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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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Esto, eso y aquello

Ya no se habla en voz baja sobre el sexo pero el hombre y la mujer lo afrontan diferente

“Las féminas cuando hablan de sexo lo hacen de manera más explícita. Los datos del encuentro no se escatiman y las amigas los esperan para brindar juntas por el ‘nuevo amor’”.
  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  04:20 PM

María Isabel Párraga B.*

¡Shhh , de "eso" no se habla!.. Para nuestras abuelas la palabra "sexo" era poco más o menos que proscrita, una "grosería", una "ordinariez", "un atrevimiento",  "una falta de recato" imperdonable en una señorita y muy cuestionable en la boca de una señora "decente".  Sin embargo, "antes, ahora y siempre" desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer, o incluso desde que éramos monos, o antes, cuando todos teníamos forma de medio peces, o más atrás, desde las primeras células vivientes en los albores de la época en la que Dios se echó su siesta al séptimo día después de la Creación, el sexo es lo que le ha permitido al mundo llegar hasta estas riberas de la Historia. O sea, que poco importa si se habla o no de "eso", lo maravilloso, afortunado, hermoso y divertido es que se sigue practicando con fruición.

Ahora, cómo lo afronta cada género definitivamente es distinto. En el pasado era norma de honor la sentencia de "los caballeros no tienen memoria". Las aventuras amorosas se prodigaban, pero nunca se mencionaban los detalles. Mientras tanto, las señoras "decentes" sufrían y aguardaban en la casa y sólo cuando el dolor y la espera eterna del marido rebasaban los límites de la estabilidad emocional, se atrevían a hablar de "aquello". Claro, siempre con un tono medio "culposo"  y de autoflagelación, le decían a su comadre y confidente: "Yo creo que hay un problema con "aquello". Don Fulano no me requiere como antes en "eso". ¿Y si tiene a otra?  ¡Seguro que es una meretriz! A lo que en  voz muy baja -casi en susurro y totalmente ruborizada- su mejor amiga y casi hermana le repreguntaba: "¿pero él "te cumple"?  Y aunque la respuesta fuera, "sí, todas las noches. O eventualmente. O los sábados. O cuando hay luna llena. O no, definitivamente, no, porque Don Fulano tiene deprimido  "eso", el tono eterno de "culpa" estaba presente. Y no era que el susodicho fuera un "sinvergüenza" porque tuviera una o varias amantes o que tal vez el pobre hombre acarreaba otras vicisitudes, sino que algo debía estar haciendo mal ella, porque el Don estaba buscando afuera lo que no encontraba en su nidito de amor. Lo que Doña Zutana sintiera, añorara o dejara de conocer en el lecho, ni se mencionaba, no importaba o,  peor aun, la hacía sentir culpable a ella.  Y es que  "allí está el detalle", la  "culpa" es una palabra femenina y no sólo porque lo es y porque termina en "a" y  porque está antecedida por el artículo "la", sino porque se ejerce su significado cuando se habla de sexo.  Sí, hasta hace muy poco "sexo y culpa" iban de la mano y, por ende, poco se hablaba "de eso".

La "píldora anticonceptiva" y la revolución de los sesenta trajeron un elemento liberador para el sexo. Claro que eso llegó un poco más tarde a nuestro país e incluso muchas quienes en los ochenta éramos señoritas de su casa, buscábamos en D.H. Lawrence, en Marguerite Duras, en Susy, Secretos del corazón o en Cosmopolitan material referencial y didáctico, porque aún costaba entablar conversaciones "sobre eso" de manera explícita. Después, nuevos términos llegaron a la vida de todos, aunque de ellos siempre se tuvo conocimiento o intuición ya, finalmente, se usaban "sin culpa". Orgasmo, punto "G", masturbación, impotencia, homosexualidad, frigidez, eyaculación y pare usted de contar, fueron material de artículos de revistas, películas, novelas brasileñas  y, por supuesto, de conversaciones.

Así llegamos hasta nuestros días, empezando el siglo XXI  y se nos pide que escribamos un artículo sobre lo que hablamos las mujeres cuando el tema es el "sexo".  La respuesta es  todo. Incluso, nos atrevemos a asegurar que las mujeres nos referimos más explícitamente a "eso" que los hombres. Es difícil imaginarse que entre un grupo de amigos un hombre cuente con lujo de detalles la cita del día anterior. A lo sumo le confesarán al pana si coronaron o no con la jevita. Entre mujeres, los datos del encuentro no se escatiman nunca. Desde cómo estaba vestido el chico en cuestión, hasta el sitio donde fueron, lo que se dijeron y, después, cuando el calor de la conversación y el de la ronda de cosmopolitan (coctel famoso por la serie Sex and the city) ha subido, el "si pasó", el "cómo fue", el "cómo lo tenía" y el "si te gustó", son datos  que el grupo de amigas espera para brindar  todas juntas por el "nuevo amor"  de la comadre. Y nótese que hablamos de "amor", porque a pesar de toda la liberación que ha habido en esta materia, algo que aún nos sigue definiendo a todas es que cuando hablamos de sexo, aunque no queramos admitirlo, en el fondo de nuestro corazón, nos referimos  a algo más que una práctica incidental, un hecho fortuito, un "chancecito", un "gustico" al cuerpo sin trascendencia. Siempre el elemento romántico ha estado, está y seguramente estará presente en  la psicología femenina. Tal vez nuestras abuelas no hayan hablado de "eso", pero sentían y querían lo mismo que todas y cada una de nosotras. El "príncipe azul", el caballero ideal , "el tipo". Ese del beso final de la película, el que queremos como papá de nuestros hijos, con el que soñamos vernos viejitas y bellas agarradas de la mano con nuestro no menos bello viejito paseando por una playa al atardecer, muy al estilo de un comercial de medicamento para eternizar la vida sexual.

 Una vez un amigo me contó un chiste en el que se preguntaba por qué las mujeres veían hasta el final una película porno. La respuesta, muy machista, era: porque siempre esperábamos que la protagonista terminara casada de velo y corona con el chico bien dotado del film…  Lo que mi amigo nunca sabrá es que eso sí pasó… Hubo boda… sí… ¿quién dice lo contrario? De ilusiones también se vive y también de romance y de pasión… De eso es de lo que hablamos, cuando hablamos de sexo.

(*) Periodista


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