Las mujeres sufren en forma más aguda las consecuencias de problemas los económicos y sociales
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Marianna Párraga *
Levanta el día y una multitud de mujeres venezolanas
sale a la calle a bregar. Las niñas van al colegio, muchas
jóvenes a la universidad y una enorme cantidad de adultas
a ocupar diversos puestos de trabajo. A simple vista, pareciera
que existen espacios de igual tamaño para ambos sexos,
pero mientras en las naciones desarrolladas las oportunidades
germinan con facilidad, en los países que no han logrado
serlo las opciones hay que sudarlas.
La Novena Conferencia Regional sobre la Mujer de América
Latina y el Caribe, celebrada en junio de 2004 en México,
ofreció un balance positivo sobre los logros de los últimos
30 años en relación con la igualdad de género
en la región, pero advirtió que queda un largo trecho
por recorrer.
"El tema de la equidad ha ganado terreno, pero las mujeres
aún ven disminuido el ejercicio de sus derechos por la
pobreza, la violencia, la marginación, la trata de personas
y los conflictos armados". En síntesis, Latinoamérica
es un reflejo de que la mujer sufre de forma más aguda
que el hombre las consecuencias de los problemas económicos
y sociales.
La conferencia expresó una particular preocupación
por la "feminización de la pobreza", cuyo origen radica
en los estereotipos que mantienen a la mujer ligada al trabajo
doméstico, al cuidado de otros y a las tareas reproductivas,
por una parte, y discriminada en el trabajo productivo y remunerado,
por la otra.
Desde el punto de vista de la Comisión Económica
para América Latina (Cepal), para solucionar este fenómeno
se requiere que las mujeres puedan ejercer sus derechos económicos
para lograr autonomía. Alcanzar la igualdad en el mercado
laboral, determinar el valor monetario del trabajo doméstico
y repartir en forma equitativa las cargas de la labor reproductiva
y el cuidado del hogar son algunos de los caminos para llegar
a esa meta.
Venezuela aún lejos
Un minucioso estudio preparado por la Cepal el año pasado,
y titulado "Las metas del milenio y la igualdad de género,
caso Venezuela", revela que los esfuerzos hechos por el Gobierno
en los últimos nueve años no han sido suficientes
para desligar a la mujer del subdesarrollo, a excepción
del tema educativo, en el cual se apreciaron avances considerables
que incluso han llevado a la mujer a mantener una tasa de
escolarización mayor que la del hombre.
"La relación de poder sigue siendo asimétrica y
el papel de la mujer continúa restringido al ámbito
familiar, lo cual repercute en menores oportunidades para
acceder a los recursos, así como para participar en la
toma de decisiones".
Sobre la pobreza, el informe hizo énfasis en que el
porcentaje de hogares sumidos en la indigencia ha aumentado
y con ellos la cantidad de familias indigentes lideradas por
mujeres. Esto ha derivado en un menor consumo de alimentos
por parte de mujeres que tienden a restringirse en favor de
su pareja o hijos. Las mujeres son 4% más pobres en Venezuela
que los hombres, cifra que se agudiza entre niñas y adultas
mayores de 60 años de edad.
Otro de los graves problemas de la mujer venezolana es su
tasa de fecundidad, que aumenta a medida que son más
pobres y con escasa formación. Esto es así pese
a que desean tener una menor cantidad de hijos, hallazgo en
el cual coinciden la Cepal y sondeos realizados por Datanálisis.
Esta última firma sostiene, sin embargo, que la cantidad
promedio de descendientes que tienen las venezolanas se ha
reducido a la mitad y con ello ha aumentado en cinco años
la edad ideal en la cual las mujeres esperan comenzar a tener
niños.
La iniciación temprana en la sexualidad -la mitad de
las jóvenes menos instruidas comienza antes de los 17
años- y las uniones libres son dos de las causas de la
alta fecundidad, así como un menor uso de métodos
de planificación familiar por parte de las mujeres más
pobres. El saldo de este problema puede llegar a ser desolador:
la tasa de fecundidad adolescente se duplica entre las menos
instruidas y las más pobres tienen mayor riesgo de morir
por causas relativas al parto y al embarazo.
Menos espacios
Las venezolanas aportan 51% del trabajo mercantil, pero siguen
asumiendo 99% de la labor doméstica que, al no ser remunerada,
incide en su nivel de pobreza. En 2002, una de cada tres mujeres
se dedicaba principalmente al hogar.
Entre 1997 y 2002 las féminas elevaron de 46 a 55% su
participación en la actividad económica, pero entre
las que están en situación de pobreza el avance
ha sido inferior, al no disponer de soluciones para atender
el hogar.
"En Venezuela hay ocupaciones típicamente femeninas
y masculinas que involucran distintas jerarquías y remuneraciones",
de hecho, la proporción de mujeres ocupadas en sectores
de baja productividad es ligeramente superior a la de los
hombres y su sector de influencia se concentra mayormente
en las áreas de comercio y servicios, con escasa representación
entre los microempresarios.
En resumen, la educación no tiene el mismo retorno económico
para las mujeres. Si bien es cierto que las niñas venezolanas
tienen un mejor índice escolar, esto generalmente no
se ve compensado con mayores y mejores oportunidades en el
campo laboral y otras esferas económicas, sociales y
políticas.
"La igualdad educativa no ha permitido alcanzar equidad en
la distribución del trabajo doméstico, oportunidades
laborales, acceso a puestos de jerarquía, remuneraciones,
participación política, propiedad y decisión
sobre el uso de los recursos, pues esa igualdad educativa
se ha dado en el marco de profundas y crecientes desigualdades
económicas y sociales que reproducen el modelo de desarrollo
de las sociedades latinoamericanas".
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