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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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Una puerta con dos sentidos

En la tercera edad, la aceptación o no de este momento de la vida es una decisión individual

“Las mujeres profesionales que dejan de trabajar, viven un proceso que pasa por el duelo, con la posterior adaptación a un nuevo estilo de vida”
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  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  05:51 PM

Elkis Bejarano Delgado

Cuando Margott Bertorelli cumplió 47 años comenzó a sentir un extraño y permanente calor en el cuerpo. Se dio cuenta de que había comenzado su menopausia, por lo que intentó entender cada una de las nuevas sensaciones y sentimientos que aparecieron sin razón aparente. "Todo fue cuestión de conocer qué estaba pasando. Sabía lo que era, por lo que no batallé en su contra. Fui paciente y esperé hasta que pasara. Ese fue el inicio de una nueva manera de vivir, porque luego me jubilé. Fue como una pérdida, por lo que me inscribí en talleres de manualidades, y me fui de viaje. Todo comenzó a ser distinto".


El duelo al que hace referencia Bertorelli lo describe el filósofo León Febres Cordero como la pérdida que sufre una persona cuando le quitan su "qué hacer". Y ese "qué hacer" es el que le da sentido a la vida durante tantos años y que se transforma en la plataforma de relaciones laborales y sociales. Ese que determina hasta la razón de vida, y que es lo más difícil de recuperar.


Ahora, cuando Margott tiene 68 años, le ha sacado provecho a su tercera edad y disfruta de las pocas ventajas que dan en algunos lugares como el metro, el cine, el teatro y los bancos. "Aprendí a vivir de otra manera. Entendí el porqué estaba más lenta y tenía menos destrezas. No hago cola en los bancos, pago la mitad de la entrada en algunos sitios. Siempre pregunto si hay descuentos o preferencias para nosotros. Fue como traspasar una puerta con dos opciones: deprimirme o disfrutarlo".


Margott explica que antes siempre tenía dinero y hasta prestaba a sus hijos y a su esposo. Pero esta abundancia económica mermó junto a su empleo, por lo que intentó buscar trabajo, pero a los pocos meses se dio cuenta de que no encontraría un empleo formal. "Me dediqué a labores que pudiera hacer en mi casa, como pasteles y vender desayunos, pero me cansé de tanta responsabilidad".


Según el psicólogo clínico José Manuel Molina, las mujeres profesionales que dejan de trabajar, bien sea por jubilación o por imposibilidad física, viven un proceso que pasa por el duelo, con la posterior adaptación a un nuevo estilo de vida. "Las consecuencias  inmediatas de sentir que se está en la tercera edad pueden ser depresión y ansiedad, que vienen acompañadas por un deterioro físico y mental. En ese momento la mujer puede comenzar a sentirse vieja, porque se aleja de sus funciones sociales y pierde capacidad física".


Resalta que las profesionales tienen dificultad para la adaptación a un nuevo tipo de vida, unas nuevas funciones y nuevas necesidades que surgen a raíz de la jubilación o la pérdida del trabajo. La persona tiene que ajustarse a un nuevo estilo de vida para el que no está preparada. Asegura que influye más el cambio social o cuando se pierde la rutina de trabajo.


"También se deprimen cuando deben hacer mudanzas, es decir, no pueden mantenerse por sí solas, y deben ir a vivir a casa de un hijo o un familiar por condiciones económicas. Es muy difícil para una persona que siempre ha sido independiente y profesional encontrarse en un plano donde necesita a alguien para subsistir".


Molina asegura que la aceptación o no de la tercera edad es un proceso individual, porque depende de las herramientas  que posean las personas para evitar esos sentimientos. "Es imposible que la gente no se sienta afectada, pero su recuperación dependerá de las otras alternativas que tenga para seguir viviendo. Es decir, de pasatiempos, actividad física, buena alimentación, integración en grupos sociales y otras variantes que den alternativas".


La continuidad de la vida laboral de las mujeres de la tercera edad depende del nivel y tipo de instrucción. El experto en recursos humanos profesor Rafael García Casanova asegura que a pesar de no tener investigación en el tema su experiencia le indica que las mujeres empleadas en los sectores privado y público a los 60 o 65 años se jubilan, y se van a su casa o montan un negocio particular. "Las mujeres profesionales en el libre ejercicio al llegar a la edad de los sesenta algunas sí se retiran, pero muchas abogadas, ingenieras, médicos, psicólogas, farmacéuticas y educadoras continúan ejerciendo.  Empleadas en compañías públicas y privadas se retiran a su casa o se convierten en asesoras, y otras estudian carreras diferentes de tipo humanístico".


Esta opción de estudiar otra profesión es una de las recomendaciones en que coinciden el psicólogo Molina y la médica geriatra Dolores Penas, quien señala que una de las maneras de evitar el envejecimiento es mantener la actividad mental. "El envejecimiento es universal e individual, porque a pesar de que le sucede a todas las mujeres, cada una lo vive de manera distinta, por lo que no hay un esquema fijo, sino que cada quien tiene su forma de envejecimiento. Este se inicia cuando cesa el funcionamiento de los ovarios, lo que lleva consigo la disminución del estrógeno, y los órganos "estrógeno-dependientes" comienzan a afectarse. Tal es el caso de la piel, el corazón, los huesos y la parte genital".
Explica Penas que  comienzan las alteraciones en la estructura de la piel por lo que hay cabida para las arrugas, hay un cambio en las arterias por lo que se comienza a ser más propensa a las enfermedades cardíacas. "Otra de las capacidades que perdemos es la agudeza visual, por lo que es la etapa ideal para dejar de trabajar".


Margott señala que un día cruzó una puerta que le ofrecía dos salidas. "Era quedarme en la depresión y sentirme vieja; o salir, hacer cosas, hacer ejercicios, ir al cine. Seguir viviendo y adaptándome a mi nueva vida".


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