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Patricia Cornwell es una de las adalides actuales de la novela negra, que suele ser considerada un género masculino. Además Cornwell, tan famosa como su personaje, la médico forense Kay Scarpetta, se puede inscribir en otra categoría en donde las mujeres están de tú a tú con los hombres, y esa es la novela policíaca. Y si hay alguien escéptico en este punto, bastaría con que se le recordasen los nombres de dos "monstruos" como Agatha Christie y Patricia Highsmith. Los ensayos de Susan Sontag tienen una profundidad que no muchos hombres han alcanzado, y Marguerite Yourcenar escribió aforismos que recuerdan al mejor Cioran. Virginia Woolf, apenas dos años después de la publicación del Ulises de Joyce, dio toda una clase de monólogo interior y fluir de la conciencia en El cuarto de Jacob (1924). Casi trescientos años antes que ella, madame de Lafayette escribió La princesa de Cleves, una de las primeras obras de introspección psicológica. Frankenstein fue escrito por una mujer, Mary Shelley. De la rusa Ana Ajmátova siempre se dice que es una mezcla de tres hombres: Pushkin, Annensky y Dostoievski, nada menos. Y la audacia erótica de Alfonsina Storni la han tenido muy pocos hombres en la historia de las letras. Y también se podrían encontrar ejemplos del otro lado: ¿Existe una obra más "femenina" que De profundis, de Oscar Wilde? De pronto alguien puede aducir que el preso de Reading era homosexual, y entonces podríamos hablar de El Principito, escrito por un hombre de acción, Antoine Saint Exupery, o de Werther, de Goethe, cumbre del romanticismo. Y pocos autores contemporáneos tienen la sensibilidad de Paul Auster. Pase: el norteamericano siempre escribe desde la perspectiva de un hombre (excepto en El país de las últimas cosas y en Tombuctú, cuando el que "hablaba" era un perro), pero recuérdese que fue Gustave Flaubert quien nos habló desde Madame Bovary. Tal vez las diferencias, si las hay, nazcan de las experiencias de unos y otros, como creía Virginia Woolf: "La diferencia esencial no radica en que los hombres escriban sobre batallas y las mujeres sobre el nacimiento de los hijos, sino en que cada sexo se describe a sí mismo".
“No hay una literatura femenina, igual que no hay una literatura negra o una literatura francesa. Hay hombres, mujeres, negros y franceses que escriben, más nada”.
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