En medio de la urbe, Edelmira Perdomo sólo espera que su hija y nietos cuenten con más oportunidades
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Raquel Barreiro
Las mujeres venezolanas han logrado avances en materia educativa
y han tomado conciencia sobre su comportamiento reproductivo,
pero se siguen enfrentando a un mercado que prefiere dar empleo
a los hombres y pagarles mucho más, lo que les dificulta
superar los límites de la pobreza.
"Sé que soy pobre, y bueno, así vivo. La plata
no me alcanza y me la paso de sacrificio en sacrificio, pero
¿qué más le vamos a hacer?.. Ahora, para mi
hija y mis dos nietos, espero algo mejor. Me imagino que sí,
porque el mundo avanza y ahora las cosas son mejor que antes".
Edelmira Perdomo trabaja como empleada de limpieza en una
institución universitaria, asegura estar conforme con
eso, pues sólo llegó a tercer grado en la escuela
de Zea donde se crió. Vive en Los Mecedores de Catia,
en un "ranchito" propio, y ayuda en la manutención de
sus nietos.
Desde que Edelmira cursó los primeros años de la
educación básica, allá a principios de los
años sesenta, la cobertura en educación en el grupo
de las mujeres ha mejorado notablemente.
Rosa Paredes, consultora del Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo, explica a través del estudio "Las
mujeres en Venezuela: estrategias para salir de la pobreza"
que "la incorporación de las mujeres a todos los niveles
del sistema educativo, incluidos los niveles medio, técnico
y superior, representa un cambio importante ocurrido en materia
educativa".
En 1981, 4,2% de la población femenina había alcanzado
el nivel superior de la educación y a principios de siglo
esta cifra aumentó hasta 13,7%, según los datos
del Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, a
pesar del mejoramiento en los niveles educativos (en mujeres
y hombres), los indicadores reflejan también que la mayoría
no ha superado la enseñanza básica, formando alrededor
de la mitad de la población. Muchos abandonan los estudios
antes de culminar el noveno grado.
Más barreras
Con grandes esfuerzos Edelmira logró que Ivón,
su hija, completara la educación diversificada, para
que tuviera más oportunidades que las que ella tuvo.
Sin embargo, la realidad es otra. Con 22 años Ivón
ya tiene dos niños, Johnny, de cinco años y Karina,
de tres años, quienes la acompañan diariamente al
puesto de ropa que atiende en la avenida Baralt, y que representa
el sustento de este hogar sin figura paterna.
Los datos de la Cepal indican que para 2002 48% de
los hogares cuyo jefes son mujeres vivían en situación
de pobreza.
"No me quejo porque gano platica para los chamos",
dice Ivón. "Pero claro, sí me doy cuenta de que
ellos tienen que ir a la escuela, que no pueden estar aquí
todo el tiempo. Johnny ha ido a la escuela pero este año
lo saqué porque no podía ir a buscarlo en las tardes.
Yo le trato de enseñar algunas cosas, pero eso no es
lo ideal. No quiero pensar todavía qué voy a hacer
con Karina".
La dificultad de acceder al mercado laboral formal es uno
de los obstáculos más importantes que deben superar
las mujeres venezolanas del siglo XXI. En los años setenta,
una de cuatro mujeres accedía al mercado de trabajo formal,
mientras que para 2001 la cifra había mejorado a una
de cada dos mujeres. A pesar de ello, Rosa Paredes asegura
que "el desempleo, que durante un largo período fue un
fenómeno que afectó principalmente a la mano de
obra masculina, desde la década de los noventa afecta
en mayor medida a las mujeres".
El mercado informal, sin embargo, está dispuesto a recibir
a aquellas mujeres que no consiguen un empleo de quince y
último. Entre 1974 y 1981 el promedio de participación
de mujeres en este sector creció a una tasa anual de
6,6%, mientras que partir de 1990 el incremento está
cercano a 8%.
Está claro que en cualquiera de los ámbitos formales
en los que se desempeñen, las mujeres reciben una remuneración
promedio 20% menor que los hombres, con una tendencia a ampliarse
esta brecha. Si la lupa se pone en el sector informal, la
remuneración es 40% menor.
Un poco de conciencia
"La vida está difícil. Tengo dos hijos y quiero
darles buenas cosas, por eso no voy a tener más chamos.
Sé que uno dice eso y la gente no le cree, menos a mi
edad. Pero es cierto, me ligué. No quiero tener otro
y que el padre me deje como lo hicieron los otros dos", explica
Ivón.
En medio de estadísticas no del todo alentadoras surgen
indicadores que evidencian importantes avances. Según
los datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística,
entre 1971 y 1999 la tasa global de fecundidad disminuyó
de 5,32 hijos por mujer a 2,88 hijos, es decir se ha reducido
el promedio de hijos que tiene cada mujer en 46%. Aunque esta
disminución no es tan significativa en las adolescentes,
es un indicador de posibles mejoras en la atención a
los niños dentro del hogar y en la capacidad de las familias
para brindar educación a sus hijos y de este modo superar
la pobreza.
Compromiso generalizado
La realidad de la mujer venezolana es una mezcla de avances
y retrocesos. Ante esta situación, Paredes asegura que
es evidente que "los esfuerzos desarrollados por la población
femenina y los desplegados por las políticas públicas
no han sido suficientes para disminuir las inequidades. Como
consecuencia de estas inequidades, se puede afirmar que las
mujeres constituyen el sector más pobre entre los pobres".
Pese a esta percepción, existen estrategias para superar
el problema. Parten de un mayor esfuerzo del sector público
en la aplicación de políticas sociales, y un mayor
aporte empresarial en la generación de empleo bien remunerado
para este grupo. Se espera además por el compromiso de
la sociedad en el reconocimiento de los derechos adquiridos
por las mujeres venezolanas.
"A mí me crió una mujer, y siento que me ha dado
lo que necesito para brindarles a mis hijos una vida mejor
que la que tengo. Sólo espero eso".
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