Se trazan y superan metas, implantan récords e imponen sus propias marcas para la historia y para su gloria
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Amalia Llorca
Adriana Carmona tocó el Olimpo en Grecia, cuna del deporte.
Allí subió al podio y se convirtió en la primera
mujer venezolana en acariciar una medalla olímpica. Alcanzó
su hazaña en Atenas, donde hace 2.500 años las mujeres
tenían prohibido competir y asistir al estadio. La criolla
con su presea de bronce al cuello -conquistada en los Juegos
Olímpicos de 2004- contribuyó a enterrar aún
más esa historia.
En la antigüedad, quien violara la norma debía
ser arrojada desde los riscos del monte Tympaion, cerca de
Olimpia. Pero ni esa seria amenaza lograba contener el ímpetu
de las mujeres por el deporte y así algunas se las ingeniaban
para estar presentes en las competiciones. El relato más
divulgado involucra a Kallipateira, quien disfrazada se hizo
pasar por entrenador de Peisirodos, su hijo. Fue descubierta
y se desató un gran escándalo, pero se salvó
de la pena de muerte gracias a que su padre, hermanos e hijos
eran campeones.
En los primeros Juegos Olímpicos modernos realizados
en Atenas en 1896 no hubo competidoras. Cuatro años más
tarde, en París, once mujeres animaron el evento. Ellas
se encargaron de darle otro tono a la historia.
En Venezuela, Adriana puso la guinda y demostró que
el máximo sueño de todos los atletas también
tiene rostro de mujer. El 29 de agosto de 2004 será inolvidable.
Ese día venció en las semifinales del torneo de
tae kwon do a la brasileña Natalia Silva. Se convirtió
así, con 31 años, en la reina del deporte y su medalla
en la décima conquistada por el país en la historia
de los Juegos Olímpicos.
Antes que Adriana pisara el podio otras mujeres habían
allanado un camino en el que la huella masculina sigue siendo
predominante. Entre los años cuarenta y cincuenta, Flor
Isava sacudió los escenarios deportivos. Jugaba tenis
y fue una aguerrida amazona. Su papel dentro del deporte trascendió
las fronteras patrias. En 1990 fue la primera mujer en el
mundo en formar parte de la comisión ejecutiva del Comité
Olímpico Internacional. Toda una hazaña si se toma
en consideración que ese organismo era regido por hombres
y la participación femenina era menospreciada. Isava
formó parte de tan elitista club como consecuencia de
la apertura promovida por el español Juan Antonio Samaranch,
para el momento máximo jerarca del organismo.
Adriana y Flor tienen rango fuera de serie. Pero la actividad
deportiva criolla también se ha rendido a los pies de
otras figuras que han puesto toda su pasión y coraje
en las disciplinas que escogieron para triunfar.
Así Cristina Egui acompañó a Isava en las
canchas de tenis para luego dar paso a otras generaciones
de emprendedoras. En los sesenta, una de las grandes consentidas
fue la nadadora Anneliese Rockembach, quien con sus récords
y estupendo porte acaparó titulares de la prensa. También
se hicieron sentir Luisa Alvarado, Sheila Leiva y Yubirí
González, en baloncesto; Carmen Teresa "Kanko" Brea,
María Lourdes Peche y Mery Tenorio, en voleibol; Belkys
Leal y Josefina Navarro y Ursulla Selle, en esgrima. Este
privilegiado grupo forma parte del exclusivo Salón de
la Fama del Deporte Venezolano, que sólo acoge en su
seno a 18 mujeres entre 136 hombres exaltados.
Tiempo después tomaron el testigo Gisela Vidal y Marisela
Díaz, en atletismo; las hermanas María Victoria
y Ana María Carrasco, en esquí acuático; Marlin
Noriega y Nuria Alasia, en tenis; María "la China" Hung,
en natación y Natasha Hernández, en judo.
Actualmente María Alejandra Vento-Kabchi está presente
en los mejores torneos del tenis mundial y Milka Duno cautiva
con sus habilidades al volante en los trazados internacionales.
En el plano de la dirigencia, Elida de Alvarez vio escrito
su nombre con letras doradas cuando se convirtió en la
única mujer jefe de misión en los Juegos Olímpicos
de Atlanta en 1996, en los que participaron 198 naciones.
Asimismo, la escultora Betty Saade volcó su sensibilidad
en la creación del Museo Olímpico del deporte nacional.
La situación en Venezuela no es distinta a la del resto
del mundo. Desde el COI se impulsa la participación de
la mujer por ser significativamente inferior a la de los hombres.
Aquí las máximas autoridades del deporte promueven
tímidamente la incorporación femenina. Todas las
delegaciones que acuden a las competencias internacionales
están integradas por más hombres que mujeres. En
el deporte no existe igualdad y es difícil alcanzarla
cuando todavía hay disciplinas, como el beisbol, que
son practicadas sólo por varones.
Pero en este país no hay quien detenga el impulso de
esas campeonas que han destrozado tabúes y que han dicho
presente en un mundo en el que los hombres aseguran tener
la última palabra. Así que con absoluta certeza
surgirán muchas mujeres fuertes como Adriana y audaces
como Milka y la Bandera Nacional ondeará gracias a ellas.
La actividad tendrá crecimiento y desarrollo sobre todo
por ese contingente de heroínas anónimas que día
a día llenan los espacios deportivos de liceos, colegios,
clubes, asociaciones y federaciones con el fin de vivir apegadas
a los principios del ideal olímpico que promueve virtudes
como el esfuerzo, el tesón y la constancia. Valores de
la mujer venezolana.
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