Hay una imagen errada de la venezolana que generalmente proviene de los concursos de belleza
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Simón Villamizar
No manejan cifras. Tampoco estadísticas que puedan corroborar
sus afirmaciones. Mucho menos han echado mano a concienzudos
estudios sociológicos, investigaciones porcentuales o
tan siquiera censos de población. Nada de eso. Y sin
embargo, el oficio que desempeñan desde hace años
los hace portadores de una información personal invalorable,
mucho más vinculada con la observación minuciosa
del comportamiento individual que con los números estáticos
y rigurosos. Un diseñador de moda, una experta en el
área de educación y entrenamiento de misses y hasta
la dueña de una academia de modelaje; son ellos quienes
dicen haber ido desgranando, durante años y quizás
sin proponérselo, uno a uno los mitos tejidos históricamente
en torno a la mujer venezolana.
Que es frívola, por ejemplo, se dice a la ligera y con
no poca frecuencia... y a Rita Córdova, cabeza de la
agencia de modelos Rita´s, le resuena el oído cada
vez que la escucha con machacona insistencia. "¡No es verdad!
¡Eso es una gran mentira!", respinga de inmediato, para luego
agregar: "La mujer venezolana es una de las más completas
e integrales que yo he conocido en el mundo. No sólo
se ocupa de la casa, de los hijos, de ser buena esposa y de
todo el control del hogar, sino que en las últimas décadas
ha salido a las universidades, se ha preparado, y compite
cada vez más de igual a igual con el hombre en el campo
laboral, y eso sin descuidar la casa".
Idea tan errada tendría que ver entonces, según
Córdova, con una imagen proveniente -que no fomentada-
de los concursos de belleza y distorsionada acaso por los
medios de comunicación. "Al igual que sucede en el mundo
del modelaje, estas chicas se exponen al mundo desde muy temprana
edad. A veces tienen apenas 15 años, así que cuando
alguien les pregunta acerca de temas profundos y tópicos
como de qué manera arreglarían el mundo, ellas salen
al paso con lo primero que se les ocurre, lo que es sumamente
normal. Pero no es verdad que ellas sean frívolas
o cabezas huecas. Si uno de verdad se acerca a ellas, las
conoce más profundamente, se dará cuenta de que
son niñas que hablan tres y hasta cuatro idiomas, que
han vivido en otros países, que con tan corta edad han
conocido culturas distintas, que han hecho campañas sociales,
que tienen una capacidad de razonamiento impresionante, es
decir, que han tenido experiencias mucho más ricas que
sus pares, pero a las que obviamente no les puedes preguntar
cómo arreglar el mundo".
Ahora, que las mujeres venezolanas son sumamente coquetas
a estas alturas más que un mito parece una certeza confirmable.
Lo asoma primero María Calais, que ha esculpido cuerpos
y moldeado caracteres -y, por qué no, también formas
de caminar, pensar, hablar y gestualizar- al frente del certamen
Miss Venezuela: "¿Del uno al diez? Nueve, sin duda alguna.
¡Somos coquetísimas! Eso forma parte de la feminidad,
es innato, seas candidata o no al Miss Venezuela, tengas dinero
o no, pertenezcas a un estrato social bajo o no... Es cierto
que con dinero se pueden hacer buenos tratamientos de cuidado
personal, pero sólo hay que salir a la calle, en cualquier
parte del país, para que te des cuenta de que, por más
humilde que sea una joven, anda siempre combinadita, arregladita
y pintadita".
Cierto, remata Alberto de Castro Diego, diseñador de
tijeras afiladísimas y uno de los talentos de la dupla
Durant&Diego, quien cose tres botones para que no quede
duda del grado superlativo al que han llegado las más
pizpiretas. El primero: Venezuela es el país más
competitivo, después de India, en los certámenes
de belleza internacional. El segundo: Caracas fue la segunda
metrópoli, fuera de Francia, que tuvo una tienda Dior.
El tercero: la firma Bulgari diseñó recientemente
catorce carteras de lujo y siete de ellas están en manos
de venezolanas.
Las conclusiones las saca el propio De Castro Diego: "Creo
que hay algo de real en eso que siempre se dice acerca de
la mezcla de las razas y que dio un resultado interesante.
Pero yo no diría que la mujer venezolana es necesariamente
bella, aunque hace, sí, un gran esfuerzo por verse bella,
por arreglarse, por alimentarse sano, por cuidar la línea,
por aplicarse tratamientos de cosmética... Y aunque hemos
atravesado una gran crisis económica en los últimos
años, esa actitud no ha disminuido: nuestra mujer sigue
teniendo un movimiento especial del cuerpo, mueve el cabello,
mueve el hombro... Y también hay que decirlo: como en
ningún otro lugar del mundo, la mujer venezolana sabe
usar muy bien ese recurso de la feminidad para lograr intereses
propios, ya sea de trabajo o políticos".
En cuanto a si es o no sumamente elegante, no es precisamente
lo que opina Alberto de Castro Diego, a quien le basta apenas
una puntada para descoser el mito del donaire que caracterizaría,
según la conseja, a la mujer venezolana. "No, yo no diría
que la mujer venezolana es elegante. Elegantes son pocas:
algunas féminas adineradas, algunas que tuvieron la posibilidad
de nacer con ciertas posibilidades económicas, algunas
artistas... Mujeres que tienen capacidad de ser al mismo tiempo
inteligentes, cultas, frívolas, viajadas, bondadosas,
con buen sentido común y también sentido del humor".
Lejos de ser elegantes, al menos en el estricto sentido de
la palabra, agregará el modisto, el resto de las mujeres
serían "bonitas, coquetas, agradables, llamativas, encantadoras,
buenas gentes, buenas esposas, buenas madres". Esa es, según
él, la gran esencia de las venezolanas.
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