Mundial, Camboya bajo el régimen del Jemer Rojo, y la utilización de armas químicas por Irak contra los kurdos y otras minorías. Culmina su obra con largos ensayos sobre Bosnia, Ruanda, Srebrenica y Kosovo.

Para Power, sin embargo, el propósito de la tesis sobre el genocidio entraña más que la simple enumeración de atrocidades y el abocarse a estudios comparativos de carnicería y daños colaterales. Su labor tiene un supremo valor profiláctico en la identificación de los rituales sociales y las rutinas colectivas que son los signos precursores de un posible genocidio. Como política intencional de Estado, el genocidio se produce únicamente después que una minoría en particular ya ha sido objeto de discriminación y exclusión, al tiempo que toda la población ya está abrumada con la incesante propaganda apoyada por el Gobierno acerca de sus aviesas actividades y características. En muchos casos, se ponen a circular listas de ciudadanos indeseables con miras a limitar su acceso a las actividades promovidas por el Estado, la educación y la salud.

El empleo de los medios para estigmatizar a la clase minoritaria en cuestión sienta las bases para los rituales públicos de violencia. Un ejemplo de esto fue, el 9 de noviembre de 1938, el Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos, que vivió Andrés Mata Heuer cuando era un joven estudiante venezolano en Alemania. Esa noche se atacó a más de siete mil locales comerciales y también se agredió y asesinó a miembros muy representativos de la comunidad judía.  Al día siguiente los periódicos alemanes sólo destacaron las pérdidas sustanciales de las empresas de seguros sin reseñar lo demás. Estos asesinatos políticos  tienen el mismo valor simbólico que poseen los sacrificios humanos en las sociedades premodernas. (2) 

En un sentido mágico, los problemas de la sociedad: inflación, desempleo, etcétera, se desvanecerán si la sociedad se purifica de la contaminación causada por el enemigo interno, a menudo imaginario. Todo lo que necesita el Estado para hacer el trabajo es un pequeño grupo organizado de matones, además de la indiferencia de la mayoría.

Power abriga la esperanza de que la Historia moderna no tiene por qué ser la trágica repetición de la Historia antigua; esta vez con tecnologías mucho más letales. Destaca que en la Edad Contemporánea la naturaleza instantánea de los modernos medios internacionales de comunicación puede detectar los genocidios que se realizan sobre la marcha. A manera de ejemplo, cita el trabajo de Roy Gutman, el reportero de Long Island Newsday, quien fue el primero en llamar la atención mundial hacia los campos de detención serbios en Bosnia en 1991. Con el objeto de ilustrar  que la comprobación ante terceros del genocidio es lenta, laboriosa y con frecuencia peligrosa, Power cita a una joven médica serbia, Selma Hecimovic.

"Al final, me cansé un poco de tratar constantemente de comprobar. Teníamos que comprobar el genocidio, teníamos que comprobar que nuestras mujeres eran violadas, que se mataba sistemáticamente a los niños. Cada vez que tomo una declaración de estas mujeres, y ustedes los periodistas querrán entrevistarlas, imagino a esa gente, desinteresada, sentada en una bella casa, con una hamburguesa y una cerveza por delante, alternando los canales en la televisión. Realmente no sé qué es lo que tiene que pasar, qué mayor sufrimiento les espera a los musulmanes para que el llamado mundo reaccione...".


Aunque estemos al corriente de las atrocidades del pasado, podemos condenarnos a repetir la misma historia si nos mantenemos apáticos ante las atrocidades que se producen en el presente. Sin duda, el problema del infierno, ya tan exhaustivamente estudiado por Power, seguirá formando parte de las noticias del mañana.

(1) Para información sobre el Comité de Rastreo Internacional, consulte la edición de "The Washington Post" del 25/03/2006.
(2) Véase "La Rama Dorada", de sir James Frazer


PLANETA FEMENINO | FRASES QUE PASARON A LA HISTORIA

Napoleón Bonaparte
"Una mujer hermosa agrada a los ojos; una mujer buena agrada al corazón; la primera es un dije; la segunda es un tesoro".

Honoré de Balzac
"En las mujeres, el instinto equivale a la perspicacia de los grandes hombres".

Margaret Thatcher
"En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él".

Gabriel García Márquez
"Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la Historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata".

 

 
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