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Insatisfacción
La mujer no es feliz. Algo no funciona bien en su sexualidad,
siendo éste uno de los aspectos más importantes
la vida.
La mujer sufre. La mujer se queja. ¿Por qué? Porque
la forma en que su pareja la aborda no incluye el aspecto
emocional. La falta de intimidad, de caricias, de espontaneidad,
de detalles. No hay una flor, un beso, una sorpresa, una agarrada
de manos… En algunos casos la relación de pareja está
teñida de conflictos, maltratos, descalificaciones, gritos,
agresión física, humillaciones… O sea, el máximo
de los antiafrodisíacos.
Porque en su desarrollo histórico hubo algún trauma
sexual, físico o médico, lo que hace que su sexualidad
esté asociada con emociones negativas como la ansiedad,
el miedo o la vergüenza.
Porque ha tenido experiencias sexuales negativas que generan
expectativas de fracaso.
Porque su pareja tiene alguna disfunción sexual no diagnosticada
y/o no tratada lo que constituye una falta de estímulo
apropiado.
Porque en el contexto hay falta de privacidad y de seguridad.
Porque los niveles hormonales estén alterados, por el
efecto secundario de algún medicamento o por padecer
una enfermedad física o psicológica.
Respuestas estas al porqué que son indicativas
de la necesidad de recurrir a especialistas en la materia.
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En esta materia, Rosemary Basson, de la Universidad
de British Columbia, Canadá, diseña un "modelo
no lineal" para la mujer, que explica los múltiples factores
que contribuyen a la satisfacción y/o a las dificultades
sexuales. Este nuevo modelo abarca elementos que trascienden
lo meramente físico, como el deseo de aumentar la intimidad
y la cercanía emocional, el refuerzo de los lazos de
compromiso, así como la necesidad de ampliar la
sensación de sentirse atractiva y deseada por su pareja.
También incorpora a la estimulación directa, elementos
de cortejo para excitarse sexualmente, como una conversación
íntima, escuchar música, bailar, ver material erótico,
etcétera.
Este modelo especifica además que, para esa mujer
a quien nos estamos refiriendo, la meta de la actividad sexual
no es sólo el orgasmo sino la multiplicad de elementos
que componen la satisfacción personal. Elementos estos
que se pueden manifestar a través del disfrute físico
(orgasmo) y/o de la satisfacción emocional (sentimiento
de intimidad y conexión con su pareja).
Es muy importante que ambos miembros de la pareja estén
de acuerdo con tal distinción, para no generarse conflictos
en caso de que ella no logre el orgasmo al que supuestamente
"debe llegar" porque, de lo contrario, la relación sexual
es "un fracaso". De esa manera ella tampoco tendría que
sentirse obligada a fingir el clímax como en algunas
oportunidades lo hace.

Los factores que contribuyen a la satisfacción y/o dificultades sexuales femeninas trascienden más allá de lo meramente físico e involucra factores de compromiso

Asimismo, es esencial que tanto el hombre como la mujer sepan
que para lograr la satisfacción física a través
del orgasmo es fundamental la estimulación del clítoris.
(El clítoris es un órgano femenino descrito como
una pequeña protuberancia entre los labios menores, que
se extiende profundamente dentro de la estructura pélvica
y contiene 8.000 fibras nerviosas, casi el doble de las del
pene).
Otro aspecto muy importante de la sexualidad femenina es
el de las disfunciones o desórdenes que se pueden presentar
a lo largo de la vida. Estos se clasifican de acuerdo a la
etapa de la respuesta sexual en la cual se presentan. Así,
en la etapa del deseo el trastorno más frecuente es su
disminución o desaparición. En la fase de excitación,
se expresa a través de la mínima lubricación
vaginal o de la escasa conciencia de excitación sexual.
También pueden ocurrir dificultades para conseguir el
orgasmo. En cuanto a los trastornos por dolor, estos pueden
asociarse a la penetración o a la dificultad para lograrla.
Tales trastornos pueden estar presentes también en forma
múltiple, formándose un círculo vicioso, ya
que muchas veces al no desear el contacto y aceptarlo,
no se lubrica y se produce dolor por la penetración,
generándose una angustia anticipatoria al dolor
o a la insatisfacción. Tiende, entonces, a evitar los
contactos afectivos que conduzcan o no a la relación
sexual.
En la mujer mayor de 35 años, durante la perimenopausia
y la menopausia se deben agregar como elementos que influyen
la vida sexual los cambios hormonales y genitourinarios, así
como el efecto emocional de estas alteraciones físicas,
de los cambios familiares, contextuales y de relación.
Presentamos, así, un modelo amplio para entender la
sexualidad femenina, que cubre tantos los elementos emocionales
y físicos favorecedores del encuentro sexual como las
dificultades que se pueden presentar, dando origen a la queja
en mujeres y hombres. Otro aspecto que hay que tomar en cuenta
es que en muchos casos estas últimas son causa
o consecuencia de la discordia marital.
Esa mujer a la que nos hemos referido está dentro de
una relación de pareja, por tanto sus preocupaciones
sexuales deben ser vistas como un problema de dos y no como
solo de ella.
Es importante señalar que los mecanismos químicos,
cerebrales y emocionales involucrados en la experiencia sexual
femenina varían según el tipo de relación (con
un recién conocido, con diferentes hombres en relaciones
no estables, con otra mujer o en relación extrapareja).
El conocimiento de toda la materia analizada resalta la importancia
de las terapias sexual y de pareja, así como
la necesidad del abordaje interdisciplinario de nuestros
pacientes, algo qque debe tenerse siempre en cuenta
Recordemos: La sexualidad es para disfrutarla y no para padecerla
(*)Psicóloga clínica. Sexóloga. Terapeuta
de parejas
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