Cambios de conejo y otros de tortuga
Las transformaciones sociales no ocurren todas a la misma velocidad
Patricia Marquez
 

El siglo XX se caracterizó por grandes transformaciones. Las oportunidades para las mujeres en la esfera pública son ejemplo de ello. Para minimizar abstracciones, pienso en mi abuela paterna, quien nació en 1913 en la Caracas de techos rojos. Era la mayor de tres hermanas con una gran agudeza intelectual. Sin embargo, nunca fue al colegio y, por el contrario, fue educada por tutores en su casa. Otra generación fue la de mi mamá, nacida también en Caracas en 1943. Se casó a los 21 años y después de tener tres hijas ingresó a la Universidad Católica Andrés Bello para graduarse de economista. En mi generación, no había dudas de que después del colegio seguía la universidad y una trayectoria profesional.

Midiendo el pulso

 Para julio de 2005, según cifras del Instituto Nacional de Estadística, la fuerza de trabajo femenina en una población desde los 15 años y más era de 9.079.388 mujeres.

 De este número, la Tasa de Actividad correspondía a un 51,2 por ciento, es decir, 4.646.850 mujeres, para un porcentaje de 85,8 de ocupación, frente a un 88,4 en el caso de la población masculina.

 3.989.029 correspondía al número de mujeres ocupadas para esa fecha; y 657.821 mujeres se encontraban desocupadas. Así la tasa de desocupación correspondía a 14,2 por ciento. Frente a ello, Si se miran los totales sumando grupos de hombres y mujeres,  para ese período la Tasa de desocupación era de 12,6 %. Es decir, inferior a la mostrada en el caso exclusivo de las mujeres.

 

 

En Venezuela son muchos los avances en igualdad de género. Incluso en el plano educativo, las mujeres han alcanzado mayor tasa de escolaridad que sus compañeros masculinos, sobre todo en los niveles primario y secundario. Su inserción en el campo laboral también muestra que el papel que desempeña la mujer de hoy es muy diferente al de dos generaciones atrás. Según los datos de la Cepal, la tasa de participación de las mujeres en el mercado de trabajo en zonas urbanas creció en el país de 38% en 1990 a 48% en 1999, situación muy similar a otros países como Argentina (47%) y Costa Rica (45%), aunque por debajo de Brasil (53%), Colombia (55%) y Ecuador (54%).

La pregunta que nos hacemos anualmente a propósito del Día de la Mujer es si todos estos cambios en educación y participación laboral la equiparan con sus pares masculinos en cuanto a ocupar cargos de envergadura, salario y posibilidades de avance en el campo profesional. ¿Están las mujeres venezolanas, con el mismo nivel educativo que los hombres, en igualdad de condiciones en el plano profesional? Las pruebas señalan que aún hay camino por recorrer.

En investigaciones realizadas con mi colega Nelly Lejter sobre hombres y mujeres en la gerencia venezolana, y de manera consistente con los estudios de género y empleo en Latinoamérica, hemos encontrado que las mujeres tienden a ganar menos que los hombres. La Encuesta de Hogares indica que para el primer semestre de 2001 los hombres que trabajan en el sector formal ganaban 16% más que las mujeres, y los que lo hacían en el sector informal ganaban 28% por encima. Y, por paradójico que parezca, mientras mayor es el nivel educativo de las mujeres mayor es la brecha salarial. Según datos de la Cepal, en 1999 las mujeres con 13 años o más de educación ganaban 74% de los ingresos de sus colegas masculinos. ¿Acaso hacen los hombres algo distinto que amerite esa diferencia salarial?

Una explicación parcial es que las transformaciones no ocurren todas a la misma velocidad. Diversos estudios revelan que las expectativas sobre el papel de las mujeres en el plano familiar no han cambiado a la par de lo que hoy se espera en relación con su educación y desarrollo profesional.Tampoco han cambiado al mismo ritmo las expectativas que pesan sobre los hombres como profesionales e integrantes de familias. También persisten prácticas que desfavorecen a la mujer en organizaciones en las que los hombres continúan siendo los jefes.

Un ejemplo que refleja lo lento que puede ser el cambio es la composición de las juntas directivas de empresas en el mundo, en las que la presencia de la mujer sigue siendo escasa. En Venezuela, los datos recopilados por el profesor del IESA Maximiliano González sobre la composición de juntas directivas de 44 empresas (1984-2000), indican que más de la mitad de las empresas jamás ha tenido una mujer en su junta. Alrededor de un tercio de las empresas han tenido de una a dos mujeres, mientras que tan sólo 7% han incluido más de tres mujeres. A pesar de todos los cambios, ¿cómo se explica la ausencia de mujeres? ¿Qué más debe cambiar para que exista igualdad de condiciones entre hombres y mujeres?

