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La aparentemente dicotómica relación feminismo-feminidad
ya no "suena" tanto a contradicción: sin dejar la feminidad
la mujer ejerce un feminismo que no requiere, como en
otros tiempos no tan lejanos, de altavoces o megáfonos;
un feminismo casi solapado, no promulgado, que se expresa
en el quehacer diario, en las rutinas, en los grados y las
posiciones obtenidas, en los cargos que se ocupan. Lo que
parecía una relación insalvable es ahora la complementación
obligada aunque casi siempre se ejerza de manera inconsciente. Magdalena Valdivieso, presidenta del Centro de Estudios de
la Mujer de la Universidad Central de Venezuela (UCV) prefiere
no hablar de "posiciones conquistadas". Al respecto refiere
que "la lucha no es por conquistar espacios sino dejar de
actuar de acuerdo con los mandatos sexistas dominantes".
“Sin dejar la feminidad la mujer ejerce un feminismo que no requiere, como en otros tiempos no tan lejanos, de altavoces o megáfonos; un feminismo casi solapado, no promulgado”
Sin embargo, la especialista reconoce que existe una confrontación
con las tradiciones patriarcales que definen espacios y ámbitos
de acción diferenciados por sexo. "Tampoco los hombres
están cómodos en los roles que les asigna el patriarcado,
pero son los roles dominantes", señala Valdivieso al
tiempo que advierte que no se debe hablar de "la mujer" en
singular, sino de las diversas mujeres igualadas sólo
por la condición de género. "Muchas queremos desarrollarnos integralmente como seres
humanos con necesidades diversas y no tener, en razón
de que nacimos mujer, limitadas las posibilidades. Hay mujeres
que postergan la maternidad, otras no culminan la universidad
o dejan de trabajar. Pero nunca se pregunta qué se siente
cuando se posterga el estudio o se renuncia a un cargo por
atender la casa. Seguimos pensando que el lugar natural
de la mujer es la casa". Allí es cuando el pensamiento feminista le gana espacio
al pensamiento femenino y se plantea la necesidad de generar
mundos libres, en una orientación horizontal con conciencia
de la totalidad y de la individualidad, en la diversidad y
en la singularidad, lo que la activista española Encarnación
Garrido Montero llama "micro-mundos". En un trabajo publicado
en Internet, Garrido señala que "hasta ahora el mundo-hombre
era el más defendido incluso por las mujeres que se han
apartado de su desarrollo individual y personal para ayudar
al otro-hombre en su profesión, en su categoría
y han cedido muchas veces sus derechos para ayudarles a construir
su micro-mundo patriarcal, el nuestro quedaba en segundo plano,
el mundo-mujer se ha construido en la semiclandestinidad".
La socióloga y profesora universitaria de la Universidad
de Los Andes Carmen Teresa García expresa que así
como las mujeres salen al espacio público (al que se
asocia con lo masculino), les corresponde a los hombres
corresponsabilizarse de las tareas domésticas: "En esos
espacios públicos seguimos siendo mujeres, además
llevamos recursos que contribuyen al funcionamiento
de nuestros hogares. En el siglo XXI les corresponde
a los hombres entrar a la casa (al espacio privado) y corresponsabilizarse
con los o las demás integrantes de la familia en los
oficios del hogar (que se asocian a lo femenino), para que
nadie tenga doble o triple jornada de trabajo. De esta forma
nadie hará sacrificios. En este caso forma parte del
derecho de la mujer la decisión de tener o no hijos.
Las mujeres todavía tenemos dos y tres jornadas de trabajo
que nos limitan para participar más políticamente.
Sólo cuando los varones se corresponsabilicen de
las tareas domésticas y la crianza de los hijos, también
las mujeres podremos corresponsabilizarnos de las tareas
políticas en el espacio público". García remata diciendo que "la realidad de las mujeres
tiene mucho que ver con el machismo imperante todavía
en Venezuela y en el mundo". El pensamiento femenino-feminista ha avanzado lo suficiente como para tener claro que la mujer no está en competencia con su contraparte de género. La premisa, por lo menos en el movimiento feminista venezolano, es que la mujer, al igual que el hombre, es una persona con derechos. Tanto hombres como mujeres pueden desarrollar sus capacidades y potencialidades en cualquiera de los espacios que se propongan. "Tenemos que borrarnos de la cabeza que los espacios tienen sexo", acota García antes de aclarar que están conscientes de los estereotipos que existen, "por lo que hay que seguir luchando para erradicar la discriminación dondequiera que se manifieste".
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