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Desde que Edelmira cursó los primeros años de la
educación básica, allá a principios de los
años sesenta, la cobertura en educación en el grupo
de las mujeres ha mejorado notablemente. Rosa Paredes, consultora del Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo, explica a través del estudio "Las
mujeres en Venezuela: estrategias para salir de la pobreza"
que "la incorporación de las mujeres a todos los niveles
del sistema educativo, incluidos los niveles medio, técnico
y superior, representa un cambio importante ocurrido en materia
educativa". En 1981, 4,2% de la población femenina había alcanzado el nivel superior de la educación y a principios de siglo esta cifra aumentó hasta 13,7%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, a pesar del mejoramiento en los niveles educativos (en mujeres y hombres), los indicadores reflejan también que la mayoría no ha superado la enseñanza básica, formando alrededor de la mitad de la población. Muchos abandonan los estudios antes de culminar el noveno grado. Más barreras "No me quejo porque gano platica para los chamos",
dice Ivón. "Pero claro, sí me doy cuenta de que
ellos tienen que ir a la escuela, que no pueden estar aquí
todo el tiempo. Johnny ha ido a la escuela pero este año
lo saqué porque no podía ir a buscarlo en las tardes.
Yo le trato de enseñar algunas cosas, pero eso no es
lo ideal. No quiero pensar todavía qué voy a hacer
con Karina". La dificultad de acceder al mercado laboral formal es uno
de los obstáculos más importantes que deben superar
las mujeres venezolanas del siglo XXI. En los años setenta,
una de cuatro mujeres accedía al mercado de trabajo formal,
mientras que para 2001 la cifra había mejorado a una
de cada dos mujeres. A pesar de ello, Rosa Paredes asegura
que "el desempleo, que durante un largo período fue un
fenómeno que afectó principalmente a la mano de
obra masculina, desde la década de los noventa afecta
en mayor medida a las mujeres". El mercado informal, sin embargo, está dispuesto a recibir
a aquellas mujeres que no consiguen un empleo de quince y
último. Entre 1974 y 1981 el promedio de participación
de mujeres en este sector creció a una tasa anual de
6,6%, mientras que partir de 1990 el incremento está
cercano a 8%. Está claro que en cualquiera de los ámbitos formales en los que se desempeñen, las mujeres reciben una remuneración promedio 20% menor que los hombres, con una tendencia a ampliarse esta brecha. Si la lupa se pone en el sector informal, la remuneración es 40% menor. Un poco de conciencia "La vida está difícil. Tengo dos hijos y quiero
darles buenas cosas, por eso no voy a tener más chamos.
Sé que uno dice eso y la gente no le cree, menos a mi
edad. Pero es cierto, me ligué. No quiero tener otro
y que el padre me deje como lo hicieron los otros dos", explica
Ivón. En medio de estadísticas no del todo alentadoras surgen indicadores que evidencian importantes avances. Según los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística, entre 1971 y 1999 la tasa global de fecundidad disminuyó de 5,32 hijos por mujer a 2,88 hijos, es decir se ha reducido el promedio de hijos que tiene cada mujer en 46%. Aunque esta disminución no es tan significativa en las adolescentes, es un indicador de posibles mejoras en la atención a los niños dentro del hogar y en la capacidad de las familias para brindar educación a sus hijos y de este modo superar la pobreza. Compromiso generalizado La realidad de la mujer venezolana es una mezcla de avances
y retrocesos. Ante esta situación, Paredes asegura que
es evidente que "los esfuerzos desarrollados por la población
femenina y los desplegados por las políticas públicas
no han sido suficientes para disminuir las inequidades. Como
consecuencia de estas inequidades, se puede afirmar que las
mujeres constituyen el sector más pobre entre los pobres". Pese a esta percepción, existen estrategias para superar
el problema. Parten de un mayor esfuerzo del sector público
en la aplicación de políticas sociales, y un mayor
aporte empresarial en la generación de empleo bien remunerado
para este grupo. Se espera además por el compromiso de
la sociedad en el reconocimiento de los derechos adquiridos
por las mujeres venezolanas. "A mí me crió una mujer, y siento que me ha dado lo que necesito para brindarles a mis hijos una vida mejor que la que tengo. Sólo espero eso". |



