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“El reto no implica desdibujar la esencia femenina, pero tampoco supeditar todo a la frivolidad con la que los negados al desarrollo femenino estigmatizaban la belleza y los deseos de poseerla”.
La mujer de hoy es así. Decidida y con fuerza moral para ejercer su libertad intelectual, bien en los más altos cargos gerenciales, en un laboratorio de investigaciones científicas -fácticas o sociales- o en el hogar, como la más dedicada y abnegada ama de casa. Saber abordar ese abanico de opciones es el reto de la mujer de hoy. Su condición ligada a la procreación de manera extraordinariamente activa la lleva, en la mayoría de los casos, a aceptar los roles de madre protectora y educadora a la par de sus otras facetas. Sin embargo, lejos de entender esa posición como algo endosado a disgusto, la mujer de hoy afronta la maternidad como un reto adicional del cual no desea desprenderse. La responsabilidad de estar cerca de los hijos y participar de manera directa en la formación de un ser humano, sin dejar de lado a la figura paterna, pero demarcando su actividad concreta para que al final el producto terminado lleve intrínseco la marca de fábrica, brinda a la mujer una armadura especial que le hace comprender el fenómeno de la vida y sus implicaciones de una manera singular, ciertamente, en porcentajes elevados, mejor que los hombres. La mujer, sin embargo, lo que ha hecho es ir siempre hacia adelante, añadiendo mayores posibilidades a su entorno. Así cambió sus modos de vestir, así salió a la calle a trabajar, así conquisto el legítimo derecho a escoger, así se hizo libre. El reto para ella está siempre latente, y la visión estética luce, por qué no iba a ser así, irremediablemente ligada a su condición; pero no es esa relación un elemento que la desarme en su incesante lucha; de hecho el esteticismo con el cual ha ganado notoriedad comienza a ser copiado por tendencias masculinas que entienden que el verse bien es un arma indestructible, que a las mujeres les ha dado resultado. El reto no implica desdibujar la esencia femenina, pero tampoco supeditar todo a la frivolidad con la que los negados al desarrollo femenino estigmatizaban la belleza y los deseos de poseerla. ¿No es, entonces, un reto diario ser íntegra, competente, capaz, metódica, decidida, creativa, luchadora, tenaz, auténtica, y además de eso ser madre, esposa y siempre bella? La complejidad de roles y el correcto desempeño en ellos es el principal escollo por el que pasa la mujer en este momento. Quizá la evolución la lleve a convencerse de que la perfección en ese estilo de vida compuesto sea imposible, pero por convicción y naturaleza no dejará de intentarlo. Es una aspiración continua de desarrollo la que mueve, en sentido general, a la mujer de estos tiempos. Incluso aquellas que parecieran ir varios pasos atrás son movidas por esa vorágine que no permite el distanciamiento, al menos en los términos más generalizados de igualdad. A la mujer, por ejemplo, mayoría en el mundo, si de cuantificación se trata, le cuesta entender por qué se celebra el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, como quien dedica, en atención a los débiles, una escuálida mirada, pero al mismo tiempo entiende que el proceso histórico requiere de fases que le enseñen al hombre -entendido aquí en su sentido más general- que ha habido evolución y que no siempre -aunque la lucha ha sido constante- las condiciones de igualdad han prevalecido, y de hecho, pese a las líneas previas, aún hoy existen mujeres que no han abordado el tren del desarrollo, y en consecuencia otro reto que enfrenta la mujer es ampliar ese mundo puesto al descubierto en buena dimensión, pero no por todas las conquistadoras posibles. |



