El cambio en las conquistas
Las demandas de las mujeres han ido cambiando conforme han ganado espacios
Sara Carolina Díaz
 

El pensamiento femenino abarca tantos temas como espacios ha intentado obtener la mujer en sociedades que arrastran un imaginario patriarcal y a veces machista, sobre todo desde principios del siglo XX, cuando el voto se hizo democrático y comenzaron a proliferar, casi tanto como los hijos, los movimientos feministas en las calles y los libros firmados y promovidos por mujeres. Estos últimos, en forma de novela, poesía y ensayo, sirvieron de auténticas trincheras de una lucha que en ocasiones tenía más efectividad que las mismas protestas. En este sentido la literatura, junto con las artes en general, se convierte además de un medio que da paso a la reflexión, en un tema en sí mismo para el género sexual que nos ocupa.

Pero más allá de la ficción, a medida que la mujer ha  conquistado espacios en los últimos sesenta años, han ido cambiando sus demandas. No sólo los logros sociales son los temas de reflexión, sino que ahora la mirada, que durante mucho tiempo estuvo volcada hacia los demás y más tarde hacia ciertos triunfos sociales, se dirige hacia sí misma y hacia su posición en esa sociedad donde aún existen altos vestigios masculinos.

TAREA PENDIENTE

En la agenda del movimiento feminista venezolano se encuentra lo siguiente:

Alcanzar la paridad y alternabilidad en todos los ámbitos: Es paradójico que un país donde las mujeres han alcanzado un mayor nivel de formación (56% de los egresados de educación superior) todavía no estén ubicadas (paritariamente) en los lugares donde se toman las decisiones y se distribuyen los recursos.

 Erradicar la violencia contra las mujeres: El movimiento feminista aboga por la promulgación de la nueva Ley Orgánica sobre la Violencia contra las Mujeres y la asignación de recursos presupuestarios suficientes para su instrumentación.

 Crear el Ministerio de la Mujer.

 Promover un nuevo Código Penal no sexista.

 

 

La aparentemente dicotómica relación feminismo-feminidad ya no "suena" tanto a contradicción: sin dejar la feminidad la mujer  ejerce un feminismo que no requiere, como en otros tiempos no tan lejanos, de altavoces o megáfonos; un feminismo casi solapado, no promulgado, que se expresa en el quehacer diario, en las rutinas, en los grados y las posiciones obtenidas, en los cargos que se ocupan. Lo que parecía una relación insalvable es ahora la complementación obligada aunque casi siempre se ejerza de manera inconsciente.

Magdalena Valdivieso, presidenta del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad Central de Venezuela (UCV) prefiere no hablar de "posiciones conquistadas". Al respecto refiere que "la lucha no es por conquistar espacios sino dejar de actuar de acuerdo con los mandatos sexistas dominantes".

“Sin dejar la feminidad la mujer ejerce un feminismo que no requiere, como en otros tiempos no tan lejanos, de altavoces o megáfonos; un feminismo casi solapado, no promulgado”

Sin embargo, la especialista reconoce que existe una confrontación con las tradiciones patriarcales que definen espacios y ámbitos de acción diferenciados por sexo. "Tampoco los hombres están cómodos en los roles que les asigna el patriarcado, pero son los roles dominantes", señala Valdivieso al tiempo que advierte que no se debe hablar de "la mujer" en singular, sino de las diversas mujeres igualadas sólo por la condición de género.

"Muchas queremos desarrollarnos integralmente como seres humanos con necesidades diversas y no tener, en razón de que nacimos mujer, limitadas las posibilidades. Hay mujeres que postergan la maternidad, otras no culminan la universidad o dejan de trabajar. Pero nunca se pregunta qué se siente cuando se posterga el estudio o se renuncia a un cargo por atender la casa. Seguimos pensando que el lugar natural  de la mujer es la casa".

Allí es cuando el pensamiento feminista le gana espacio al pensamiento femenino y se plantea la necesidad de generar mundos libres, en una orientación horizontal con conciencia de la totalidad y de la individualidad, en la diversidad y en la singularidad, lo que la activista española Encarnación Garrido Montero llama "micro-mundos". En un trabajo publicado en Internet, Garrido señala que "hasta ahora el mundo-hombre era el más defendido incluso por las mujeres que se han apartado de su desarrollo individual y personal para ayudar al otro-hombre en su profesión, en su categoría y han cedido muchas veces sus derechos para ayudarles a construir su micro-mundo patriarcal, el nuestro quedaba en segundo plano, el mundo-mujer se ha construido en la semiclandestinidad".

