Las diferencias existen, y dentro ellas guardan un profundo mundo lleno de ideas
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Jose Luis Uzcátegui*
"Lo eterno femenino nos atrae a lo alto".
Goethe
Nada más disímil a la mente de una mujer que la
mente del hombre; nada más idéntico al cerebro del
hombre que el cerebro de una mujer. Es en esta similitud y
contraste que se sustentan la felicidad, la tragedia
y la vida. En la actualidad la neurociencia precisa que en
organismos complejos como el humano, las operaciones reguladoras
del cerebro dependen de la creación y manipulación
de imágenes mentales (ideas y pensamientos) en el proceso
que denominamos mente.
A inicios del siglo XVI un genial pintor florentino, Leonardo
da Vinci, soñó en el futuro y demostró que
la mente de la mujer contenía un mundo de ideas y pensamientos
totalmente diferentes al de los hombres. Con sólo
asomarse en el salón número siete de la primera
planta del museo del Louvre una ineludible y profunda evidencia
conmociona y sacude. ¡Prueba irrefutable! ¡Testimonio incuestionable!
En el fondo del salón La Mona Lisa, la esposa de Francesco
del Giocondo, convertida en modelo por Da Vinci, deja en la
mente masculina la impronta de su sonrisa misteriosa, indescriptible,
confusa y legendaria. Sacude con su mirada llena de ímpetu,
de hondonada, de inmensidad, además de las insinuaciones
de dos delicadas manos que desnudan y muestran secretos
de la mente femenina.
Y una vez que el visitante se arriesga a mirar a los ojos
a La Gioconda, ésta lo persigue por todos los rincones
del salón, del alma y de su historia. Imagen sin contornos
nítidos difuminada en una especie de neblina lleva al
hombre a una inmersión inevitable de pasión, amor
y maternidad. Claroscuro de mensajes hundidos en contrastes
de luces y sombras desnuda secretos poco comprensibles para
la mente del hombre. Es la diferencia palmaria incitadora
de pensamientos, ideas, motivos e imágenes. ¡Es que la
mujer fue la elección de los dioses para mostrar nítidamente
la mente humana!
Es en esta misma mujer en quien sigue creciendo el drama
apocalíptico de millones de ellas padeciendo estragos
biológicos, psicológicos y sociales. Pobreza, exclusión
y abuso las envuelven en presentes donde no tienen ni el derecho
aunque sea a una pequeña migaja de lo dionisíaco
y apolíneo que necesita para vivir todo humano. Sus mentes
son pisoteadas por la tragedia. Una fatalidad, ya que
la mujer tiene posibilidades de "morir" varias veces. Las
cifras de mortalidad infantil lo demuestran. Cada vez que
le fallece ese hijo a quien durante su estadía uterina
infinidad de veces acarició y soñó con el lenguaje
del alma, una madre muere... Una y mil veces todos los
días en las regiones más pobres del mundo millones
de madres "mueren" varias veces con dolor, sufrimientos y
desdichas.
En el año 1970 la escritora Germaine Creer publicó
un libro que sacudió al mundo, titulado La mujer eunuco.
Fue un libro radical, altisonante, irrespetuoso y provocativo.
Creer proclamó que las mujeres nacían como tales,
pero que su feminidad se "castraba" con el tiempo. Se obligaba
a las mujeres a ignorar la sexualidad y a ocultarla. De esta
manera se convertían en "mujeres eunuco". A menos de
cuatro décadas la realidad de la mujer es más trágica;
el problema básico ya no es la sexualidad. Evidencia
es que a inicios del año 2006, millones de mujeresen
el mundo son esclavas de la mentira, perseguidas por
el terrorismo de la maldad y chantajeadas si confrontan a
los regímenes autocráticos. Sus destinos pretenden
los mandatarios que sean la humillación, la cárcel
o el destierro. En los países subdesarrollados sobran
las evidencias donde el objetivo es liquidar el resplandor
femenino de ideas y pensamientos.
De convertirlas en "mujeres eunuco". ¡Las diferencias
se profundizan! Por un oscuro sortilegio de las psiquis
de los gobernantes, éstos se convierten en inquisidores
de mujeres. Es un holocausto discriminatorio donde fusilan
con hambre, miedo y enfermedades al cerebro femenino. Por
todos los rincones cada día más mujeres son sometidas
a viejas o a remozadas prácticas de colonialismo emocional.
Hambrunas, guerras, cárceles, populismo, falsa venta
de ilusiones y terrorismo psicológico forman parte del
arsenal para atacar los cerebros y las mentes femeninas. Con
frecuencia los cerebros claudican y las mentes se equivocan.
La falta de proteínas y el maltrato físico hacen
tanto daño como las mentiras y promesas quiméricas
de porvenires. El deterioro inmunológico, endocrinológico
y neurobioquímico no solamente se activa por tener escasez
y miseria; también la persecución, el acoso legal
y un porvenir oscuro se convierten en agentes cancerosos para
la mente femenina. Y es en estas circunstancias cuando se
da el milagro. El gran milagro coreado por todas las religiones
y culturas desde épocas milenarias. Se da la maravillosa
coincidencia de la mente de la mujer y del hombre digno y
templado. En un coito interminable dos seres conjugan libertad,
verdad y conciben seres maravillosos como son países
libres y pueblos sanos. Conciben hijos que se enorgullecen
de las mentes de sus madres y sus padres. Conciben gobernantes
que pueden entender axiomas indestructibles como el
de Honoré de Balzac: "Quien sabe gobernar a una mujer
sabe gobernar un Estado".
emocion@cantv.net
(*) Psiquiatra
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