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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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La marca en la espiral del subdesarrollo

Las mujeres sufren en forma más aguda las consecuencias de problemas los económicos y sociales

“Las venezolanas aportan 51% del trabajo mercantil, pero siguen asumiendo 99% de la labor doméstica que, al no ser remunerada, incide en su nivel de pobreza”
  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  02:10 PM

Marianna Párraga *

Levanta el día y una multitud de mujeres venezolanas sale a la calle a bregar. Las niñas van al colegio, muchas jóvenes a la universidad y una enorme cantidad de adultas a ocupar diversos puestos de trabajo. A simple vista, pareciera que existen espacios de igual tamaño para ambos sexos, pero mientras en las naciones desarrolladas las oportunidades germinan con facilidad, en los países que no han logrado serlo las opciones hay que sudarlas.


La Novena Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, celebrada en junio de 2004 en México, ofreció un balance positivo sobre los logros de los últimos 30 años en relación con la igualdad de género en la región, pero advirtió que queda un largo trecho por recorrer.


"El tema de la equidad ha ganado terreno, pero las mujeres aún ven disminuido el ejercicio de sus derechos por la pobreza, la violencia, la marginación, la trata de personas y los conflictos armados". En síntesis, Latinoamérica es un reflejo de que la mujer sufre de forma más aguda que el hombre las consecuencias de los problemas económicos y sociales.


La conferencia expresó una particular preocupación por la "feminización de la pobreza", cuyo origen radica en los estereotipos que mantienen a la mujer ligada al trabajo doméstico, al cuidado de otros y a las tareas reproductivas, por una parte, y discriminada en el trabajo productivo y remunerado, por la otra.


Desde el punto de vista de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), para solucionar este fenómeno se requiere que las mujeres puedan ejercer sus derechos económicos para lograr autonomía. Alcanzar la igualdad en el mercado laboral, determinar el valor monetario del trabajo doméstico y repartir en forma equitativa las cargas de la labor reproductiva y el cuidado del hogar son algunos de los caminos para llegar a esa meta.

Venezuela aún lejos


Un minucioso estudio preparado por la Cepal el año pasado, y titulado "Las metas del milenio y la igualdad de género, caso Venezuela", revela que los esfuerzos hechos por el Gobierno en los últimos nueve años no han sido suficientes para desligar a la mujer del subdesarrollo, a excepción del tema educativo, en el cual se apreciaron avances considerables que incluso han llevado a la mujer a mantener una tasa de escolarización mayor que la del hombre.


"La relación de poder sigue siendo asimétrica y el papel de la mujer continúa restringido al ámbito familiar, lo cual repercute en menores oportunidades para acceder a los recursos, así como para participar en la toma de decisiones".


Sobre la pobreza, el informe hizo énfasis en que el porcentaje de hogares sumidos en la indigencia ha aumentado y con ellos la cantidad de familias indigentes lideradas por mujeres. Esto ha derivado en un menor consumo de alimentos por parte de mujeres que tienden a restringirse en favor de su pareja o hijos. Las mujeres son 4% más pobres en Venezuela que los hombres, cifra que se agudiza entre niñas y adultas mayores de 60 años de edad.


Otro de los graves problemas de la mujer venezolana es su tasa de fecundidad, que aumenta a medida que son más pobres y con escasa formación. Esto es así pese a que desean tener una menor cantidad de hijos, hallazgo en el cual coinciden la Cepal y sondeos realizados por Datanálisis. Esta última firma sostiene, sin embargo, que la cantidad promedio de descendientes que tienen las venezolanas se ha reducido a la mitad y con ello ha aumentado en cinco años la edad ideal en la cual las mujeres esperan comenzar a tener niños.


La iniciación temprana en la sexualidad -la mitad de las jóvenes menos instruidas comienza antes de los 17 años- y las uniones libres son dos de las causas de la alta fecundidad, así como un menor uso de métodos de planificación familiar por parte de las mujeres más pobres. El saldo de este problema puede llegar a ser desolador: la tasa de fecundidad adolescente se duplica entre las menos instruidas y las más pobres tienen mayor riesgo de morir por causas relativas al parto y al embarazo.

Menos espacios


Las venezolanas aportan 51% del trabajo mercantil, pero siguen asumiendo 99% de la labor doméstica que, al no ser remunerada, incide en su nivel de pobreza. En 2002, una de cada tres mujeres se dedicaba principalmente al hogar.
Entre 1997 y 2002 las féminas elevaron de 46 a 55% su participación en la actividad económica, pero entre las que están en situación de pobreza el avance ha sido inferior, al no disponer de soluciones para atender el hogar.


"En Venezuela hay ocupaciones típicamente femeninas y masculinas que involucran distintas jerarquías y remuneraciones", de hecho, la proporción de mujeres ocupadas en sectores de baja productividad es ligeramente superior a la de los hombres y su sector de influencia se concentra mayormente en las áreas de comercio y servicios, con escasa representación entre los microempresarios.


En resumen, la educación no tiene el mismo retorno económico para las mujeres. Si bien es cierto que las niñas venezolanas tienen un mejor índice escolar, esto generalmente no se ve compensado con mayores y mejores oportunidades en el campo laboral y otras esferas económicas, sociales y políticas.


"La igualdad educativa no ha permitido alcanzar equidad en la distribución del trabajo doméstico, oportunidades laborales, acceso a puestos de jerarquía, remuneraciones, participación política, propiedad y decisión sobre el uso de los recursos, pues esa igualdad educativa se ha dado en el marco de profundas y crecientes desigualdades económicas y sociales que reproducen el modelo de desarrollo de las sociedades latinoamericanas".


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