Una maravilla, en mejora continua
La venezolana tiene un doble estándar, el tradicional mezclado con las nuevas tendencias de vida

Luis Vicente León

 

Cuántos hombres conocen ustedes que sean capaces de ir a trabajar todos los días, preocuparse por su formación profesional y a la vez estar pendientes de lo que hace su familia, chequear las tareas de los chamos, conversar con la maestra,  las piñatas, el juego de fútbol en el colegio, los amiguitos en la casa, la ropa sucia, la comida, el cumpleaños de la suegra, el chisme de la vecina, las compritas,  la preparación de las vacaciones, ser pana del cura o del rabino, del panadero, del carnicero, del señor del quiosquito,  leer el último libro de Saramago y la Hola de esta semana, ver el noticiero, seguir con detalle la novela y, como si fuera poco, estar al final de una semana intensa como una uva para salir a la cena de la prima, el cumpleaños de su tía o el matrimonio de su sobrino  y regresar a casa arrastrado por su pareja, que se está durmiendo prácticamente desde que llega al bonche. No, no, no. Puede que haya alguno que otro, pero en el fondo, todos sabemos quienes son las integrales y quienes los "compartamentalizados".

¡Mosca!, no hablo de la guerra de los sexos. Si ese fuera el caso, tendría que decir, a favor de mis congéneres, que los hombres somos más desenrollados y optimistas que ellas. De acuerdo a un estudio de Datanálisis de diciembre pasado, las mujeres se confiesan más tristes, angustiadas, miedosas, rabiosas y desconfiadas que los hombres con respecto al momento que vive el país.

En cifras

42,5% de las mujeres venezolanas desea que la situación del país mejore.

46,9% de ellas tiene gran desconfianza y tristeza en razón del entorno actual, frente a 37,5% de ellos. Son mucho más emocionales que los hombres.  

La inseguridad es el problema que más les preocupa (24,3%), seguido por la salud (19,1%) y el desempleo (15,9%).

En sus momentos de ocio, las mujeres prefieren oír música (17,3%), dormir (17,3%) y reunirse con familiares y amigos (16,3%), aunque salir de casa aumenta progresivamente (21%).

Las novelas siguen siendo el programa favorito para 57,65% de ellas, a pesar de los cambios en sus hábitos.

 


Pero no vamos a compararnos. Nuestro reto de hoy es describir a la mujer venezolana actual, sus gustos, costumbres y principales cambios recientes. Para esto me ayudaré con sendos estudios, cualitativo y cuantitativo, sobre las venezolanas, dirigidos por nuestra experimentada y profesional consultora Toni Becker de Vainrub.

Según su investigación, las mujeres en Venezuela tienen un doble estándar: lo tradicional mezclado con las nuevas tendencias de estilo de vida. En el lado convencional, siguen siendo el corazón del hogar. Su valor más importante es la seguridad, que para ellas sólo lo puede dar un hogar estable, así como la afectividad y el cariño, insumos de los cuales ellas son el mejor proveedor.  Desean la unidad de su familia y no hay nada más importante que el cuidado de sus hijos y nietos, de quienes se sienten totalmente responsables, incluso cuando están "hechos y derechos". Se preocupan porque tengan una educación y valores que, piensan, sólo pueden ser impartidos en el hogar. Cuando compran productos para su casa buscan fundamentalmente calidad y tradición, porque "quieren darle lo mejor a su familia". Pero también están atentas a los precios y las ofertas para estirar el presupuesto. Para esto, buscan información, revisan los encartados y la publicidad, se comunican entre ellas y visitan diferentes tiendas para comparar.

“En política, la venezolana cree menos en sus líderes que los hombres y es más difícil complacerlas, por lo que sus lealtades son menos intensas. Hay más racionalidad al votar”.