La socióloga y profesora universitaria de la Universidad de Los Andes Carmen Teresa García expresa que así como las mujeres salen al espacio público (al que se asocia con lo masculino),  les corresponde a los hombres corresponsabilizarse de las tareas domésticas: "En esos espacios públicos seguimos siendo mujeres, además llevamos recursos que contribuyen al  funcionamiento de nuestros hogares. En el siglo XXI  les corresponde a los hombres entrar a la casa (al espacio privado) y corresponsabilizarse con los o las demás integrantes de la familia en los oficios del hogar (que se asocian a lo femenino), para que nadie tenga doble o triple jornada de trabajo. De esta forma nadie hará sacrificios. En este caso forma parte del derecho de la mujer la decisión de tener o no hijos. Las mujeres todavía tenemos dos y tres jornadas de trabajo que nos limitan para participar  más políticamente.  Sólo cuando  los varones se corresponsabilicen de las tareas domésticas y la crianza de los hijos, también las mujeres podremos corresponsabilizarnos de las  tareas políticas en el espacio público".

García remata diciendo que "la realidad de las mujeres tiene mucho que ver con el machismo imperante todavía en Venezuela y en el mundo".

El pensamiento femenino-feminista ha avanzado lo suficiente como para tener claro que la mujer no está en competencia con su contraparte de género. La premisa, por lo menos en el movimiento feminista venezolano, es que la mujer, al igual que el hombre, es una persona con derechos. Tanto hombres como mujeres pueden desarrollar sus capacidades y potencialidades en cualquiera de los espacios que se propongan. "Tenemos que borrarnos de la cabeza que los espacios tienen sexo", acota García antes de aclarar que están conscientes de los estereotipos que existen, "por lo que hay que seguir luchando para  erradicar la discriminación dondequiera que se manifieste".

 


PLANETA FEMENINO | POBLACION FEMENINA EN VENEZUELA

50,5%
de la población venezolana está compuesta por mujeres, según el Censo de la Población y Vivienda de 2001.

 

55,2%
es la tasa de actividad económica de las mujeres en el país (2003). Sólo en 1990 la tasa era de 35,6%.

 

35%
de las mujeres económicamente activas trabajan en el sector informal, mientras que sólo  28,2% de los hombres lo hacen.


76,4
años es el promedio de vida de las mujeres en Venezuela.
18% de los 167 escaños de la Asamblea Nacional son ocupados por mujeres

Elizabeth Fuentes
Lejos de Sísifo

Periodista venezolana. Fue redactora en el Bloque de Armas, El Nacional, El Diario de Caracas. Fue coordinadora del magazine dominical Feriado. Fundadora y jefa de información de la revista Primicia. Debuta en el periodismo de opinión con la columna "Vamos a dale", publicada en Tal Cual y, desde julio de 2003, escribe también en el portal descifrado.com.

 ¿Cómo ve el ascenso de la mujer a puestos de poder?
El caso del periodismo es atípico  porque se trata de una profesión "tomada" por las mujeres, lo cual, por pura deducción matemática, ha llevado a muchas de nosotras a ocupar cargos de relevancia tarde o temprano.
 

¿Cómo siente que es el trato de sus colegas masculinos?
De iguales, la verdad. Y lo atribuyo a que el medio periodístico es bastante libre pensador debido, quizás, a la necesidad que tenemos de estar bien informados. Y también porque las mujeres periodistas pisamos fuerte a la hora de exigir un tratamiento igualitario.

 Un consejo.
Que lean, que aprendan, que se preparen antes de cada entrevista, de cada pauta,  porque la formación que se imparte en las universidades las lanza a la calle con muy pocas herramientas.

¿Tiene tiempo para las labores del hogar?
¡No! Y ni que tuviera tiempo las realizaría. Las labores domésticas son una reproducción casera del mito de Sísifo: un esfuerzo interminable e infinito que nadie en este mundo agradece.

¿Arrepentimientos?
No haber visitado Berlín durante los días de la caída del Muro. Lo planificamos un grupo de periodistas, entonces corresponsales de Venpres en el exterior, pero no lo hicimos.

 ¿Alguna vez quiso darse por vencida?
Nunca. Soy mas bien del tipo "cuchillito de palo", que poco a poco logra lo que quiere.

Debilidades de mujer.
Ir frecuentemente a la peluquería es para mí un derecho humano: lo uso para relajarme y por eso detesto cuando me empiezan a hablar de política, pues justo en ese momento mi mortificación fundamental es que no me corten el cabello más de lo debido.

 ¿Envidia a los hombres?
Sí, por abrir facilito una botella de champaña. Cada vez que lo logro, me siento francamente superior. En cuanto a lo emocional, poder discutir sin llorar. ¿Cómo pueden?

 ¿Somos superiores a ellos?
Pues sí. Somos poliorgásmicas y nos embarazamos (no necesariamente en ese orden), asunto donde no hay manera de que compitamos porque hoy día ni siquiera se necesita de un hombre para lograr ambas cosas.

 

 
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