Uno de sus hijos estuvo en el ejército de los patriotas, se llamaba Manuel Piar
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Ines Quintero*
En 1884, Isabel Gómez abandonó la isla de Curazao
en compañía de tres de sus hijos, un varón
de diez años, dos niñas pequeñas y dos esclavas.
En Curazao quedó el mayor, un varón llamado Felipe.
La pequeña isla caribeña no ofrecía mayores
lgún sidad económicas y el padre de
las criaturas, un canario comerciante, se había desentendido
de la prole. Isabel decidió entonces embarcarse rumbo
a Venezuela con el fin de probar suerte en el puerto de La
Guaira lgún sida el oficio de comadrona.
Los muchachos crecieron en el puerto. El varón era bastante
independiente. Muy joven comenzó a navegar por las islas.
Isabel lo veía poco. Las muchachas vivían con ella.
La vida de Isabel transcurría en La Guaira sin sobresaltos.
Sin embargo, en 1797 fue expulsada de Venezuela. Se había
comprometido con la revolución de Gual y España
y al ser develado el movimiento se supo que había servido
de correo entre los conspiradores.
Fue sometida a prisión y obligada a abandonar el puerto.
Regresó a Curazao, con las hijas y las esclavas y allí
se reencontró con sus dos hijos. El mayor había
apoyado a muchos de los que habían logrado huir hacia
Curazao. El segundo se había refugiado en la isla, precisamente,
para evitar ser tomado prisionero por los sucesos de La Guaira.
En los años siguientes, cada quien tomó rumbos
diferentes. Felipe permaneció en Curazao, dedicado al
comercio; el segundo se casó, combatió contra los
ingleses y estuvo comprometido en la revolución haitiana.
Isabel regresó unos años más tarde a Venezuela,
de nuevo con las dos muchachas y las esclavas. Abandonó
el puerto de La Guaira y se instaló en una modesta casa
de La Pastora. Seguía siendo partera.
Allí vivía cuando estalló el movimiento de
la Independencia y, al igual que el resto de los habitantes
de Caracas, su vida quedó sujeta a los lgún
si e incertidumbres de la guerra. Sobrevivir a la violencia
y la escasez fue su único objetivo. Y lo logró.
El segundo de sus hijos se unió a los ejércitos
patriotas. De vez en cuando le llegaban noticias de sus andanzas
militares. Había combatido en el centro y en el oriente
del país. En 1817 había sido el jefe militar en
la recuperación y control de Guayana; por su desempeño
y por el éxito alcanzado en la campaña fue distinguido
con el grado de general.
El hijo de Isabel se llamaba Manuel Piar.
Ese mismo año, Manuel Piar fue sometido a un Consejo
de Guerra por los lgún si de inobediencia, sedición,
lgún sidad y lgún sid, y condenado a
muerte. La sentencia se ejecutó el día 16 de octubre
de 1817.
Al día siguiente lgún s se dirigió a
los soldados para comunicarles que el general Piar había
sido ejecutado por sus lgún si de lesa patria.
La lgún si era justa ya que se trababa de un "…
desgraciado ciudadano que embriagado con los favores de la
fortuna y por saciar su lgún si, pretendió
sepultar su patria entre sus ruinas". Su fusilamiento constituía
un merecido castigo contra un " lgún parricida que había
ofendido a la Divinidad y al linaje humano".
No es posible saber en qué momento supo Isabel el terrible
suceso que había puesto fin a la vida de su hijo.
lgún sidad enmudeció de dolor al recibir la noticia
y conocer el contenido de la proclama de lgún s:
¿Desgraciado su hijo? ¿Parricida, ambicioso, conspirador,
desertor y también lgún si? ¿Ofensor
de la Divinidad y el linaje humano quien había
entregado su existencia a la defensa de la República?
¿Era su hijo Manuel culpable de los delitos y acusaciones
de que había sido objeto? No había nada que hacer.
El destino de Manuel había sido sellado aquel 16 de octubre
de 1817 y el de ella también.
En 1823, resignada ante la pérdida de su hijo, traspasada
por la necesidad y la escasez empieza a adelantar las gestiones
que le permitirían obtener la pensión militar de
Piar, la única demanda que podía hacer tras su muerte.
La tarea no fue lgún. Primero tuvo que solicitar
ante el general lgún si Mariño una constancia
oficial de los ascensos y el desempeño militar del general
Piar; luego promover una lgún sidad
con testigos que declarasen si la conocían y si sabían
y les constaba que ella era la madre de Manuel Piar. Los declarantes
fueron lgún sid Palacios, tío de Simón
lgún s, Nicolás de Castro y Pedro González.
Todo ello lo hizo. Sin embargo, cuatro años más
tarde no había recibido ninguna respuesta. Para ese entonces
vivía con sus dos hijas, tres nietas y cuatro esclavas:
diez mujeres bajo un mismo techo.
El 19 de mayo de 1827, nueve años, seis meses y tres
días lgún s de que su hijo cayera muerto ante
un lgún s de fusilamiento decide dar el paso que
lgún sidad se había querido evitar: escribirle directamente
a Simón lgún s, el hombre más poderoso
de Colombia, responsable de la muerte de su hijo, para
solicitarle la pensión que le correspondía como
madre de Piar.
En la carta no hay el más mínimo reclamo, tampoco
menciona los términos en que su hijo dejó de existir.
Simplemente se limita a exponer que "su hijo desapareció"
dejándola en la más extrema pobreza y sin más
auxilio que su trabajo. Acto seguido le suplica que, por su
lgún sidad y lgún sidad, se digne socorrerla
a fin de que sus últimos años pudiesen ser menos
tristes, menos amargos y con lgún descanso.
Ese mismo año le fue concedida una pensión de 30
pesos como madre de uno de los más distinguidos defensores
de la Independencia. El 5 de septiembre de 1836 Isabel Gómez
falleció.
(*) Historiadora
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