Lo ideal es amamantar de manera exclusiva los primeros seis meses
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María Isabela Salas
La experiencia que tiene toda madre al amamantar a su bebé
sólo se conoce cuando se pasa por ese momento tan espectacular
e irrepetible. Los beneficios que éste genera son incalculables.
La leche materna proporciona una nutrición óptima
para el bebé y además establece el primer vínculo
emocional entre madre e hijo, ya que al amamantarlo la madre
puede conocer y acercarse íntimamente a su hijo, acariciarlo,
brindarle amor y establecer importantes lazos de protección.
Según la Organización Panamericana de la Salud,
la llegada de un niño es fuente de esperanza: su nueva
vida simboliza un potencial de crecimiento, sin embargo, "el
período entre el nacimiento y los dos años se conoce
como una 'ventana de tiempo crítica' para el crecimiento
y el desarrollo óptimos del niño. A largo plazo,
las deficiencias nutricionales están ligadas a impedimentos
en el rendimiento intelectual, la capacidad de trabajo, la
salud reproductiva y la salud general en la vida adulta. Por
eso, la alimentación con leche materna hasta los seis
meses y aun pasado el primer año de vida proporciona
una sólida base nutricional para la buena salud durante
la adolescencia y la vida adulta".
Asimismo, resalta que aunque es una práctica natural
y por ende una conducta que se aprende, el hábito de
la lactancia exclusiva está lejos de ser óptimo
en las mujeres latinoamericanas, a pesar de que amamantan
por un tiempo relativamente largo.
El apoyo es fundamental
María Antonieta Hernández, pediatra especializada
en lactancia materna, alimentación y nutrición infantil
y presidenta de Leche y Miel, explica que toda persona debe
recibir información desde el momento del embarazo. "Hay
mucha desinformación porque tenemos 80 años en donde
la fórmula ha sido el estándar de alimentación
infantil".
La profesional hace hincapié en el tema y señala
que los beneficios más grandes de la lactancia son el
desarrollo óptimo del recién nacido. En la leche
materna se encuentran más de 300 componentes que están
dirigidos a "ensamblar" de manera óptima todas las membranas
internas de las arterias, el corazón, el sistema nervioso
central y el periférico, el páncreas y los islotes
de Langerhans, los músculos del cuerpo, retina, aparato
auditivo y tracto gastrointestinal. También previene
de alergias y problemas inmunológicos en los niños
que son amamantados.
Los niños amamantados, estadísticamente,
presentan menor incidencia de linfomas y diabetes. El papel
protector de la leche materna ha sido demostrado en procesos
infecciosos, sobre todo en la gastroenteritis, a través
de sus componentes inmunológicos y la pureza bacteriológica
que por sí sola tiene, en relación con el riesgo
relativo de tener diarrea, riesgo de morir por la misma y
en cuanto a la duración del cuadro, respectivamente.
"Los valores nutricionales de la leche materna son incomparables
por su contenido más alto de nutrientes metabolizados
y fácilmente digeribles como las proteínas del suero,
lípidos y lactosa y una proporción equilibrada de
aminoácidos".
Más es mejor
Amamantar no tiene horarios, y es el bebé quien
decide cada cuánto tiempo come y por cuánto tiempo
lo hace. Asimismo, la lactancia es mejor mientras más
prolongada sea. Es por ello que Hernández hace hincapié
en que es fundamental para la salud del bebé y nada en
la naturaleza o disponible comercialmente es comparable en
virtudes y beneficios a la leche materna.
Investigaciones sobre el tema señalan que cuando la
madre está amamantando y hace un contacto visual con
el bebé, hay un crecimiento emocional que es vital para
el futuro ser humano, por lo que crece de manera óptima
y con mejor calidad de vida, destacó.
Cabe señalar, completó la pediatra Ana Castellanos,
que es la manera más fácil de alimentar al bebé,
es económica, fácil, segura y rápida, le quita
el trabajo de esterilizar teteros, calentar o refrigerar fórmulas,
le da la oportunidad de observar a su bebé, disminuye
la probabilidad de sufrir cáncer de mama y le ayuda a
recobrar su figura más rápidamente, puede temporalmente
eliminar, retrasar o disminuir el flujo mensual, contribuyendo
a prevenir la pérdida de las reservas de hierro de la
madre.
No se almacena, se produce
Ambas profesionales aciertan en que no tenemos leche
en el seno. Simplemente, cuando el bebé se pega y hace
contacto con los nervios de su boca y los nervios del seno
de la madre, que estimulan la hipófisis, para que salgan
las hormonas que van a formar la leche a partir de la sangre
de la mamá.
"El bebé siempre tiene leche, pero la tiene como sifones,
como si estuviera tomando a través de ellos. El pequeño
se pega y mamá le da, pero cuando el nené succiona,
las hormonas siguen circulando en la sangre por lo que se
sigue formando la leche. Esa leche es la que se tiene cuando
al neonato le toca alimentarse de nuevo. En pocas palabras,
tiene dos leches, la que se formó desde que se despegó
y la que se forma inmediatamente al momento en que el bebé
comienza a chupar. La producción es infinita y muchas
madres no lo saben", resaltó Hernández.
Pasados los seis meses de vida, la leche materna debe continuar
como acompañante de la alimentación complementaria
(casera y saludable como sopas y compotas, entre otros) que
comienza a partir de esta etapa y que va variando a medida
que van creciendo. De esta forma, el bebé se cría
sano y hermoso, pues estará inmunizado a través
de su mamá.
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