Sin embargo, estas características tradicionales, que comparten con madres y abuelas, se complementan con una nueva realidad más contemporánea. Las venezolanas han dado un vuelco desde que se han incorporado con más fuerza al mercado laboral. Adoran a sus hijos, pero desean tenerlos a una edad más madura y el número ideal de hijos deseados es menor que en el pasado. En las mujeres de estrato bajo esto no siempre se cumple y todavía vemos problemas de embarazo precoz y familias muy numerosas, pero el cambio está fijado en la mente de las mujeres como una aspiración, antesala a convertirse en realidad. Tienen cada vez más deseos de superación personal y quieren espacio para el desarrollo de su individualidad. Están más pendientes de su apariencia física, de su peso y de invertir en productos de cuidado personal.  Particularmente las más jóvenes  no quieren ser "mártires" de la casa. Cocinan y dedican tiempo al hogar y a sus hijos, pero están dispuestas a buscar caminos más eficientes y rápidos, que les permitan ganar tiempo para ellas: artefactos eléctricos, productos enlatados, recetas rápidas que, sin desmerecer la calidad de la nutrición, les "resuelvan" la vida. Las venezolanas modernas son menos adversas a la tecnología: adictas a la telefonía móvil y a los mensajes de texto y usuarias intensas de Internet, aunque todavía su participación como compradoras en la red es más baja que la de los hombres: "No es lo mismo que ir de tiendas, no me lo puedo probar, todavía no confío en dar mi número de tarjeta por allí".

Cuando se trata de ocupar su tiempo libre, si bien quedarse en casa o visitar a los amigos sigue siendo  muy usual, comienzan a buscar actividades fuera del hogar. Les gusta trabajar por independencia, pero también para salir de la presión de la casa y para reunirse y cultivar nuevas amistades.

En política, creen mucho menos en sus líderes que los hombres y es más difícil complacerlas, por lo que sus lealtades son menos intensas. Cualquiera que no cumpla sus promesas, especialmente en aspectos que afectan directamente a sus hijos, como educación, seguridad, salud y empleo, pierde rápidamente su conexión con ellas. Son los electores más racionales y exigentes del mercado.

La mujer venezolana combina lo mejor del pasado y el presente, a la vez que trabaja arduamente para construir un mejor futuro para ella y su familia.

En general, si tuviera que definir a las mujeres venezolanas con una frase corta, no dudaría en decir que: son una maravilla, en mejora continua. lvleon@cantv.net

(*) Director de Datanálisis


PLANETA FEMENINO | PARA SENTIRSE HERMOSA

Principios
Al decir que una mujer es hermosa, generalmente, se cree que el calificativo se debe a un gran físico y una bella cara. Sin embargo, 88% de las mujeres considera que ser amada y tener una relación de matrimonio o una pareja estable es un factor importante para sentirse hermosa. 82% cree que hacer lo que le gusta y cuidarse mucho también son sinónimo de belleza.

Mitos
Aunque tener buena forma también favorece a la belleza, verse mejor que otras mujeres y recibir elogios no son esenciales para que una mujer se sienta hermosa.

Michelle Bachelet
Poder a la chilena

En los años que ha tenido de vida pública, Michelle Bachelet se ha convertido en un punto de referencia para las mujeres en Latinoamérica y el mundo. A pesar de que no es la primera mujer jefe de Estado de América Latina -es, de hecho, la sexta-, su historia y éxitos han traspasado todas las fronteras.

Una niñez y adolescencia apacibles, Bachelet estudió en buenos colegios en Chile y  Estados Unidos, siendo admitida a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile en 1970, el mismo año en que Salvador Allende accede a la Presidencia de la República. Desde el principio fue partidaria de Allende, como su padre, el general Alberto Bachelet.
Los años del golpe de Estado comandado por el general Augusto Pinochet y su consolidación en el poder (1973-75) tuvieron un grandísimo impacto sobre la futura Presidenta: su padre murió en la cárcel en 1974, torturado por sus propios compañeros, y Bachelet y su madre estuvieron presas por un año antes de poder escapar hacia Australia y, finalmente, a la República Democrática Alemana. Ahí conoció a Jorge Dávalos, con quien se casó y tuvo dos hijos. La pareja se separó en 1982.

En 1979, Bachelet regresa a Chile para terminar sus estudios de Medicina. Se graduó tres años más tarde con el título de médica cirujana pediatra, mención en epidemiología, y se dedicó a trabajar en la ONG Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia. En 1993, conoce a Aníbal Henríquez, con quien tuvo a su hija Sofía.

Desde 1994 a 1997, Bachelet trabajó en el Ministerio de Salud. Durante este período comenzó sus estudios sobre defensa continental y recibió una beca para estudiar en el Colegio Interamericano de Defensa, en Washington, Estados Unidos.

A su regreso en 1998, se desempeñó como asesora del Ministerio de Defensa. Dos años más tarde, el presidente Ricardo Lagos la nombra ministra de Salud y, en el 2002, se convierte en la primera mujer en ejercer el cargo de ministra de Defensa.

La popularidad de Bachelet fue ganando terreno gracias a su gestión en los ministerios. En las elecciones de septiembre de 2005 fue electa presidenta de Chile.

 

 
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