Aún es pronto para afirmar que los cambios en esta área sean realmente sustanciales
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Elvia Gómez
Activista por la reforma del Código Civil venezolano
en pleno auge de los movimientos feministas europeos en la
década de los setenta, la socióloga María Sol
Pérez Schael cree que, treinta años después,
las cosas para la mujer en Venezuela no han cambiado sustancialmente
y que el acceso real al poder y a la toma de decisiones trascendentes
sigue en la agenda pública como un punto pendiente.
En términos generales, a escala mundial, la profesora
Pérez Schael opina que "en el ejercicio del poder institucional,
que es la capacidad para acceder a puestos de comando, ahí
el camino ha sido un poco más difícil, pero también
estamos viendo a finales del siglo XX y en este siglo la presencia
de las mujeres hasta en la Presidencia de los países";
pero acota que aún queda mucha tela que cortar hasta
definir si efectivamente la mujer accede al poder por mérito
propio.
Basada en la experiencia de coordinar años atrás
un estudio sociológico para la Universidad Central de
Venezuela (UCV) en zonas marginales, advierte que sólo
en la dimensión subjetiva de la clase media la mujer
ha ganado mayor sensación de libertad para tomar decisiones
en el ámbito de su vida personal sin tanto miedo.
"La conquista del poder femenino en el campo de las relaciones
interpersonales se traduce en la incorporación del hombre
con la asunción de ciertas responsabilidades de
las cuales estaba excluido o desinteresado, que son las que
tienen que ver con la responsabilidades típicamente femeninas
domésticas: la crianza de los hijos, la manutención
del hogar o las actividades cotidianas".
Por el contrario, en los barrios, donde habita la mayoría
de la población, Pérez dice estar convencida
de que la mujer sigue atrapada en la cultura dominante
que la reduce a ser un instrumento para dar fe mediante la
preñez de que su hombre de turno es un "macho". Esa mujer,
dice, no tiene posibilidad ninguna de decidir sobre la contracepción.
Recuerda que el estudio de campo que cita arrojó datos
sobre la autopercepción de esas mujeres como individuos
que afrontan la vida como una fatalidad y no como un destino
en el que pueden elegir. En esta dinámica la mujer de
los sectores menos favorecidos entra desde la adolescencia
y luego ya no puede salir de ella. Sin embargo, dice que la
escolaridad prolongada tiene una incidencia importante en
cambiar o posponer ese sino.
Tan segura dice estar de que las cosas para las mujeres pobres
en Venezuela no han cambiado que a las pruebas se remite:
si en algo hubieran cambiado y les hubieran llegado
"los avances de la sociedad", esas mujeres "estarían
todas en la calle, tumbando gobierno y acabando con
las instituciones, porque no soportarían vivir como viven".
"No hay ninguna condición de vida que ayude a que la
percepción de sí mismas sea la de un ser íntegro,
autónomo, consciente, responsable y con capacidad para
decir no".
Cuestiona que los sectores que han tenido mejores oportunidades
en la vida, las élites y la clase media, no han sabido
construir una visión que aborde este problema, no desde
la perspectiva moral -"que sería una ridiculez"- sino
como un drama que hay que resolver.
Pérez Schael refiere que las estadísticas que hablan
del desempleo en el sector femenino, los niveles bajos de
educación, el embarazo precoz y el matricentrismo
en Venezuela son una evidencia incontrovertible de que esa
es la realidad para la gran mayoría de las mujeres venezolanas.
Falta de ética pública
Pérez Schael lamenta que en el caso de Venezuela la
cultura machista y cuartelaria dominante no les ha dado a
las mujeres la prioridad como para que se conviertan en el
foco de atención de las políticas públicas.
"Pero no se trata de darles el dinero de una beca o una misión,
sino darles el recurso para que sean autónomas y para
que puedan percibirse en relación con los hombres en
un plano de igualdad y no meramente como presas de un problema
simbólico del hombre que exige que su simiente dé
fruto".
Insiste en que se trata de un problema de ausencia de ética
pública, entendida esta como "el juicio que públicamente
podemos considerar valioso en una sociedad y esto se convierte
en un valor orientador de comportamientos morales", mientras
que la moral la define como "los valores y las creencias que
uno como ser humano tiene en el universo de su vida personal
y privada".
La profesora admite ser "pesimista" al analizar el tema del
papel de la mujer y cree que faltan siglos por sumarse a los
otros tantos que han transcurrido en la evolución del
tema. Confiesa tener siempre presente una pregunta para la
que aún no tiene respuesta: ¿Los espacios que las
mujeres ganan en forma más sistemática en los espacios
públicos es porque las mujeres se los han ganado o es
porque los hombres han cedido esos espacios para dedicarse
a otros?
"Cuando empecé a ver en las universidades que aparecían
decanas y candidatas a rectoras me pregunté si eso se
explicaba ¿porque las mujeres adquirían poder o
porque las universidades perdían poder? Y cita profesiones
y oficios que en las últimas décadas han sido copados
por las mujeres.
"¿Dónde están los hombres?", se pregunta
y se responde: "Quizás los hombres van a terminar en
los lados del terrorismo y de la guerra. A mí me
da mucha curiosidad saber eso, para poder decir con plena
convicción que las mujeres de verdad han adquirido poder.
En el ámbito personal sí hay una situación
radicalmente distinta, pero en el espacio público está
por verse. Yo tengo ese enigma".
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