Ya no se habla en voz baja sobre el sexo pero el hombre y la mujer lo afrontan diferente
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María Isabel Párraga B.*
¡Shhh , de "eso" no se habla!.. Para nuestras abuelas la
palabra "sexo" era poco más o menos que proscrita, una
"grosería", una "ordinariez", "un atrevimiento",
"una falta de recato" imperdonable en una señorita y
muy cuestionable en la boca de una señora "decente".
Sin embargo, "antes, ahora y siempre" desde que el hombre
es hombre y la mujer es mujer, o incluso desde que éramos
monos, o antes, cuando todos teníamos forma de medio
peces, o más atrás, desde las primeras células
vivientes en los albores de la época en la que Dios se
echó su siesta al séptimo día después
de la Creación, el sexo es lo que le ha permitido al
mundo llegar hasta estas riberas de la Historia. O sea, que
poco importa si se habla o no de "eso", lo maravilloso, afortunado,
hermoso y divertido es que se sigue practicando con fruición.
Ahora, cómo lo afronta cada género definitivamente
es distinto. En el pasado era norma de honor la sentencia
de "los caballeros no tienen memoria". Las aventuras amorosas
se prodigaban, pero nunca se mencionaban los detalles. Mientras
tanto, las señoras "decentes" sufrían y aguardaban
en la casa y sólo cuando el dolor y la espera eterna
del marido rebasaban los límites de la estabilidad emocional,
se atrevían a hablar de "aquello". Claro, siempre con
un tono medio "culposo" y de autoflagelación, le
decían a su comadre y confidente: "Yo creo que hay un
problema con "aquello". Don Fulano no me requiere como antes
en "eso". ¿Y si tiene a otra? ¡Seguro que es una
meretriz! A lo que en voz muy baja -casi en susurro
y totalmente ruborizada- su mejor amiga y casi hermana le
repreguntaba: "¿pero él "te cumple"? Y aunque
la respuesta fuera, "sí, todas las noches. O eventualmente.
O los sábados. O cuando hay luna llena. O no, definitivamente,
no, porque Don Fulano tiene deprimido "eso", el tono
eterno de "culpa" estaba presente. Y no era que el susodicho
fuera un "sinvergüenza" porque tuviera una o varias amantes
o que tal vez el pobre hombre acarreaba otras vicisitudes,
sino que algo debía estar haciendo mal ella, porque el
Don estaba buscando afuera lo que no encontraba en su nidito
de amor. Lo que Doña Zutana sintiera, añorara o
dejara de conocer en el lecho, ni se mencionaba, no importaba
o, peor aun, la hacía sentir culpable a ella.
Y es que "allí está el detalle", la
"culpa" es una palabra femenina y no sólo porque lo es
y porque termina en "a" y porque está antecedida
por el artículo "la", sino porque se ejerce su significado
cuando se habla de sexo. Sí, hasta hace muy poco
"sexo y culpa" iban de la mano y, por ende, poco se hablaba
"de eso".
La "píldora anticonceptiva" y la revolución de
los sesenta trajeron un elemento liberador para el sexo. Claro
que eso llegó un poco más tarde a nuestro país
e incluso muchas quienes en los ochenta éramos señoritas
de su casa, buscábamos en D.H. Lawrence, en Marguerite
Duras, en Susy, Secretos del corazón o en Cosmopolitan
material referencial y didáctico, porque aún costaba
entablar conversaciones "sobre eso" de manera explícita.
Después, nuevos términos llegaron a la vida de todos,
aunque de ellos siempre se tuvo conocimiento o intuición
ya, finalmente, se usaban "sin culpa". Orgasmo, punto "G",
masturbación, impotencia, homosexualidad, frigidez, eyaculación
y pare usted de contar, fueron material de artículos
de revistas, películas, novelas brasileñas
y, por supuesto, de conversaciones.
Así llegamos hasta nuestros días, empezando el
siglo XXI y se nos pide que escribamos un artículo
sobre lo que hablamos las mujeres cuando el tema es el "sexo".
La respuesta es todo. Incluso, nos atrevemos a asegurar
que las mujeres nos referimos más explícitamente
a "eso" que los hombres. Es difícil imaginarse que entre
un grupo de amigos un hombre cuente con lujo de detalles la
cita del día anterior. A lo sumo le confesarán al
pana si coronaron o no con la jevita. Entre mujeres, los datos
del encuentro no se escatiman nunca. Desde cómo estaba
vestido el chico en cuestión, hasta el sitio donde fueron,
lo que se dijeron y, después, cuando el calor de la conversación
y el de la ronda de cosmopolitan (coctel famoso por la serie
Sex and the city) ha subido, el "si pasó", el "cómo
fue", el "cómo lo tenía" y el "si te gustó",
son datos que el grupo de amigas espera para brindar
todas juntas por el "nuevo amor" de la comadre. Y nótese
que hablamos de "amor", porque a pesar de toda la liberación
que ha habido en esta materia, algo que aún nos sigue
definiendo a todas es que cuando hablamos de sexo, aunque
no queramos admitirlo, en el fondo de nuestro corazón,
nos referimos a algo más que una práctica
incidental, un hecho fortuito, un "chancecito", un "gustico"
al cuerpo sin trascendencia. Siempre el elemento romántico
ha estado, está y seguramente estará presente en
la psicología femenina. Tal vez nuestras abuelas no hayan
hablado de "eso", pero sentían y querían lo mismo
que todas y cada una de nosotras. El "príncipe azul",
el caballero ideal , "el tipo". Ese del beso final de la película,
el que queremos como papá de nuestros hijos, con el que
soñamos vernos viejitas y bellas agarradas de la mano
con nuestro no menos bello viejito paseando por una playa
al atardecer, muy al estilo de un comercial de medicamento
para eternizar la vida sexual.
Una vez un amigo me contó un chiste en el que
se preguntaba por qué las mujeres veían hasta el
final una película porno. La respuesta, muy machista,
era: porque siempre esperábamos que la protagonista terminara
casada de velo y corona con el chico bien dotado del film…
Lo que mi amigo nunca sabrá es que eso sí pasó…
Hubo boda… sí… ¿quién dice lo contrario? De
ilusiones también se vive y también de romance y
de pasión… De eso es de lo que hablamos, cuando hablamos
de sexo.
(*) Periodista
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