| |
Sin género
Aunque un equipo de trabajo se sienta mejor comprendido y
humanamente acompañado si fuese gerenciado por una mujer,
lo relevante es si ello incide en el desempeño del equipo
y el alcance de los objetivos. Dada la realidad laboral actual
donde se revaloriza al ser humano en el ambiente de trabajo
y a la atención de sus necesidades humanas y laborales,
las políticas organizacionales neutralizan la diferencia
natural entre el gerente hombre o mujer. Las organizaciones
hoy son indiferentes a esa condición pues las políticas
de recursos humanos son de aplicación general. Las "profesiones"
no tienen género. Ser gerente profesional es indiferente
del género.
|
| |
Otra lucha, aún no superada, fue la relativa a la igualdad en la remuneración. Siendo el mundo profesional y gerencial predominantemente masculino, la compensación femenina era discriminatoria bajo la premisa de que la mujer no era la responsable por la manutención del hogar y por tanto el salario masculino debía ser superior.
Si bien la lucha por la igualdad en el posicionamiento profesional
y la remuneración son hoy parte de la cotidianidad,
lo interesante son las similitudes y diferencias en el desempeño
gerencial entre la mujer o el hombre gerente, y si hay determinadas
actividades gerenciales para las cuales la condición
de género podrían establecer preferencias entre
uno u otro.
Entre los innumerables conocimientos agregados durante los últimos 30-35 años, destaca la diferenciación
entre las categorías de nuestra inteligencia. Hoy nos
referimos a la inteligencia en forma desagregada: social,
emocional e intelectual. No hay duda sobre la igualdad
de la inteligencia intelectual entre hombres y mujeres, pero
reconocemos diferencias en la inteligencia social y la emocional.
La inteligencia social combina la educación familiar,
personalidad biológica y las pautas culturales que comúnmente
se atribuyen al comportamiento según la condición
de hombre o mujer. La sociedad -la familia es parte de ella-
predefine pautas de comportamiento sujetas a la diferenciación
de género y ello forma nuestra inteligencia o desempeño
social. De la misma forma, la inteligencia emocional, la manera
como sentimos, procesamos y expresamos sentimientos; cómo
sentimos y nos percibimos a nosotros mismos y con respecto
a los demás; cómo esos sentimientos condicionan
y determinan pautas de comportamiento y la manera como reaccionamos
y nos relacionamos, predefine nuestro desempeño como
adultos y como trabajadores.

"Más allá de la capacidad intelectual y reconociendo las limitaciones de las generalizaciones, es diferente la actuación de un gerente si este es hombre o mujer"

Así, independientemente de la igualdad en la capacidad
intelectual y reconociendo las limitaciones de las generalizaciones,
es diferente la actuación de un gerente si este es hombre
o mujer. Ello puede o no ser relevante en función del
cargo a desempeñar.
La diferencia tiene que ver esencialmente con la manera como
se lideran los grupos de trabajo; cómo se afrontan las
dificultades; cómo se enfrentan los éxitos y los
fracasos; cómo se apoya a los miembros del equipo que
enfrentan cualquier adversidad y en general a los factores
que se relacionan directamente con la inteligencia social
y la emocional.
El rol esencial de un gerente es la adecuación de recursos
al alcance de objetivos. Ello es altamente complejo, dada
la variedad y características de los recursos; las múltiples
combinaciones de estrategias que suponen los procesos de adecuación;
y las variantes entre metas y objetivos, mediciones de resultados,
porcentajes de alcances, redefinición de objetivos y
tantos elementos cambiantes de la dinámica organizacional.
Si bien la combinación de recursos a gerenciar puede
ser factorialmente inmensa, esencialmente se gerencian y lideran
personas y es por ello que, en general, la condición
de género puede hacer una diferencia. En ambientes de
trabajo de altísimo estrés, con presiones por resultados
inmediatos, cómo se aborde la parte humana del equipo
de trabajo puede condicionar significativamente los resultados.
Así, en general, la mujer gerente tiende a ser más
solidaria en la dimensión humana del trabajador; puede
fácilmente colocarse en el lugar del otro frente a un
problema familiar; puede acompañar afectivamente las
necesidades de un miembro de su equipo. El hombre gerente
suele ser más escindido en lo referente a lo humano y
lo laboral; tiende a no querer conocer la problemática
individual de su equipo -posiblemente porque no está
seguro de que pueda ayudar- y suele ser menos compasivo y
solidario. Sin embargo, estas diferenciaciones están
tamizadas por las políticas de la organización de
que se trate y por las personalidades individuales.
En el ámbito laboral las diferencias de estilo gerencial
están moduladas por las políticas de recursos humanos,
por lo cual es indiferente la condición de género
para la designación de un cargo gerencial. ¡Olvide el
género en su oferta de empleo pero revise exhaustivamente
sus políticas laborales!
(*) Analista y escritora |