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CARACAS, lunes 24 de abril, 2006 | Actualizado hace
 
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Mujeres en horas pico trepándose en un bus

Pese al legítimo deseo, la venezolana de este joven siglo XXI no ha cambiado tanto como parece

“El lugar de la mujer sigue siendo al frente de su familia y de su casa, aunque ésta sea compartida y alquilada. En cuanto a sus roles o funciones en ese lugar, están derivados de la maternidad”
  NUEVOMEDIA
lunes 24 de abril de 2006  12:25 PM

 Gioconda Espina*

Una aclaratoria previa: género no es sinónimo de sexo. El género implica a los sexos, no es lo mismo que sexo. Género es una relación -desigual e inequitativa por cierto- entre hombres y mujeres. Dado que esta definición rápida de género colocada por las feministas de la igualdad en las agencias internacionales es considerada excluyente por quienes son parte de las diversidades, habría que precisar aquí que, en lugar de género, deberíamos hablar de géneros, para incluir a las relaciones -también desiguales e inequitativas- entre las personas en razón de su sexo, orientación sexual, etnia, edad, pertenencia de clase  y cualquier otra característica que las identifique socialmente.


Hablemos entonces del género en Venezuela, esto es del  lugar y los roles de las venezolanas a comienzos del siglo XXI, que  no  cambiaron tanto como pareciera durante el siglo pasado. Lugar y roles que nunca fueron los mismos para mujeres y hombres en una hipotética arcadia wayúu o warao, como pretenden algunos  desinformados. De hecho, no hay registro alguno que permita decir que hubo un tiempo en que hombres y mujeres tuvieran los mismos derechos en alguna parte. Lo que llamamos civilización ha sido desde el comienzo una desigualdad entre los sexos y esa desigualdad, fundada en las posibilidades de la mujer para  alojar en su cuerpo a su descendencia y luego alimentarla con su propia leche, insiste en sostenerse  hoy día, cuando el planeta está más que suficientemente poblado (aunque ciertamente está mal distribuida esa población mundial) y  la maternidad puede ser elegida, incluso sin pasar por la relación con un hombre (vía adopción, vía alguna de las nuevas tecnologías reproductivas).
 

El  lugar de la mujer sigue siendo al frente de su familia y de su casa, aunque ésta sea compartida y alquilada. En cuanto a  sus roles o funciones en ese lugar, están derivados de la maternidad por la cual se la define como mujer. Como madre, sigue siendo la responsable a diario de  que haya harina pan  en la casa, del agua, del techo de sus hijos y de sus viejos si los tiene vivos. Pero además, y al contrario de las mujeres de la primera mitad del siglo pasado,  cada vez más  han sido obligadas a salir a la calle, porque sencillamente nadie puede mantener un hogar con el sueldo mínimo del compañero o de cualquier otra persona  que trabaje en su grupo familiar. Desde luego, me estoy refiriendo a la mayoría de las venezolanas, es decir, a 80% de los pobres de todos los grados cualquiera sea la escala de medición de la pobreza. No al 20% restante que salimos a trabajar porque lo elegimos o porque ya no es posible sostener la calidad de vida de la familia con lo que la sosteníamos antes.


Es verdad que la doble jornada (administrando el hogar y ganándose un salario)  hoy es más visible y muy respetada, al contrario de lo que pasaba antes del año 58, pero con visibilidad y respeto no se pagan cuentas. Ni  se resuelve ni se compensa  la explotación extrema de las mujeres más pobres de las ciudades grandes del país. Y no se resolverá ni compensará hasta que se instale en la conciencia de cada uno y cada una que el trabajo doméstico sobre el que se monta el trabajo asalariado de todo el grupo familiar no es competencia exclusiva de las mujeres, pues todos los del grupo toman agua y se bañan y comen alimentos que deben lavarse; todos requieren ropa limpia; todos requieren techo para dormir y guarecerse al retorno de la escuela o del trabajo. En la Constitución del 99 se previó en el Art. 88 el pago de una pensión a las amas de casa sin seguridad social alguna que hayan alcanzado la edad de jubilación al frente de su hogar. Ese artículo fue recogido en el Art. 17 de la Ley Orgánica de Seguridad Social de 2002 y por la Ley de Servicios Sociales de 2005, pero falta el decreto para que el beneficio sea otorgado con objetividad y no por simpatía de las beneficiarias con el llamado proceso, que es lo que acaba de decretar el Presidente.  


Una última observación a propósito de la sobrecarga de trabajo de las mujeres más pobres de la mayoría pobre de Venezuela y que no han llegado a la edad de jubilación. A pesar de todo el cansancio y las frustraciones, las mujeres heterosexuales desean ser deseadas por los hombres, así que todas sacan unas horas de la semana para  encajar en  el modelo de mujer deseable que promueven los medios de comunicación a los cuatro vientos. Ellas y ellos son manipulados por el estándar de belleza femenina a la que se someten unas y otros, sólo que en posiciones diferentes: ellos como sujetos deseantes, que eligen (independientemente de que sean feos, gordos, etc); ellas, como objetos del deseo de ellos.


No creo que alguna tenga tiempo para leer las próximas líneas pero igual quiero rendir  homenaje a las mujeres pobres que viven en los cerros de la ciudad, los Valles del Tuy, Barlovento y Vargas pero trabajan en el valle de Caracas. Desde mi balcón frente a la parada,  las veo trepándose a un bus atestado, cargadas de bolsas de mercado. Puedo imaginarme su jornada de trabajo en casa ajena o con un jefe amargado o vendiendo en las calles cuidándose de rateros, policías abusadores, conductores salvajes, lluvias, ventoleras y solazos inclementes, sin saber de los hijos y los viejos y  sin saber con qué van a encontrarse al llegar: una gripe, una nevera vacía, ropa que lavar, otro deslizamiento.  


(*) Gioconda Espina es coordinadora
del Area de Estudios de la Mujer, Faces , UCV


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