Los alimentos,lejos de ser los enemigos del cuerpo, son los aliados para su protección.
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Maritza Bendayán *
Todos los animales tienen que comer para sobrevivir, y los
biólogos han descubierto que la comida es una de las
influencias más importantes para determinar la organización
del cerebro y la conducta que esa organización determina.
Sin embargo, en los seres humanos el consumir alimentos
puede ocurrir por muchas razones. Con frecuencia comemos para
alimentar nuestras emociones, y sin saberlo construimos hábitos
alimenticios que entran en conflicto con nuestro deseo de
estar delgadas.
La mayoría de las personas en nuestra cultura,
y después de la tercera década, aumentan de peso.
Y en nosotras las mujeres esto se hace más cierto en
la posmenopausia. Si cree que la solución es sólo
hacer dieta, estará equivocada, porque después de
ésta, la rápida recuperación es la regla y
no la excepción.
Además, los kilos de más pueden hacer que
se vean los alimentos como nuestros enemigos, cuando más
bien son los protectores y defensores de la salud.
Así que lo hay que hacer es un cambio en la forma
de enfrentar la comida, el estrés y el ejercicio, es
decir cambiar hacia un estilo de vida saludable. El objetivo
es estar delgada y saludable toda la vida, y no puede estar
a dieta indefinidamente.
Tener una buena salud no debe darse por descontado
ni dejado al azar. Más bien debe considerarse un proceso
en marcha que requiere de un esfuerzo constante.
Contrariamente a la creencia popular, la reducción
drástica de calorías puede no promover la pérdida
de grasas sino provocar además la pérdida de músculo
y de agua. Pero cuando se aumenta de peso de nuevo, se gana
proporcionalmente más grasa que la que se perdió.
Así que es necesario incorporar el ejercicio regular
y moderado.
El tejido corporal magro (el músculo) tiene un
metabolismo más rápido que el tejido graso. Cuando
uno se ejercita moderadamente, se pierde tejido graso más
que muscular, así se activa el metabolismo, que quema
más calorías. Si además se combina el entrenamiento
con moderada resistencia al entrenamiento aeróbico o
cardiovascular, se ayuda a construir y preservar el tejido
muscular y se fortalecen el corazón y los pulmones.
Los conceptos básicos para una alimentación
balanceada son:
1. Elija alimentos variados cada día,
ya que así se asegura de obtener toda la energía,
la fibra, las vitaminas y minerales necesarios.
2. Escoja siempre alimentos sanos, que aporten
nutrientes que el organismo necesita para funcionar adecuadamente
y conservar la salud.
3. Consuma entre 6 y 8 vasos de agua al
día.
4. Cada una de las comidas debe contener
algún alimento de cada uno de los siguientes grupos:
a. Carnes, quesos o granos, que aportan proteínas,
vitaminas y minerales.
b. Cereales y derivados que son la fuente de energía
del organismo, ya que aportan carbohidratos y fibra.
c. Hortalizas, que aportan fibra y vitaminas
d. Frutas, que aportan fibra, carbohidratos y vitaminas
e. Leche y yogurt, que aportan proteínas de alta calidad
biológica.
Una idea interesante es rehacer sus recetas de cocina.
La mayoría de las recetas pueden soportar una renovación
saludable sin afectar el sabor y la consistencia de la comida.
Las siguientes estrategias, tomadas de la sección
Recetas saludables de la Clínica Mayo, pueden ser útiles
en este sentido.
1. Reduzca las cantidades de grasa, azúcar
y sal.
La grasa. Use la mitad de la mantequilla,
margarina o aceite y reemplácela con un rociador (spray)
de grasa sin calorías.
El azúcar. Reduzca el azúcar desde
un tercio hasta la mitad, y lo puede reemplazar por especies
como canela, nuez moscada, clavos o vainilla.
La sal. Reduzca la sal a la mitad en los productos horneados
que no requieran levadura. En los que sí, no lo haga
porque es necesaria para que levanten. A muchos platos principales,
las ensaladas, sopas y otras comidas, se les puede reducir
la sal y hasta eliminarla.
2. Haga una sustitución saludable
Por ejemplo, leche descremada por leche completa; pan y pasta
integral para añadirle fibra.
3. Elimine algún ingrediente
Algunos de los candidatos son la cubierta de las tortas,
coco, nueces, que son altos en calorías y grasa. Otras
posibilidades son condimentos opcionales, como las aceitunas,
mantequilla, mayonesa, sirope, mermelada, mostaza, los cuales
tienen grandes cantidades de sal, grasa y calorías.
4. Cambie el método de preparación
Las técnicas saludables de preparación, tales como
al vapor, a la plancha y a la parrilla, pueden capturar el
sabor de los nutrientes de su comida sin añadir excesivas
cantidades de grasa, aceite o sal. Si las instrucciones dicen
que cubra la carne o vegetales en aceite, use vino, jugo de
frutas o de vegetales, o caldo. Utilice sartenes de teflón
o que no peguen la comida, y así reducirá más
la cantidad de grasa y calorías que ingiere.
5. Cambie el tamaño de las porciones
No importa cuánto usted reduzca, sustituya u omita;
algunas recetas pueden ser todavía muy altas en azúcar,
grasa y sal. En esos casos, reduzca la cantidad de comida
que usted come. Porciones menores tendrán menos grasa,
calorías y sal y le permitirán comer una variedad
más amplia de alimentos durante una comida.
A medida que revise su receta decidirá qué
cambiar y cómo cambiarlo. Es posible que tenga
que hacer la receta varias veces antes de conseguir los resultados
que espera en cuanto al sabor deseado, la consistencia y los
nutrientes, pero el esfuerzo vale la pena.
(*) Psicólogo clínico
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