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La "píldora anticonceptiva" y la revolución de los sesenta trajeron un elemento liberador para el sexo. Claro que eso llegó un poco más tarde a nuestro país e incluso muchas quienes en los ochenta éramos señoritas de su casa, buscábamos en D.H. Lawrence, en Marguerite Duras, en Susy, Secretos del corazón o en Cosmopolitan material referencial y didáctico, porque aún costaba entablar conversaciones "sobre eso" de manera explícita. Después, nuevos términos llegaron a la vida de todos, aunque de ellos siempre se tuvo conocimiento o intuición ya, finalmente, se usaban "sin culpa". Orgasmo, punto "G", masturbación, impotencia, homosexualidad, frigidez, eyaculación y pare usted de contar, fueron material de artículos de revistas, películas, novelas brasileñas y, por supuesto, de conversaciones. Así llegamos hasta nuestros días, empezando el siglo XXI y se nos pide que escribamos un artículo sobre lo que hablamos las mujeres cuando el tema es el "sexo". La respuesta es todo. Incluso, nos atrevemos a asegurar que las mujeres nos referimos más explícitamente a "eso" que los hombres. Es difícil imaginarse que entre un grupo de amigos un hombre cuente con lujo de detalles la cita del día anterior. A lo sumo le confesarán al pana si coronaron o no con la jevita. Entre mujeres, los datos del encuentro no se escatiman nunca. Desde cómo estaba vestido el chico en cuestión, hasta el sitio donde fueron, lo que se dijeron y, después, cuando el calor de la conversación y el de la ronda de cosmopolitan (coctel famoso por la serie Sex and the city) ha subido, el "si pasó", el "cómo fue", el "cómo lo tenía" y el "si te gustó", son datos que el grupo de amigas espera para brindar todas juntas por el "nuevo amor" de la comadre. Y nótese que hablamos de "amor", porque a pesar de toda la liberación que ha habido en esta materia, algo que aún nos sigue definiendo a todas es que cuando hablamos de sexo, aunque no queramos admitirlo, en el fondo de nuestro corazón, nos referimos a algo más que una práctica incidental, un hecho fortuito, un "chancecito", un "gustico" al cuerpo sin trascendencia. Siempre el elemento romántico ha estado, está y seguramente estará presente en la psicología femenina. Tal vez nuestras abuelas no hayan hablado de "eso", pero sentían y querían lo mismo que todas y cada una de nosotras. El "príncipe azul", el caballero ideal , "el tipo". Ese del beso final de la película, el que queremos como papá de nuestros hijos, con el que soñamos vernos viejitas y bellas agarradas de la mano con nuestro no menos bello viejito paseando por una playa al atardecer, muy al estilo de un comercial de medicamento para eternizar la vida sexual. Una vez un amigo me contó un chiste en el que se preguntaba por qué las mujeres veían hasta el final una película porno. La respuesta, muy machista, era: porque siempre esperábamos que la protagonista terminara casada de velo y corona con el chico bien dotado del film… Lo que mi amigo nunca sabrá es que eso sí pasó… Hubo boda… sí… ¿quién dice lo contrario? De ilusiones también se vive y también de romance y de pasión… De eso es de lo que hablamos, cuando hablamos de sexo. (*) Periodista |



