Muchas niñas y adolescentes asisten día a día a una cátedra que perpetúa la mirada de la sociedad patriarcal
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Oscar Misle Terrero*
En mi casa, colgada en la pared, está "Cristina". Hace
honor a su nombre porque es mujer de arcilla, desnuda, embarazada
y crucificada en una rústica cruz de madera. Cristina
salió de las manos de Susana González; una artista
que utiliza el barro para expresar lo que siente y vive como
mujer.
"Cristina" le da la bienvenida a la gente que nos visita.
Llama poderosamente la atención que una mujer barrigona,
a la espera de un niño o una niña, ocupe el sitio
de Cristo, del hombre, del redentor... Tanto es así que
su sola presencia genera diversos sentimientos: La gente nos
dice: "Me parece profana y grotesca, ¡cómo se va a sustituir
la imagen de Cristo por una mujer desnuda y embarazada!",
"Es una representación negativa de la maternidad, le
da una connotación de castigo, de cruz...". Sin
embargo para otros la sensación es diferente: "Me impacta,
representa a la mujer de nuestro continente, marginada y crucificada
por su condición y sexo", "Me hace pensar en la vida
de tantas madres de los sectores populares, preñadas,
voluntaria o involuntariamente, asumiendo con el embarazo
una cruz que las margina y sacrifica por toda la injusticia
reinante".
Cada persona ve a "Cristina" con su propio lente, con sus
prejuicios, principios, filosofía, ideología y tabúes...
Es sabido por todos el desencanto que sufren muchos padres
cuando les llega una niña en vez del esperado varón.
Una mujer que no podrá perpetuar el apellido paterno,
un nuevo dolor de cabeza, un "himen" más que cuidar.
Un ser que crecerá y tendrá que desempeñarse
como hija, hermana, esposa, madre, trabajadora, profesional...
Dando siempre cuenta de sus actos, de los compromisos y responsabilidades
asignadas.
Desde pequeñita se le exigirá cuidar a sus hermanos,
ayudar a la mamá, ser responsable en sus estudios, mantener
el orden y el cuidado de la casa. Se le preparará para
que cuando sea mayor atienda adecuadamente al marido y a los
hombres del hogar... No se le permitirán las mismas libertades
que al varón; y se le exigirá mucho más que
a ellos.
Se le llamará la atención por sus comportamientos
inadecuados: "No te sientes así", "compórtate como
una niña (sé sumisa, complaciente, dependiente...).
Consciente o inconscientemente se va formando a la mujer para
que viva en función del varón.
Ciertamente esto poco a poco ha ido
cambiando, inclusive caemos en el polo contrario, encontrándonos
con la mujer "emancipada" que asume los comportamientos y
actitudes que le criticaba al hombre, algo así como el
"ahora me toca a mí", una especie de revancha de
poder y el tener haciendo que el ser y sentir queden relegados,
para no aparecer débiles, vulnerables. ¿El
resultado? Soledad, tristeza, vacío… porque si algo nos
acerca y vincula es precisamente nuestra vulnerabilidad, la
capacidad de sentirnos en momentos débiles para solicitar
el apoyo requerido y esto es válido tanto para
los hombres como para las mujeres
La feminización de la violencia
Anualmente cerca de 120 mil adolescentes se convierten
en madres, sin tener la condiciones adecuadas y sufriendo
todo tipo de hostilidades. Se le responsabiliza de la situación
eximiendo a su pareja de lo acontecido.
La violencia intrafamiliar afecta mayormente a las niñas
y a las adolescentes, mientras que la masculina está
más asociada al uso de la fuerza y actividades
al margen de la ley.
Según el Cicpc, 94,65% de los casos de violencia
sexual afectan al sexo femenino. Un mayor número de desapariciones
ocurre sobre las adolescentes entre los 14 y 17 años.
Aunque muchos de estos casos corresponden a problemas familiares,
adolescentes que abandonan el hogar huyendo de la violencia
o por razones pasionales, no deja de ser un alerta ante la
situación de vulnerabilidad y la existencia de redes
que fomentan la explotación sexual de adolescentes y
jóvenes.
Los pupitres son utilizados en igual proporción
por los varones y niñas, inclusive el porcentaje de niñas
(55,4%) es levemente mayor que el de varones (54%).
Pero también hay menos niñas (6,5%)
repitientes que varones (10,1%). (Memoria y cuenta del
MED, año escolar 2003-2004).
Según el MSDS, las muertes infantiles afectan en mayor
número a los varones (56,7%) que a las niñas (43,0%).
Una tendencia que se mantiene a lo largo de los últimos
años.
Las diferencias del déficit por sexo indican que los
varones presentan un mayor porcentaje de malnutrición
que las niñas.
Según el Registro Hemerográfico de Cecodap (2004-2005)
mueren más varones (75,9%) por muertes violentas
que niñas (21,5%).
Evaluada por todos y en todo
Existen condicionamientos sociales, como por ejemplo
el tener que desempeñar eficientemente diferentes roles,
en los cuales la mujer es evaluada por todos y en todo.
Una situación que sobredemanda a la mujer, la hace sentir
siempre en deuda consigo misma y con los demás,
sometida constantemente a la evaluación de los hijos,
el marido, el jefe, con unos parámetros más drásticos
e injustos que los que se le aplican al hombre.
La causa de la mujer, la defensa y promoción de sus
derechos, no es tarea nueva; pero sigue siendo una preocupación
actual y prioritaria. En la historia, la ciencia, la política,
las artes y en todas las áreas del quehacer humano, la
mujer ha demostrado su capacidad para desarrollar diferentes
roles, con la misma efectividad, compromiso y capacidad del
hombre.
(*) educador
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