Mundo femenino
La mujer siempre ha demostrado fuerza espiritual en cuanto
a la forma de canalizar sus sentimientos, analizar los puntos
relacionados con los afectos, la pareja, el amor. Cuando se
enamora juega todas sus cartas en la relación. Por supuesto,
estamos hablando de una fémina adulta, o por lo menos
que ya ha salido de la adolescencia. Normalmente, ella sabe
qué quiere, qué desea para los años por venir,
lo que incluye la compañía de un hombre, hijos en
el mejor de los casos, estabilidad económica, desarrollo
personal y profesional. En el caso de la madre soltera, asume
el rol de padre y madre, el reto es sacar adelante a sus hijos
sin morir en el intento, trabajar y culminar una carrera técnica
o universitaria para mejorar su calidad de vida.
Podría decirse que en el sentido de asumir todas estas
responsabilidades, la mujer demuestra su lado masculino, haciendo
referencia a su fuerza interior. No hay que confundir aquello
del espejo masculino de la fémina con un comportamiento
hombruno que depende más de factores de crianza y son
parte de otro tema. Continuando con la fuerza femenina, hay
casos de caracteres tan fuertes que parecieran de hierro,
mujeres tenaces al momento de tomar decisiones pero sin perder
sus patrones femeninos. Así lo explica la terapeuta Llanos
al referirse a la mujer que manda, la que lleva los pantalones
en la casa, esté sola o acompañada. De acuerdo con
Llanos, estos patrones se reflejan en la relación conyugal
ahora más que nunca, dada la apertura de ambos hacia
las manifestaciones de afecto. La mujer contemporánea
es más espontánea, sabe lo que quiere y así
lo manifiesta a su consorte.
¿Qué se busca?
Imagine que tiene la oportunidad de lanzarse en parapente
desde una montaña y sobrevolar un paisaje. La sensación
que genera la adrenalina en tal circunstancia es comparable
con la excitación que produce embarcarse en una relación.
Sobre todo si se trata de individuos muy jóvenes y más
aún, si es el caso de una relación paralela al matrimonio.
La satisfacción sexual es un factor determinante. La
mujer busca pasión, romanticismo, cariño, aunque
no desea un compromiso. El caballero parece ir tras la reafirmación
de su "naturaleza de cazador". De acuerdo con Llanos,
se trata de un instinto que se podía apreciar mejor en
la época de las cavernas. "El hombre salía de su
cueva a cazar, la mujer recolectaba frutas", acota . Aún
se mantiene muy solapado aquello del macho y hembra, aunque
no de manera palpable.
Existen parejas unidas en matrimonio de acuerdo con los preceptos
religiosos. Se unen en ese sacramento pensando que lo
estarán hasta que la muerte los separe, que su
destino es procrear y formar una familia. En el pasado, la
mujer permanecía al lado del marido aunque no estuviera
a gusto o se hubiera acabado el hechizo. Unas cuantas décadas
transcurrieron para que las féminas se dieran cuenta
de que en la vida hay más que eso.

“La mujer siempre ha demostrado fuerza espiritual en cuanto a la forma de canalizar sus sentimientos, analizar los puntos relacionados con los afectos de pareja, en el amor”.

Pareja por placer
El sexo priva sobre todo lo demás; es una cuestión
de química y nada más. En la actualidad lo busca
tanto la mujer como el hombre; y cuando llega se desata un
vendaval de pasión, seguido por horas de locura donde
las feromonas inundan el espacio y se pierde el sentido de
la realidad.
Pasa la marea de sensaciones -en unos 90 o 180 días-
y cada quien retoma el rumbo de su vida y quizás los
participantes de la historia se dedican a un nuevo proceso
de "cacería". Puede sonar rudo, pero es la realidad.
Más palpable en las nuevas generaciones, que parecen
no tener "tiempo" para nada. No se trata de vivir la vida
loca, sin control. Es una actitud si se quiere facilista,
que permite evitar el sufrimiento por "enrollarse" demasiado.
Si para el hombre, según Freud, una cosa es la mujer
y otra es la amante, para las féminas ahora funciona
prácticamente igual.
La vida en pareja no es fácil. Hay un sinfín de
experiencias que van enriqueciendo la relación, los vínculos,
la comunicación. Se sabe que hace falta mucha paciencia,
compenetración, comprensión, honestidad, además
de cierto grado de madurez.