La venezolana tiene un doble estándar, el tradicional mezclado con las nuevas tendencias de vida
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Luis Vicente León*
Cuántos hombres conocen ustedes que sean capaces de
ir a trabajar todos los días, preocuparse por su formación
profesional y a la vez estar pendientes de lo que hace su
familia, chequear las tareas de los chamos, conversar con
la maestra, las piñatas, el juego de fútbol
en el colegio, los amiguitos en la casa, la ropa sucia, la
comida, el cumpleaños de la suegra, el chisme de la vecina,
las compritas, la preparación de las vacaciones,
ser pana del cura o del rabino, del panadero, del carnicero,
del señor del quiosquito, leer el último libro
de Saramago y la Hola de esta semana, ver el noticiero, seguir
con detalle la novela y, como si fuera poco, estar al final
de una semana intensa como una uva para salir a la cena de
la prima, el cumpleaños de su tía o el matrimonio
de su sobrino y regresar a casa arrastrado por su pareja,
que se está durmiendo prácticamente desde que llega
al bonche. No, no, no. Puede que haya alguno que otro, pero
en el fondo, todos sabemos quienes son las integrales y quienes
los "compartamentalizados".
¡Mosca!, no hablo de la guerra de los sexos. Si ese fuera
el caso, tendría que decir, a favor de mis congéneres,
que los hombres somos más desenrollados y optimistas
que ellas. De acuerdo a un estudio de Datanálisis de
diciembre pasado, las mujeres se confiesan más tristes,
angustiadas, miedosas, rabiosas y desconfiadas que los hombres
con respecto al momento que vive el país.
Pero no vamos a compararnos. Nuestro reto de hoy es describir
a la mujer venezolana actual, sus gustos, costumbres y principales
cambios recientes. Para esto me ayudaré con sendos estudios,
cualitativo y cuantitativo, sobre las venezolanas, dirigidos
por nuestra experimentada y profesional consultora Toni Becker
de Vainrub.
Según su investigación, las mujeres en Venezuela
tienen un doble estándar: lo tradicional mezclado con
las nuevas tendencias de estilo de vida. En el lado convencional,
siguen siendo el corazón del hogar. Su valor más
importante es la seguridad, que para ellas sólo lo puede
dar un hogar estable, así como la afectividad y el cariño,
insumos de los cuales ellas son el mejor proveedor.
Desean la unidad de su familia y no hay nada más importante
que el cuidado de sus hijos y nietos, de quienes se sienten
totalmente responsables, incluso cuando están "hechos
y derechos". Se preocupan porque tengan una educación
y valores que, piensan, sólo pueden ser impartidos en
el hogar. Cuando compran productos para su casa buscan fundamentalmente
calidad y tradición, porque "quieren darle lo mejor a
su familia". Pero también están atentas a los precios
y las ofertas para estirar el presupuesto. Para esto, buscan
información, revisan los encartados y la publicidad,
se comunican entre ellas y visitan diferentes tiendas para
comparar.
Sin embargo, estas características tradicionales, que
comparten con madres y abuelas, se complementan con una nueva
realidad más contemporánea. Las venezolanas han
dado un vuelco desde que se han incorporado con más fuerza
al mercado laboral. Adoran a sus hijos, pero desean tenerlos
a una edad más madura y el número ideal de hijos
deseados es menor que en el pasado. En las mujeres de estrato
bajo esto no siempre se cumple y todavía vemos problemas
de embarazo precoz y familias muy numerosas, pero el cambio
está fijado en la mente de las mujeres como una aspiración,
antesala a convertirse en realidad. Tienen cada vez más
deseos de superación personal y quieren espacio para
el desarrollo de su individualidad. Están más pendientes
de su apariencia física, de su peso y de invertir en
productos de cuidado personal. Particularmente las más
jóvenes no quieren ser "mártires" de la casa.
Cocinan y dedican tiempo al hogar y a sus hijos, pero están
dispuestas a buscar caminos más eficientes y rápidos,
que les permitan ganar tiempo para ellas: artefactos eléctricos,
productos enlatados, recetas rápidas que, sin desmerecer
la calidad de la nutrición, les "resuelvan" la vida.
Las venezolanas modernas son menos adversas a la tecnología:
adictas a la telefonía móvil y a los mensajes de
texto y usuarias intensas de Internet, aunque todavía
su participación como compradoras en la red es más
baja que la de los hombres: "No es lo mismo que ir de tiendas,
no me lo puedo probar, todavía no confío en dar
mi número de tarjeta por allí".
Cuando se trata de ocupar su tiempo libre, si bien quedarse
en casa o visitar a los amigos sigue siendo muy usual,
comienzan a buscar actividades fuera del hogar. Les gusta
trabajar por independencia, pero también para salir de
la presión de la casa y para reunirse y cultivar nuevas
amistades.
En política, creen mucho menos en sus líderes que
los hombres y es más difícil complacerlas, por lo
que sus lealtades son menos intensas. Cualquiera que no cumpla
sus promesas, especialmente en aspectos que afectan directamente
a sus hijos, como educación, seguridad, salud y empleo,
pierde rápidamente su conexión con ellas. Son los
electores más racionales y exigentes del mercado.
La mujer venezolana combina lo mejor del pasado y el presente,
a la vez que trabaja arduamente para construir un mejor futuro
para ella y su familia.
En general, si tuviera que definir a las mujeres venezolanas
con una frase corta, no dudaría en decir que: son una
maravilla, en mejora continua. lvleon@cantv.net
(*) Director de Datanálisis
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