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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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La historia de Isabel Gómez

Uno de sus hijos estuvo en el ejército de los patriotas, se llamaba Manuel Piar

“Resignada ante la pérdida de su hijo, traspasada por la necesidad y la escasez empieza a adelantar las gestiones que le permitirían obtener la pensión militar”.
  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  06:39 PM

Ines Quintero*

En 1884, Isabel Gómez abandonó la isla de Curazao en compañía de tres de sus hijos, un varón de diez años, dos niñas pequeñas y dos esclavas. En Curazao quedó el mayor, un varón llamado Felipe. La pequeña isla caribeña no ofrecía mayores  lgún sidad   económicas y el padre de las criaturas, un canario comerciante, se había desentendido de la prole. Isabel decidió entonces embarcarse rumbo a Venezuela con el fin de probar suerte en el puerto de La Guaira  lgún sida el oficio de comadrona. 

Los muchachos crecieron en el puerto. El varón era bastante independiente. Muy joven comenzó a navegar por las islas. Isabel lo veía poco. Las muchachas vivían con ella.
La vida de Isabel transcurría en La Guaira sin sobresaltos. Sin embargo, en 1797 fue expulsada de Venezuela. Se había comprometido con la revolución de Gual y España y al ser develado el movimiento se supo que había servido de correo entre los conspiradores.

Fue sometida a prisión y obligada a abandonar el puerto. Regresó a Curazao, con las hijas y las esclavas y allí se reencontró con sus dos hijos. El mayor había apoyado a muchos de los que habían logrado huir hacia Curazao. El segundo se había refugiado en la isla, precisamente, para evitar ser tomado prisionero por los sucesos de La Guaira.

En los años siguientes, cada quien tomó rumbos diferentes. Felipe permaneció en Curazao, dedicado al comercio; el segundo se casó, combatió contra los ingleses y estuvo comprometido en la revolución haitiana. Isabel regresó unos años más tarde a Venezuela, de nuevo con las dos muchachas y las esclavas. Abandonó el puerto de La Guaira y se instaló en una modesta casa de La Pastora. Seguía siendo partera.

Allí vivía cuando estalló el movimiento de la Independencia y, al igual que el resto de los habitantes de Caracas, su vida quedó sujeta a los  lgún si e incertidumbres de la guerra. Sobrevivir a la violencia y la escasez fue su único objetivo. Y lo logró.

El segundo de sus hijos se unió a los ejércitos patriotas. De vez en cuando le llegaban noticias de sus andanzas militares. Había combatido en el centro y en el oriente del país. En 1817 había sido el jefe militar en la recuperación y control de Guayana; por su desempeño y por el éxito alcanzado en la campaña fue distinguido con el grado de general.

El hijo de Isabel se llamaba Manuel Piar.
Ese mismo año, Manuel Piar fue sometido a un Consejo de Guerra por los  lgún si de inobediencia, sedición,  lgún sidad  y  lgún sid, y condenado a muerte. La sentencia se ejecutó el día 16 de octubre de 1817.

Al día siguiente  lgún s se dirigió a los soldados para comunicarles que el general Piar había sido ejecutado por sus  lgún si de lesa patria. La  lgún si era justa ya que se trababa de un "… desgraciado ciudadano que embriagado con los favores de la fortuna y por saciar su  lgún si, pretendió sepultar su patria entre sus ruinas". Su fusilamiento constituía un merecido castigo contra un " lgún parricida que había ofendido a la Divinidad y al linaje humano".

No es posible saber en qué momento supo Isabel el terrible suceso que había puesto fin a la vida de su hijo.  lgún sidad enmudeció de dolor al recibir la noticia y conocer el contenido de la proclama de  lgún s: ¿Desgraciado su hijo? ¿Parricida, ambicioso, conspirador, desertor y también  lgún si? ¿Ofensor de la Divinidad y el linaje humano quien  había entregado su existencia a la defensa de la República? ¿Era su hijo Manuel culpable de los delitos y acusaciones de que había sido objeto? No había nada que hacer. El destino de Manuel había sido sellado aquel 16 de octubre de 1817 y el de ella también.

En 1823, resignada ante la pérdida de su hijo, traspasada por la necesidad y la escasez empieza a adelantar las gestiones que le permitirían obtener la pensión militar de Piar, la única demanda que podía hacer tras su muerte.

La tarea no fue  lgún. Primero tuvo que solicitar ante el general  lgún si Mariño una constancia oficial de los ascensos y el desempeño militar del general Piar; luego promover una  lgún sidad   con testigos que declarasen si la conocían y si sabían y les constaba que ella era la madre de Manuel Piar. Los declarantes fueron  lgún sid Palacios, tío de Simón  lgún s, Nicolás de Castro y Pedro González. Todo ello lo hizo. Sin embargo, cuatro años más tarde no había recibido ninguna respuesta. Para ese entonces vivía con sus dos hijas, tres nietas y cuatro esclavas: diez mujeres bajo un mismo techo.

El 19 de mayo de 1827, nueve años, seis meses y tres días  lgún s de que su hijo cayera muerto ante un  lgún s de fusilamiento decide dar el paso que  lgún sidad se había querido evitar: escribirle directamente a Simón  lgún s, el hombre más poderoso de Colombia,  responsable de la muerte de su hijo, para solicitarle la pensión que le correspondía como madre de Piar.

En la carta no hay el más mínimo reclamo, tampoco menciona los términos en que su hijo dejó de existir. Simplemente se limita a exponer que "su hijo desapareció" dejándola en la más extrema pobreza y sin más auxilio que su trabajo. Acto seguido le suplica que, por su  lgún sidad  y  lgún sidad, se digne socorrerla a fin de que sus últimos años pudiesen ser menos tristes, menos amargos y con  lgún descanso.

Ese mismo año le fue concedida una pensión de 30 pesos como madre de uno de los más distinguidos defensores de la Independencia. El 5 de septiembre de 1836 Isabel Gómez falleció.

(*) Historiadora

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