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Eva-Art
Si bien la lista de artistas masculinos supera en número
al de las mujeres a lo largo de la historia del arte venezolano,
su excelencia creadora es lo que las distingue. Nombres como
Elisa Elvira Zuloaga, Luisa Palacios, Mercedes Pardo, Gego
o Luisa Richter son referencia como artistas consagradas.
Las nuevas generaciones, por otra parte, dan cuenta del aumento
de mujeres que están destacándose en el ámbito
artístico nacional como internacional. Cabe preguntarse:
¿existe un arte femenino en Venezuela?, ¿puede ser
considerado un nuevo género artístico? Este artículo
esboza aspectos a reflexionar sobre este interesante tema.
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Es una realidad, todavía vigente, la lucha de las llamadas
"minorías", grupo en el que se inserta a las mujeres. Son
voces fuertes que han trastocado no sólo temáticamente sus
producciones artísticas, sino que han exigido un vuelco en
la manera de historiar el arte. No se trata de simples reclamos
que estas "minorías" realizan con base en complejos de inferioridad
no resueltos. Se trata -más allá de la denuncia de la represión
social, sexual, política o cultural que han sufrido
las mujeres a lo largo de la Historia- de otra cosa: poner
en tela de juicio o al menos someter a revisión conceptos
hasta entonces inalterables tales como "universalidad", "femenino
universal", "identidad femenina" y, por supuesto, el tema
de los géneros. En este último es que radican los calificativos
de arte femenino y arte feminista.
Toda catalogación por géneros puede ser útil como medio de
identificación o bien como herramienta metodológica para la
elaboración de un discurso. Pero también es un recurso reduccionista.
Digamos que el pecado es catalogar mal. De hecho, uno de los
aspectos que ha hecho crisis en el seno de las posturas feministas
ha sido llegar a la conclusión de que el supuesto femenino
"universal" estaba creando un determinismo biológico. Por
lo tanto, derivó en una deformación tajante de los verdaderos
objetivos y valores buscados por algunos de estos movimientos.
No obstante, lo importante es haber dado pie a la reflexión
de la artista con respecto a su propia realidad e identidad.
Esto significa para muchas de ellas tener mayor implicación
con su contexto social -aun cuando abstraerse sigue siendo
una expresión válida- y tratar temas que parten de su propia
experiencia de manera abierta, sin prejuicio, algunos francamente
íntimos como es el cuerpo femenino y su comportamiento biológico,
entre otros. Se pretendía "descolonizar el cuerpo femenino"
y utilizar la experiencia como una estrategia que, en tanto
que identidad colectiva, se convierte en una actividad intelectual
y una fuerza política. De esta manera queda justificado, desde
el punto de vista del feminismo, que las artistas son creadoras
de un nuevo género artístico. Así como existieron los movimientos
de vanguardia, llámese cubismo, dadá o surrealismo, existe
para ellas un arte femenino o feminista.
La postura opuesta también es difícil: concebir el arte como
ente abstracto, de carácter universal que implique al ser
humano en su totalidad. En términos absolutos, ello dejaría
de lado las consideraciones contextuales en las cuales se
produce una obra y, por lo tanto, la comprensión real del
sistema de valores que la define. Esta se nos redimensiona
si conocemos tales valores. Dejando a un lado las posturas
feministas radicales, es sensato hablar de un arte hecho por
mujeres y conocer sus motivaciones, que catalogarlo y reducirlo
a un arte femenino o feminista. No todas las artistas están
interesadas en esto. Hacen arte por causas y búsquedas distintas,
ajenas a este asunto. Y ello forma parte de la pluralidad
y diversidad en los intereses.

“No se ha construido una historia del arte de nuestro país que parta de esta categorización, que dé lugar a una visión sustentada en el principio de la diferencia”.

Esta reflexión deja al descubierto varios aspectos de consideración
en lo que concierne al arte contemporáneo: por un lado, éste
permite conocer los valores pertinentes de una época y puede
servir como vehículo para la denuncia y la transformación
humana. De ello deriva la noción de género artístico no como
un resultado formal sino construido a partir de un hecho social.
En consecuencia, se abre el debate a nuevas posturas teóricas
y aparecen este tipo de categorizaciones que derivan de este
diálogo entre arte y sociedad.
(*) Artista plástica
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