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"El tema de la equidad ha ganado terreno, pero las mujeres
aún ven disminuido el ejercicio de sus derechos por la
pobreza, la violencia, la marginación, la trata de personas
y los conflictos armados". En síntesis, Latinoamérica
es un reflejo de que la mujer sufre de forma más aguda
que el hombre las consecuencias de los problemas económicos
y sociales. La conferencia expresó una particular preocupación
por la "feminización de la pobreza", cuyo origen radica
en los estereotipos que mantienen a la mujer ligada al trabajo
doméstico, al cuidado de otros y a las tareas reproductivas,
por una parte, y discriminada en el trabajo productivo y remunerado,
por la otra. Desde el punto de vista de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), para solucionar este fenómeno se requiere que las mujeres puedan ejercer sus derechos económicos para lograr autonomía. Alcanzar la igualdad en el mercado laboral, determinar el valor monetario del trabajo doméstico y repartir en forma equitativa las cargas de la labor reproductiva y el cuidado del hogar son algunos de los caminos para llegar a esa meta. Venezuela aún lejos Un minucioso estudio preparado por la Cepal el año pasado,
y titulado "Las metas del milenio y la igualdad de género,
caso Venezuela", revela que los esfuerzos hechos por el Gobierno
en los últimos nueve años no han sido suficientes
para desligar a la mujer del subdesarrollo, a excepción
del tema educativo, en el cual se apreciaron avances considerables
que incluso han llevado a la mujer a mantener una tasa de
escolarización mayor que la del hombre. "La relación de poder sigue siendo asimétrica y
el papel de la mujer continúa restringido al ámbito
familiar, lo cual repercute en menores oportunidades para
acceder a los recursos, así como para participar en la
toma de decisiones". Sobre la pobreza, el informe hizo énfasis en que el
porcentaje de hogares sumidos en la indigencia ha aumentado
y con ellos la cantidad de familias indigentes lideradas por
mujeres. Esto ha derivado en un menor consumo de alimentos
por parte de mujeres que tienden a restringirse en favor de
su pareja o hijos. Las mujeres son 4% más pobres en Venezuela
que los hombres, cifra que se agudiza entre niñas y adultas
mayores de 60 años de edad. Otro de los graves problemas de la mujer venezolana es su
tasa de fecundidad, que aumenta a medida que son más
pobres y con escasa formación. Esto es así pese
a que desean tener una menor cantidad de hijos, hallazgo en
el cual coinciden la Cepal y sondeos realizados por Datanálisis.
Esta última firma sostiene, sin embargo, que la cantidad
promedio de descendientes que tienen las venezolanas se ha
reducido a la mitad y con ello ha aumentado en cinco años
la edad ideal en la cual las mujeres esperan comenzar a tener
niños. La iniciación temprana en la sexualidad -la mitad de las jóvenes menos instruidas comienza antes de los 17 años- y las uniones libres son dos de las causas de la alta fecundidad, así como un menor uso de métodos de planificación familiar por parte de las mujeres más pobres. El saldo de este problema puede llegar a ser desolador: la tasa de fecundidad adolescente se duplica entre las menos instruidas y las más pobres tienen mayor riesgo de morir por causas relativas al parto y al embarazo. Menos espacios Las venezolanas aportan 51% del trabajo mercantil, pero siguen
asumiendo 99% de la labor doméstica que, al no ser remunerada,
incide en su nivel de pobreza. En 2002, una de cada tres mujeres
se dedicaba principalmente al hogar. "En Venezuela hay ocupaciones típicamente femeninas
y masculinas que involucran distintas jerarquías y remuneraciones",
de hecho, la proporción de mujeres ocupadas en sectores
de baja productividad es ligeramente superior a la de los
hombres y su sector de influencia se concentra mayormente
en las áreas de comercio y servicios, con escasa representación
entre los microempresarios. En resumen, la educación no tiene el mismo retorno económico
para las mujeres. Si bien es cierto que las niñas venezolanas
tienen un mejor índice escolar, esto generalmente no
se ve compensado con mayores y mejores oportunidades en el
campo laboral y otras esferas económicas, sociales y
políticas. "La igualdad educativa no ha permitido alcanzar equidad en
la distribución del trabajo doméstico, oportunidades
laborales, acceso a puestos de jerarquía, remuneraciones,
participación política, propiedad y decisión
sobre el uso de los recursos, pues esa igualdad educativa
se ha dado en el marco de profundas y crecientes desigualdades
económicas y sociales que reproducen el modelo de desarrollo
de las sociedades latinoamericanas". |



