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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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Las Cristinas nacen y se hacen

Muchas niñas y adolescentes asisten día a día a una cátedra que perpetúa la mirada de la sociedad patriarcal

“En Venezuela, anualmente cerca de 120 mil adolescentes se convierten en madres, sin tener la condiciones adecuadas y sufriendo todo tipo de hostilidades”.
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  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  05:40 PM

Oscar Misle Terrero*

En mi casa, colgada en la pared, está "Cristina". Hace honor a su nombre porque es mujer de arcilla, desnuda, embarazada y crucificada en una rústica cruz de madera. Cristina salió de las manos de Susana González; una artista que utiliza el barro para expresar lo que siente y vive como mujer.


"Cristina" le da la bienvenida a la gente que nos visita. Llama poderosamente la atención que una mujer barrigona, a la espera de un niño o una niña, ocupe el sitio de Cristo, del hombre, del redentor... Tanto es así que su sola presencia genera diversos sentimientos: La gente nos dice: "Me parece profana y grotesca, ¡cómo se va a sustituir la imagen de Cristo por una mujer desnuda y embarazada!", "Es una representación negativa de la maternidad, le da una connotación de castigo, de cruz...". Sin  embargo para otros la sensación es diferente: "Me impacta, representa a la mujer de nuestro continente, marginada y crucificada por su condición y sexo", "Me hace pensar en la vida de tantas madres de los sectores populares, preñadas, voluntaria o involuntariamente, asumiendo con el embarazo una cruz que las margina y sacrifica por toda la injusticia reinante".
Cada persona ve a "Cristina" con su propio lente, con sus prejuicios, principios, filosofía, ideología y tabúes...
   

Es sabido por todos el desencanto que sufren muchos padres cuando les llega una niña en vez del esperado varón. Una mujer que no podrá perpetuar el apellido paterno, un nuevo dolor de cabeza, un "himen" más que cuidar. Un ser que crecerá y tendrá que desempeñarse como hija, hermana, esposa, madre, trabajadora, profesional... Dando siempre cuenta de sus actos, de los compromisos y responsabilidades asignadas.
Desde pequeñita se le exigirá cuidar a sus hermanos, ayudar a la mamá, ser responsable en sus estudios, mantener el orden y el cuidado de la casa. Se le preparará para que cuando sea mayor atienda adecuadamente al marido y a los hombres del hogar... No se le permitirán las mismas libertades que al varón; y se le exigirá mucho más que a ellos.
Se le llamará la atención por sus comportamientos  inadecuados: "No te sientes así", "compórtate como una niña (sé sumisa, complaciente, dependiente...). Consciente o inconscientemente se va formando a la mujer para que viva en función del varón.
Ciertamente esto  poco  a poco  ha ido  cambiando, inclusive caemos en el polo contrario,  encontrándonos con la mujer "emancipada" que asume los comportamientos y actitudes que le criticaba al hombre, algo así como el  "ahora me toca  a mí", una especie de revancha de poder y el tener haciendo que el ser y sentir queden relegados, para no aparecer  débiles, vulnerables. ¿El resultado? Soledad, tristeza, vacío… porque si algo nos acerca y vincula es precisamente nuestra vulnerabilidad, la capacidad de sentirnos en momentos débiles para solicitar el apoyo requerido y esto es válido tanto  para los hombres como para las mujeres   

La feminización de la violencia
Anualmente cerca de 120 mil adolescentes se convierten en madres, sin tener la condiciones adecuadas y sufriendo todo tipo de hostilidades. Se le responsabiliza de la situación eximiendo a su pareja de lo acontecido.


La violencia intrafamiliar afecta mayormente a las niñas y a las adolescentes, mientras que la masculina está más asociada al uso de la fuerza  y actividades al margen de la ley.
Según el  Cicpc, 94,65% de los casos de violencia sexual afectan al sexo femenino. Un mayor número de desapariciones ocurre sobre las adolescentes entre los 14 y 17 años. Aunque muchos de estos casos corresponden a problemas familiares, adolescentes que abandonan el hogar huyendo de la violencia o por razones pasionales, no deja de ser un alerta ante la situación de vulnerabilidad y la existencia de redes que fomentan la explotación sexual de adolescentes y jóvenes.  
   

 Los pupitres son utilizados en  igual proporción por los varones y niñas, inclusive el porcentaje de niñas (55,4%) es levemente mayor que el de varones  (54%). Pero  también  hay  menos niñas (6,5%) repitientes que varones (10,1%).  (Memoria y cuenta del MED, año escolar 2003-2004).
   

Según el MSDS, las muertes infantiles afectan en mayor número a los varones (56,7%) que a las niñas (43,0%). Una tendencia que se mantiene a lo largo de los últimos años.
Las diferencias del déficit por sexo indican que los varones presentan un mayor porcentaje de malnutrición que las niñas.
Según el Registro Hemerográfico de Cecodap (2004-2005) mueren más varones (75,9%) por  muertes violentas que niñas (21,5%).

Evaluada por todos y en todo
Existen condicionamientos sociales, como por ejemplo el tener que desempeñar eficientemente diferentes roles, en los cuales la mujer es evaluada por todos  y en todo. Una situación que sobredemanda a la mujer, la hace sentir siempre en deuda  consigo misma y con los demás, sometida constantemente a la evaluación de los hijos, el marido, el jefe, con unos parámetros más drásticos e injustos que los que se le aplican al hombre.
La causa de la mujer, la defensa y promoción de sus derechos, no es tarea nueva; pero sigue siendo una preocupación actual y prioritaria. En la historia, la ciencia, la política, las artes y en todas las áreas del quehacer humano, la mujer ha demostrado su capacidad para desarrollar diferentes roles, con la misma efectividad, compromiso y capacidad del hombre.


(*) educador

 

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