La investigadora Sylvia Maxfield analizó un conjunto de iniciativas diseñadas para promover la diversidad, llevadas a cabo por grandes empresas (las conocidas como Fortune 100) que operan en América Latina. Los programas de estas empresas desarrollan algunos de los siguientes componentes: 1) lograr que se comprenda el valor que la diversidad (principalmente la presencia de mujeres) genera para el negocio; 2) aumentar el número de mujeres en cargos gerenciales; 3) desarrollar en las mujeres ciertas habilidades específicas mediante programas de entrenamiento; 4) cambiar la cultura empresarial en la que consciente o inconscientemente persisten prácticas que diferencian por género. En parte, las iniciativas buscan debilitar las barreras que limitan el avance profesional de las mujeres. Por ejemplo, para las mujeres con hijos, la empresa "tradicional" no fue diseñada para brindar apoyo suficiente en el balance trabajo-familia, sin que esto afecte su avance en la empresa. No obstante, hoy grandes empresas como IBM y Procter & Gamble ofrecen una variedad de esquemas de trabajo, acompañados de cambios de cultura en que la flexibilidad de horario no se confunde con menor eficiencia. Aunque esto es una excelente señal, no puede decirse que ocurre en la mayoría de las empresas.

Los resultados de lo que se viene haciendo no son todos inmediatos, pero se observan suficientes cambios para ser optimistas. Más allá de los números, la igualdad de género en las organizaciones se verá reflejada en las caras de las ejecutivas de las nuevas generaciones, que no sentirán que deben trabajar el doble que los hombres para ser reconocidas. Tampoco sentirán que el costo de asumir retos y responsabilidades es demasiado alto. Serán los tiempos en que una ejecutiva asertiva y que muestre confianza en sí misma no sea tildada de "cuaima", sino reconocida públicamente como un modelo (si realmente lo es). Para ella, ser la única mujer (o de las pocas) en una sala definitivamente será un tema del pasado.

(*)  Profesora del Centro de Liderazgo
 y Organizaciones del IESA


PLANETA FEMENINO | REPRESION FEMENINA SIN FRONTERAS

Preocupación
 Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada, obligada a realizar un acto sexual o abusada por alguien que conoce, indicó el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (Unifem).


Medidas
En 2002, el Consejo de Europa declaró la violencia contra la mujer una "emergencia sanitaria pública", luego de que se convirtiera en la primera causa de muerte de las féminas entre 16 y 44 años.


Extremos
La mitad de las mujeres que mueren en homicidios son asesinadas por sus ex esposos o parejas, según Unifem. En algunos países islámicos, las mujeres que reportan una violación deben proveer una lista de sospechosos creíbles, si no pueden hacerlo se les acusa de adulterio.

Elena Rojas
La sociedad impone la diferencia

Aclamada violinista y violista venezolana, egresada del Conservatorio Superior de Música Simón Bolívar. También estudió en Queens College, Nueva York. Ha tenido una exitosa carrera como violista de música de cámara y ha dado recitales y conciertos como solista con orquestas. Su última presentación fue en el Carnegie Hall.


¿Cómo ve el ascenso de la mujer a puestos de poder?
En cuanto a los puestos de liderazgos musicales, hoy en día las mujeres cuentan con muchas más oportunidades que hace 50 años. Hoy por hoy, ya no es algo fuera de lo normal ver a una mujer director, concertino o como compositora famosa.

 ¿Hay diferencias en la forma de gerenciar masculina y la femenina?
En lo musical, en realidad no existe diferencia sexual… la diferencia la ha impuesto la sociedad.

 ¿Cómo siente que es el trato de sus colegas masculinos?
Durante mis 27 años en la música, el trato de mis colegas masculinos ha cambiado considerablemente. Hoy por hoy, siento que tengo las mismas oportunidades que cualquier hombre en mi campo.

¿Qué la impulsó a un campo tradicionalmente masculino?
Cuando decidí ser músico, no era consciente de todo esto… yo sólo sabía que para mí tocar un instrumento era mi razón de vida.

 Un consejo.
Que siempre luchen por ser valoradas por su trabajo y no por su aspecto físico.

 ¿Tiene tiempo para las labores del hogar?
Claro que sí… a veces se torna algo caótico, pero a mí me encanta cocinar y pasar tiempo con mi esposo y mis perros. El secreto es organizarse.

 ¿Alguna heroína?
No.

¿Arrepentimientos?
Ahora tengo 35 años, y lo único que lamento es el no haber tenido hijos antes…

¿Alguna vez quiso darse por vencida?
Sí… en más de una ocasión me he preguntado si el camino que decidí tomar era el correcto… pero cuando tomo mi instrumento y soy capaz de conmover a alguien con mi música, recuerdo que por eso decidí ser músico.

Debilidades de mujer.
¡Oh, sí! Aunque no puedo tener las uñas largas por el violín y la viola, me hago una manicure semanal para tener las manos cuidadas.

 ¿Envidia a los hombres?
No, en realidad me encanta que seamos diferentes.

 ¿Somos superiores a ellos?
Muchos consideran que la capacidad de generar vida nos hace superiores a los hombres. Pienso que desempeñamos roles diferentes en la conservación de la especie.

 


 

 

 
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