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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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Venus contemporánea

La díada hombre-mujer fue, es y será siempre motivo de análisis en el diván de los psiquiatras o por la Psicología

“La mujer siempre ha demostrado fuerza espiritual en cuanto a la forma de canalizar sus sentimientos, analizar los puntos relacionados con los afectos de pareja, en el amor”.
  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  01:25 PM

Marilyn Pino A.

Cuando no se busca compromiso, simplemente dos personas con deseo de contacto físico caen en una suerte de empatía pasajera. Deciden mantener una relación basada en el sexo. Priva el atractivo físico por encima de las cualidades de la persona, y no es una actitud sólo en el sexo masculino. En la actualidad se aprecia una posición desinhibida en las féminas que les permite conversar abiertamente en grupo o a solas con un compañero, establecer un amplio círculo de amistades y disfrutar una sexualidad sana, sin caer en depresiones peligrosas por no "enredarse" en un compromiso. No obstante, cuando la mujer sí desea establecer una relación con el hombre que ama se dedica de lleno a ese sentimiento, hace planes, comienza a verse en la faceta de madre y más. Eso sí, no deja de lado su crecimiento profesional, sus aspiraciones, sus sueños y anhelos.

De acuerdo con María del Carmen Llanos, terapeuta familiar, hace años se manejaba un modelo de relación hombre-mujer donde prácticamente no existía un espacio para cada uno. Ahora cada miembro tiene dominio de su espacio, su tiempo, sin que esto signifique pérdida de afecto, falta de amor. Llanos explica que se trata "de interiorizar que somos diferentes... porque la idea es ceder, aprender a disfrutar sin conflictos". Para la especialista, el manejo de las diferencias para las relaciones humanas es vital.

Mundo femenino
La mujer siempre ha demostrado fuerza espiritual en cuanto a la forma de canalizar sus sentimientos, analizar los puntos relacionados con los afectos, la pareja, el amor. Cuando se enamora juega todas sus cartas en la relación. Por supuesto, estamos hablando de una fémina adulta, o por lo menos que ya ha salido de la adolescencia. Normalmente, ella sabe qué quiere, qué desea para los años por venir, lo que incluye la compañía de un hombre, hijos en el mejor de los casos, estabilidad económica, desarrollo personal y profesional. En el caso de la madre soltera, asume el rol de padre y madre, el reto es sacar adelante a sus hijos sin morir en el intento, trabajar y culminar una carrera técnica o universitaria para mejorar su calidad de vida.

Podría decirse que en el sentido de asumir todas estas responsabilidades, la mujer demuestra su lado masculino, haciendo referencia a su fuerza interior. No hay que confundir aquello del espejo masculino de la fémina con un comportamiento hombruno que depende más de factores de crianza y son parte de otro tema. Continuando con la fuerza femenina, hay casos de caracteres tan fuertes que parecieran de hierro, mujeres tenaces al momento de tomar decisiones pero sin perder sus patrones femeninos. Así lo explica la terapeuta Llanos al referirse a la mujer que manda, la que lleva los pantalones en la casa, esté sola o acompañada. De acuerdo con Llanos, estos patrones se reflejan en la relación conyugal ahora más que nunca, dada la apertura de ambos hacia las manifestaciones de afecto. La mujer contemporánea es más espontánea, sabe lo que quiere y así lo manifiesta a su consorte.

¿Qué se busca?
Imagine que tiene la oportunidad de lanzarse en parapente desde una montaña y sobrevolar un paisaje. La sensación que genera la adrenalina en tal circunstancia es comparable con la excitación que produce embarcarse en una relación. Sobre todo si se trata de individuos muy jóvenes y más aún, si es el caso de una relación paralela al matrimonio.

La satisfacción sexual es un factor determinante. La mujer busca pasión, romanticismo, cariño, aunque no desea un compromiso. El caballero parece ir tras la reafirmación de su "naturaleza de cazador". De acuerdo con  Llanos, se trata de un instinto que se podía apreciar mejor en la época de las cavernas. "El hombre salía de su cueva a cazar, la mujer recolectaba frutas", acota . Aún se mantiene muy solapado aquello del macho y hembra, aunque no de manera palpable.

Existen parejas unidas en matrimonio de acuerdo con los preceptos religiosos. Se unen en ese sacramento pensando que  lo estarán  hasta que la muerte los separe, que su destino es procrear y formar una familia. En el pasado, la mujer permanecía al lado del marido aunque no estuviera a gusto o se hubiera acabado el hechizo. Unas cuantas décadas transcurrieron para que las féminas se dieran cuenta de que en la vida hay más que eso.

Pareja por placer
El sexo priva sobre todo lo demás; es una cuestión de química y nada más. En la actualidad lo busca tanto la mujer como el hombre; y cuando llega se desata un vendaval de pasión, seguido por horas de locura donde las feromonas inundan el espacio y se pierde el sentido de la realidad.

Pasa la marea de sensaciones -en unos 90 o 180 días- y cada quien retoma el rumbo de su vida y quizás los participantes de la historia se dedican a un nuevo proceso de "cacería". Puede sonar rudo, pero es la realidad. Más palpable en las nuevas generaciones, que parecen no tener "tiempo" para nada. No se trata de vivir la vida loca, sin control. Es una actitud si se quiere facilista, que permite evitar el sufrimiento por "enrollarse" demasiado. Si para el hombre, según Freud, una cosa es la mujer y otra es la amante, para las féminas ahora funciona prácticamente igual.

La vida en pareja no es fácil. Hay un sinfín de experiencias que van enriqueciendo la relación, los vínculos, la comunicación. Se sabe que hace falta mucha paciencia, compenetración, comprensión, honestidad, además de cierto grado de madurez.

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